14 de Abril de 2018

NÉSTOR NAVA|Insistir aunque sea difícil

¿Cómo explicarle a quienes no comprenden la situación venezolana la necesidad de mantenerse firme a pesar de las adversidades? La respuesta a esta interrogante está compuesta por una serie de elementos que son el resultado de un análisis de los hechos de los últimos meses.

En primer término, debemos entender que todos tenemos los mismos problemas, que afectan nuestro modo de vida y merman la capacidad de respuesta frente a las circunstancias. Ciertamente la crisis venezolana alcanza niveles inéditos, llevando más allá del límite a los ciudadanos que intentan mantenerse a flote mientras el cerco internacional contra el régimen sigue avanzando.

Para nadie es secreta la indiferencia del sector oficial, cuyo único interés es salir victorioso en el próximo evento electoral de mayo. Aunque el resultado está cantado y el triunfo rojo es inminente, es menester entender que esa victoria le costará muy caro al gobierno, que se acerca aceleradamente a un callejón sin salida: la máscara de la falsa democracia tiene demasiadas grietas y nadie se cree el cuento desgastado del amor de patria que tanto propugnan los seguidores del extinto fundador de la revolución.

El proyecto rojo se acerca sin remedio a su colapso definitivo, aunque sea extremadamente difícil de apreciar. Basta observar cómo los otrora integrantes de los grupos de choque como Richard Peñalver han intentado (sin éxito) obtener asilo político en España y otros destinos. ¿Qué saben los asesinos a sueldo del régimen que nosotros no sabemos?

Hechos como éstos hacen que el viejo adagio inglés “las ratas son las primeras en abandonar el navío” cobre plena vigencia en estos días, con el respeto debido que merecen los roedores.

Para quienes consideren la expresión un tanto peyorativa, permítame recordarles cuál es el récord del comportamiento “pacífico y civilizado” de los representantes del régimen: asesinatos, violaciones, tortura, persecución sistemática de la disidencia, inclusión en listas de veto absoluto, negación de la pensión a los jubilados, confiscación injustificada de bienes, narcotráfico, financiamiento del terrorismo y designación de criminales en cargos que establecen como requisito sine qua non una honorabilidad indiscutible.

Echar la suerte del país por el despeñadero, convocando a una farsa electoral pretende justificar lo injustificable, mientras la población se ha visto obligada a soportar situaciones que jamás pasaron por su mente, como excesivos cortes eléctricos, carencia de agua, desaparición del dinero y lo peor: llevados a la desesperación comer cosas que darían asco al más irracional de los animales.

Ante este agresivo escenario, si analizamos los hechos con frialdad, tenemos que la población ha sido excesivamente tolerante y decente si se considera el modo en que ha sido tratada por el régimen. Quienes piden el cese de la “campaña imperial de acoso contra Venezuela” se olvidan que los únicos responsables de la situación son ellos, no existen otros.

Los voceros de las peticiones de cese de injerencia internacional, el sarraceno mayor y su excelencia, el sucesor monaguense de Pablo Escobar,  se han dedicado a lanzar piedra tras piedra contra el mundo civilizado, olvidando que se encuentran en una caja de vidrio sumamente astillada. La evidencia los señala como responsables de las peores fechorías en la historia contemporánea de Venezuela, dejando en pañales a los jefes de montoneras que saquearon haciendas y poblados en el siglo XIX.

El conflicto interno del bando rojo quedó al descubierto tiempo después de la extinción del fundador del proyecto, aunque ha permanecido azotando a la población con mayor saña, es innegable que varios de sus antiguos aliados optaron por marcar distancia, evitando que les salpique la ola justiciera que cobra fuerza cada día. Recordemos que nadie apostaba a la rendición de Milosevic y sin embargo ocurrió, a pesar de sus millones y sus alardes de poder absoluto.

El desafío de permanecer en Venezuela es indudablemente una labor de altísimo grado de exigencia para quien la elige, sin subestimar a quienes optaron por marcharse. Unos y otros deberán, más temprano que tarde, concertar acciones para materializar la reconstrucción del país. Los escépticos afirman que es imposible salir del régimen. Con el debido respeto a su decisión de irse, les manifestamos que al final de la peor pesadilla que ha tenido Venezuela más de uno habrá querido estar aquí para tener la mayor satisfacción: Presenciar el regreso de la libertad, la justicia y la solidaridad.

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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