5 de Mayo de 2018

NÉSTOR NAVA|Entre tinieblas, hambre y sequía

La desidia roja ha batido su propio récord de ineficiencia en los últimos días, con el recrudecimiento de los apagones, que se han prolongado por más de quince horas continuas sin que se produzca una explicación por parte del sector oficial; de hecho, lo único que la población ha recibido son unas escuetas disculpas del morador actual del despacho regional, sin que eso contribuya a solucionar el problema, que ya rebasa los colmados límites de la colectividad.

Un nuevo incremento salarial que dispara aún más la megainflación, la comida a costos inalcanzables, la extinción de varias líneas de por puesto y autobuses, además del caos generado por la escasez de dinero en efectivo y el cierre (por causa de las fallas eléctricas) de las estaciones de servicio, generando descomunales colas para surtirse de combustible, forman ahora el panorama de desolación de Maracaibo y parte de de San Francisco.

Sobrellevar la situación se ha vuelto una tarea extremadamente difícil, por cuanto no existe un modo de estabilizar la volátil economía, que en el caso particular de la región occidental se corresponde con aquellas zonas en conflicto que han ocupado espacios en los titulares de los medios internacionales. Sierra Leona, Somalia, Chechenia, la Franja de Gaza, Ruanda y Bosnia se quedan cortas con el calvario que atraviesan los marabinos para conseguir alimentos, agua, dinero y transporte diariamente.

Tratar de entender los esfuerzos de una población desesperada es una cuestión de ética, moral y sobre todo, sentido común, cualidades que están completamente ausentes en quienes tienen (en teoría) la responsabilidad de velar por los intereses del colectivo, debido a su indiferencia manifiesta ante los requerimientos que se hacen saber a viva voz. Una “disculpa” no calma el padecimiento de los enfermos terminales que requieren los servicios de la unidad de terapia intensiva, ni logra nutrir a niños y adultos mayores que carecen de los medios para comprar comida, ni tampoco resuelve el compromiso que tienen industriales, comerciantes y empresarios de producir para obtener el sustento requerido por sus familias.

Es sencillo buscar chivos expiatorios cuando se manifiesta una ignorancia supina y crónica, como evidencia el jerarca mayor desde su despacho en la avenida Urdaneta de Caracas, quien ahora, secundando la puntada visceral de su brazo derecho, su alto pana del garrote vil, señala sin pruebas convincentes, a una importante entidad financiera privada de ser responsable de la debacle del país.

El único efecto inmediato de esta acusación es la incertidumbre y desesperación de los ahorristas, quienes tratarán de ubicar su dinero en otros bancos, ante la posibilidad de perder, en manos oficiales, su patrimonio financiero que tanto les ha costado reunir. Resulta extremadamente casual que esta medida se produzca quince días antes del controvertido evento electoral, sirviendo de antesala distractora a la entrada en vigencia del “soberano” dinero nuevo, que no tiene nada de confiable, estable ni soberano.

La pretensión de sustituir el devaluado dinero por uno supuestamente confiable, cuando no se tienen ni siquiera los costos de su impresión, es tan fatuo como intentar preservar arena sumergiéndola en agua. Lo único que se consigue es enturbiarla y hacerla no apta para el consumo humano.

Por cierto, ahora la política de racionamiento inmisericorde se extiende al agua, pero no solamente en la región zuliana, la capital sufre cada semana los embates de cortes de suministro debido al colapso de las tuberías que distribuyen el  vital líquido en la gran Caracas, que son reparadas cada quince días, como resultado de la falta de previsión y mantenimiento. Si tomamos en cuenta la densidad de población del perímetro capitalino, que supera siete veces la de Maracaibo, es posible afirmar que el centro del país también se encuentra al borde del colapso.

El asunto se presenta bastante gris y cuesta arriba para los gobernantes, quienes a pesar de sus cantaletas y cadenas diarias no logran distraer ni calmar a la población que clama por soluciones inmediatas; la paciencia hace tiempo se agotó aunque este inexplicable silencio obedece al hecho de establecer prioridades: no se protesta porque es vital conseguir comida, no por estar de acuerdo con la incompetencia e ignorancia descarada del régimen.

El exceso de confianza, la soberbia y el despliegue de la prepotencia roja experimenta sus más altos niveles, al amenazar con arrogancia desmedida al mundo entero, sin medir las consecuencias. Ciertamente nos encontramos en  un momento bastante álgido, que nos pone a prueba una vez más, sin embargo es momento de seguir en pie de lucha y seguir firme el rumbo hacia adelante, sin dudarlo ni un momento.

No se abandona la pelea mientras siguen en pie ambos combatientes; aunque el oficialismo amenaza, lanza alaridos y alardea de fortaleza, analicemos fríamente el panorama ¿realmente quien cuenta con popularidad desmedida necesita amenazar con recurrir a las armas para mantenerse en el poder? La clave para entender esto se encuentra en el saber popular “dime de qué alardeas y te diré de qué careces”.

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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