16 de Enero de 2018

NÉSTOR NAVA|Economía sin rumbo

Comprender lo complicado de la situación se ha vuelto un verdadero dolor de cabeza para los ciudadanos, quienes no tienen un paliativo que logre reducir los niveles de ansiedad y desesperación ante la inflación ascendente. La ausencia de garantías económicas se convirtió en el mayor problema de los venezolanos, quienes dejan de lado (momentáneamente) la polarización y la inseguridad, tratando de sobrellevar cada día.

No es sencillo desempeñar las actividades diarias cuando las variables económicas siguen atentando contra el bolsillo de la población. El pasaje urbano aumentó de hecho a principios de esta semana, haciendo caso omiso de las observaciones del sector oficial. La puja económica se volvió una guerra sin cuartel, sin reglas, todo se mueve de acuerdo al comportamiento errático del mercado.

La reiterada denuncia de intromisión e injerencia exterior viene a ratificar la ineptitud roja para ofrecer soluciones. Es más fácil distraer intentando generar zozobra y lástima asumiendo el rol de víctima, que asumir la realidad: el gobierno no se encuentra en la capacidad financiera de invertir en alimentos, medicinas ni tampoco puede ofrecer garantáis razonables a los transportistas y comerciantes para estabilizar el mercado.

La ola de saqueos inducidos por el oficialismo se salió de control, lo que originalmente era una promesa de comida fácil se volvió el paso hacia la anarquía y el vacío de autoridad, tanto más que los propios funcionarios son testigos de los actos de vandalismo auspiciados por los oportunistas de turno.

Si analizamos con frialdad las estadísticas, es posible darse cuenta que el régimen apuesta por el pillaje como último recurso en aquellas regiones en donde la inoperancia es mayo, de tal modo que el saqueador se olvida de la promesa incumplida al verse con carta blanca para apoderarse por la fuerza de los bienes que no le pertenecen sin pagar nada.

Es pertinente señalar que esto no es iniciativa del actual mandatario, hace más de diez años, el extinto fundador del proceso declaraba en cadena nacional que “no podía condenarse a quien robara como resultado de la desesperación causada por el hambre”. Una cosa es la causa del problema y otra muy distinta es usarla como excusa para transgredir la ley.

El cambio de denominación adoptado por un importante sector de la población para referirse a los precios obedece a un estrategia para ir creando el caldo de cultivo para constantes devaluaciones disfrazadas de incremento salarial. Es así como escuchamos “el pasaje cuesta cinco bolívares” cuando en realidad el monto es de cinco mil bolívares. Esa constante abreviación de precios tiene como propósito hacer que la población acepte como algo normal la inflación, sin darse cuenta de la ´pérdida de poder adquisitivo.

No obstante, le salió el tiro por la culata al régimen, porque ni se acepta con sumisión ni tampoco se tiene credibilidad en la tramoya y rol de víctima. El hambre no tiene color político, tanto más cuando los casos de fallecimientos por desnutrición van ascendiendo de manera alarmante, aún cuando se hagan constantes amenazas a los medios para que no publiquen nada que ponga en evidencia la inoperancia gubernamental.

Contemplar cómo los precios cambian constantemente (hasta cuatro veces a la semana) es el factor que ratifica la gravedad de la situación, no hay límites para establecer medidas de rescate económico, ni tampoco la voluntad de aceptar la ayuda ofrecida desde el ámbito internacional, por considerarla “intromisión imperial”.  Aquí cabe la pregunta ¿A qué juega el gobierno?

Entender qué nos espera implica analizar con detenimiento los diferentes escenarios posibles, que apuntan a una depreciación monetaria aún mayor, incluyendo un nuevo incremento salarial antes del mes de marzo.

De materializarse esto, estaríamos en presencia de la mayor crisis inflacionaria, únicamente comparable a la sufrida por Alemania después de la Primera Guerra Mundial. Actualmente vivimos en una economía muy inestable, que se convierte día tras día en una economía de guerra.

La gran pregunta es ¿cómo salir victorioso cuando no se tiene un pronóstico claro de la situación? ¿Cómo encontrar la salida cuando no se tiene idea del rumbo a seguir? La respuesta está en nuestras manos. Sólo nosotros podemos decidir si seguimos hundiéndonos o tomamos acciones contundentes para salir del abismo.

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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