16 de Junio de 2018

NÉSTOR NAVA|El mortífero regreso de un mal que se había erradicado

La semana que concluye ha estado plagada de noticias estremecedoras en materia de salud, debido al repunte de epidemias de sarampión, tuberculosis, difteria e influenza que ha golpeado duramente la población de varias regiones del país, que se han visto en la incómoda situación de hacerle frente a una emergencia sanitaria sin contar con medidas profilácticas ni mucho menos con los medicamentos necesarios para contrarrestar sus efectos.

Como si no fuera suficiente con esto, se agrega un nuevo y gravísimo elemento: nada más y nada menos que la reaparición de la poliomielitis, con varios casos confirmados, resultado directo de la ausencia de vacunas, que desde hace tiempo viene denunciado la Federación Médica Venezolana, ante el silencio descarado del gobierno que no hace nada por frenar la situación.

Es sumamente grave que después de más de medio siglo sin casos reportados, la poliomielitis entre nuevamente en las estadísticas sanitarias venezolanas; mucho tuvieron que bregar los médicos venezolanos para lograr que décadas de campañas de vacunación rindieran el fruto anhelado: la enfermedad había quedado erradicada, solamente aparecía en los archivos históricos de flagelos que habían causado estragos entre la población en el pasado.

Ver cómo Venezuela retrocede en materia de salud, donde producto del abandono de las campañas de vacunación, las tareas de investigación y la producción de fármacos destinados a proteger a los ciudadanos, es un trance muy duro, que hasta los observadores de la Organización Mundial de la Salud han presentado como argumentos para solicitar con carácter de urgencia la habilitación del canal de ayuda humanitaria para los venezolanos, obteniendo una negativa tras otra por parte del régimen.

Si años atrás nuestro país era considerado como pionero y ejemplo a seguir en materia de programas de prevención de enfermedades infantiles, cuando las campañas de vacunación inspiraban respeto en otras naciones y convirtieron a Venezuela en uno de los destinos más seguros para la integridad de los inmigrantes.

Ahora la suerte se ha trocado de modo drástico: si no te mata la delincuencia, lo hace el hambre o las enfermedades, que actúan sin freno alguno como resultado de la marcada escasez de medicamentos en todo el territorio nacional.

Lo irónico de todo esto es ver en cadena nacional los enormes cargamentos de comida y medicinas que son enviados a Cuba y Haití cada vez que ocurre un huracán, mientras los venezolanos languidecen en sus hogares, porque ni siquiera los hospitales y ambulatorios tienen la capacidad para atender las emergencias extremas, como se evidencia en la mortandad de niños menores de ocho años que se ha registrado tanto en la región oriental como central de Venezuela.

Es inaceptable a estas alturas retroceder de modo arbitrario, quedándonos a merced del destino; es menester ponerle un freno a esta situación, porque de lo contrario sucumbiremos irremediablemente a la debacle que se cierne sobre nosotros. Es innegable que nos tocó la peor parte del legado de un modelo fracasado, retrógrado y humillante, que ha sumergido al país en la peor fosa que jamás habríamos imaginado. Esperemos que no sea demasiado tarde cuando se logre encontrar una salida esta situación.

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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