9 de Enero de 2018

NÉSTOR NAVA|Hacia el colapso a paso redoblado

La inviabilidad del sistema “socialista” se ha puesto de manifiesto una vez más, al arremeter de modo sistemático contra las cadenas de supermercados y distribución privada de alimentos, imponiendo precios de venta que incitan a la población –desesperada y angustiada- a realizar compras que rayan en lo agresivo, dejando los anaqueles desolados sin posibilidad de reponer los inventarios.

De hecho, ya varios propietarios de redes de supermercados anunciaron que no están en capacidad de volver a surtir los mostradores y se verán en la necesidad de cerrar sus puertas hasta nuevo aviso. No se equivoquen. Esto no es una reedición del Caracazo de 1989, se trata de un plan orquestado para forzar a la población a depender exclusivamente de la red de distribución oficial de alimentos, a donde se tiene acceso exclusivamente  través del carnet de la patria, la versión plastificada de la cartilla de racionamiento cubana.

Vergüenza es lo que irradia la fuerza armada (con minúscula, porque nada grande tiene quien traiciona a su nación) al prestarse a sembrar el terror y el pillaje cada vez que se presentan a las puertas de un establecimiento para obligar a bajar los precios a punta de pistola. Quien se comporta como criminal, aunque porte uniforme de oficial, sigue siendo criminal. Es muy fácil disponer de aquello que no costó trabajo ni esfuerzo, para “cubrirse de gloria” a costa de la ruina de un tercero. ¿De qué honor está investido quien se comporta como ladrón?

Otro de los hechos que llama la atención es el sigilo con que se ha manifestado el descontento del sector público con la situación actual, en instituciones como Pdvsa, Metro de Caracas, Ministerio de Educación y algunos cuarteles, en donde se ha alzado la voz pidiendo una rectificación en materia económica, antes que sea irremediablemente tarde.

Si bien es cierto que el pillaje obedece al libreto que se escribe desde La Habana, no debemos subestimar el límite de la sociedad, porque ya Caracas no se encuentra aislada de las dificultades, como en los tiempos “felices” de la revolución, cuando bastaba una arenga del extinto para levantar cualquier descontento. Ahora las alocuciones son a puerta cerrada, con público seleccionado cuidadosamente, para evitar cualquier reclamo espontáneo que eche a perder la imagen de “grandeza” de la devaluada revolución.

Muy difícil se presenta el panorama económico después del ajuste salarial vigente desde el primero de enero, al punto que no es factible que el empresariado pueda resistir incólume otra medida similar en los próximos tres meses, que de acuerdo a los antecedentes del comportamiento del sector gobierno, no es de extrañar que se repita de cara a las elecciones anunciadas, bajo cuerda, para el cinco de marzo de este año.

Por el lado bancario la situación se presenta cada vez peor, debido a que ya hay entidades que se quedan sin efectivo antes de mediodía, y si se trata de la fecha de pago de las pensiones, peor aún, porque el cliente se queda sin posibilidad de encontrar dinero. Con el debido respeto que se merecen los adultos mayores, no se justifica que un banco discrimine a los clientes, porque el compromiso debería ser igual con todos.

Otro gran misterio que el régimen trata de mantener oculto es qué hará con los créditos prometidos a los empleados públicos en materia de vivienda y electrodomésticos, porque para nadie es un secreto la situación de estancamiento del sector construcción, y la ausencia de importaciones, es más, son numerosas las empresas dedicadas a la importación que han cerrado sus puertas “hasta nuevo aviso”.

Ese es el estatus del sector producción “estancado hasta nuevo aviso”, en detrimento de los ciudadanos cuyas necesidades son inmediatas y deben ser cubiertas al término de la distancia, no cuando de venga en gana al gendarme importado de La Habana.

Es necesario aplicar correctivos de inmediato en el ámbito económico, porque de lo contrario comenzaremos a ver cómo la población irá mermando como consecuencia del hambre, pudiendo ocurrir que la desesperación se rebose y se busque con afán desmedido en las casas y edificios aquello que ya no se encuentra en los supermercados.

Si el régimen no rectifica, sus dirigentes envidiarán el destino de Ceaucescu y Gaddaffi, porque el hambre no distingue colores, ni la desesperación se intimida ante soles y estrellas, mucho menos cuando son de escritorio. La suerte está echada y el reloj corre en esta partida. La gran pregunta es ¿cuánto tardará en llegar el jaque mate?

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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