2 de Enero de 2018

NÉSTOR NAVA|La edad oscura

El fin de 2017 significó para los venezolanos la culminación de doce meses repletos de tensión, medidas económicas hostiles, desempleo, escasez y sobre todo, lucha constante por sobrevivir a la crisis. No ha sido fácil el camino recorrido, ni mucho menos se vaticina un cambio significativo a favor de los ciudadanos, debido a la falta de planificación en el ámbito económico.

Es patético contemplar cómo un país que se caracterizó en el pasado por ser la fuente de oportunidades laborales para nacionales y foráneos, quien quisiera surgir, solamente tenía que encontrar el empleo de su preferencia, dedicarse en turno completo, administrarse bien y al término de un tiempo podía contar con un plan de ahorro que le diera acceso a una vivienda, vehículo y todos los elementos necesarios para tener una vida digna.

Si algo caracterizaba la denominada cuarta república era eso precisamente, la diversidad de oportunidades económicas, laborales, académicas y personales que se presentaban a diario para quienes decidían emprender un negocio o ejercer una profesión. En estos casi veinte años de “revolución” lo único tangible es el retroceso ¿cuándo en la vida un 24 de diciembre a oscuras? ¿cuándo el 31 de diciembre estuvo plagado de escasez, ausencia de familiares enfermedades a granel y una depresión colectiva?

Todo pareciera indicar que Venezuela está pasando por su propia “Edad Oscura”, plagada de persecuciones, atraso, pobreza, hambre y escasez. La hiperinflación causa estragos a diario, no existe una salida visible, solamente un crecimiento de las dificultades. Esto no es el remake de una serie de Hollywood, se trata de la decadencia de un país que, inexplicablemente, soporta estoicamente cada nuevo desmán de la plaga roja.

El año ha comenzado reeditando un mal que se tenía por superado: el racionamiento eléctrico, no igual que en 2010, cuando había anuncios anticipados de los cortes con su duración estimada, ahora son sin previo aviso ni se tiene idea de la duración. A pesar de las promesas de “controlar la situación antes del 30 de diciembre” la realidad es perfectamente tangible: así como el pernil prometido al pueblo jamás apareció, la oscuridad parece que regresó por un largo rato a los hogares venezolanos.

El 24 de diciembre le tocó a Maracaibo y parte de Caracas, mientras que el 31 de diciembre fue el turno de Valencia, Naguanagua, San Diego, parte de Turmero y algunos caseríos del estado Portuguesa. La fluctuación eléctrica trajo nuevas molestias a los ciudadanos, quienes ahora tendrán que extremar las precauciones para mantener activos sus electrodomésticos, haciendo un esfuerzo para evitar que los mismos sean inutilizados por las variaciones de voltaje.

Un aspecto que llama poderosamente la atención es que esto sucede justo después de la reaparición del ex titular del despacho presidencial para la energía eléctrica, Jesse Chacón Escamillo, quien desde su travesía por Viena no había hecho sentir su presencia en Venezuela. Bastó su regreso para iniciar una nueva etapa de cortes eléctricos. Nuevos cortes, viejas caras.

En la región occidental el problema eléctrico se recrudece por su condición de estado fronterizo, tanto más que Venezuela aún adeuda una multimillonaria suma de billetes verdes a Colombia por concepto de apoyo energético, elemento que agrava aún más la situación, en virtud de la imposibilidad de contar con energía alterna en momentos críticos.

El régimen ha jugado una partida altamente perjudicial para el futuro de la nación, apostando al fracaso sin medir las consecuencias, todo lo hecho obedece a su único interés de permanecer en la cúspide del poder político.

Esta arriesgada apuesta no tiene respaldo, recordemos que el costo es la supervivencia del venezolano, que cada día se ve amenazada con cada nuevo aumento salarial; la puñalada más reciente se produjo el 30 de diciembre, cuando se decretó un incremento del cuarenta por ciento (40%) a partir del primero de enero, además de una modificación en el pago de los tickets de alimentación, con la excusa de combatir “las mafias del efectivo”. La gran interrogante: si no hay papel ¿cómo se pretende volver al sistema de talonarios?

No se vislumbra un panorama halagador, la acumulación de problemas sin resolver ha sumergido al país en una presión incontrolable, que reventará por el lado más débil, angosto e inesperado. Es impensable que el régimen pretenda mantener el mismo ritmo, porque eso representa el colapso de la sociedad, que se ve indefensa ante tanta desidia, persecución, inoperancia y acoso.

Aunque el régimen se empeña en trazar el destino del país como si fuera un bien de su propiedad, es pertinente hacer la siguiente reflexión: ¿cuánto más esperará la sociedad antes de despertar y derribar de modo tajante las estructuras que ya no le sirven?  La respuesta está en las calles, no en las urnas electorales.

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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