10 de Marzo de 2018

NÉSTOR NAVA|Hágase la oscuridad…y la oscuridad se hizo

Como si fuera poco lo que se ha tenido que soportarle al régimen, la ola de apagones de esta semana se convirtió en el nuevo tormento de los marabinos, quienes todos los días sufren un mínimo de dos cortes, que duran más de las dos horas de “racionamiento programado”, llegando a superar en algunos casos las doce horas de interrupción del servicio. ¿Los motivos? No hay explicación alguna, simplemente se corta la electricidad y a pasar calor se ha dicho.

Las consecuencias se han hecho sentir: robos en las casas, averías en los electrodomésticos, colapso de las emergencias en clínicas y hospitales, caída de la plataforma de los bancos y de las operadoras de telefonía celular, imposibilidad de realizar compras y cumplir con la jornada laboral. La semana ha sido nefasta para los marabinos, quienes encontraron un nuevo motivo para aborrecer aún más la paupérrima gestión del régimen.

Decir que “es necesario tener tolerancia y paciencia” es un argumento sin vigencia, debido a que el gobierno pasó hace mucho tiempo el límite de resistencia de la población. A los conocidos problemas del efectivo, la hiperinflación, la ausencia de agua y de comida hay que sumar ahora el tormento de pasar la mayor parte del día (y de la noche) sin servicio de electricidad. Para el oficialismo seguramente esto  se trata “de un acto de sabotaje” (argumento que ni siquiera se han atrevido a sostener esta vez), pero para el ciudadano que ha perdido electrodomésticos, comida, bienes, e inclusive familiares, ya no hay explicación o argumento que valga.

Todos queremos ahora más que nunca una solución inmediata al problema eléctrico. De acuerdo a fuentes que pidieron permanecer en el anonimato por temor a represalias por parte del sector oficial, en el puerto de Maracaibo se encuentran desde hace semanas los transformadores para la estación de generación de El Tablazo, sin embargo no se han podido instalar porque los vehículos de carga que pueden trasladarlos hasta la plana se encuentran fuera de servicio por falta de repuestos.

Aunado a esto, la improvisación y el afán por ocultar la realidad ha hecho estragos entre la población, que se encuentra en completo estado de desinformación e indefensión, al no tener posibilidades de activar planes de contingencia ni tomar provisiones, como se hacía ocho años atrás cuando se publicaba (aunque con ciertas inexactitudes) el cronograma de cortes eléctricos por sector. En aquel entonces, los apagones también causaban molestia en la población, sin embargo se trataba de ajustar el cronograma de cada familia para realizar sus actividades evitando las consecuencias de las interrupciones del servicio eléctrico.

Evidentemente el régimen se encuentra en su peor momento, no tiene (o no le interesa) una planificación para facilitarle a la población hacer frente a la situación eléctrica. Según expertos en materia de energía, el verdadero problema se encuentra en la ausencia de mantenimiento de las instalaciones y de la negativa del sector oficial a realizar inversiones que permitan mantener en óptimas condiciones de operatividad los centros de generación de energía.

Otras fuentes señalan que el déficit del gobierno impide realizar las inversiones mínimas necesarias para garantizar la estabilidad del flujo eléctrico. Sea cual fuere el motivo, ciertamente nos enfrentamos a un colapso del sector, agravado por la ausencia de  pronunciamiento por parte de la vocería oficial. Como todo problema en Venezuela, lo único que se tiene con certeza es el mutis del gobierno, quien prefiere hacerse el desentendido mientras la población debe soportar los embates de los problemas cotidianos.

El desempeño diario del ciudadano sigue mermando, debido a la confluencia de variables: mala alimentación, servicio de transporte ineficiente, carencia de efectivo, fallas en el suministro de agua y ahora, interrupciones del servicio eléctrico. Ante este panorama, nadie puede pretender que el rendimiento del venezolano sea igual, porque por mucho empeño que se haga, más temprano que tarde las variables pasan factura a la resistencia de la población, mermando la calidad del trabajo que se hace diariamente.

A pesar del empeño en ocultar la verdad, ya no es posible para el régimen desconocer el deterioro progresivo del sistema eléctrico nacional, que ni siquiera puede emitir las facturas para notificar a los usuarios el monto a cancelar. Ante esta situación es pertinente preguntar ¿a quién pretender engañar cuando hablan de “revolución energética?

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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