14 de Noviembre de 2017

NÉSTOR NAVA|Economía de pronóstico reservado

El paso de los días ha traído nuevas inquietudes a los ciudadanos, quienes se encuentran en una encrucijada, al no saber qué hacer con los recursos menguados que llegaron como resultado de la bonificación de fin de año, que tradicionalmente constituía un factor de tranquilidad y esperanza, ahora se ha vuelto un auténtico trago amargo, debido a la imposibilidad de rendir el dinero.

La inflación desmedida, junto con la fluctuación ascendente de la divisa norteamericana ha impactado contundentemente el bolsillo de todos, al punto que hasta la comida del día se ha vuelto extremadamente difícil de conseguir, al igual que el transporte. Ciertamente el tema nos ha venido ocupando desde hace varias semanas sin embargo lo importante es considerar qué impacto tendrá la situación a mediano plazo (primer trimestre de 2018) de mantenerse el panorama actual.

En primer lugar, es insostenible para el esquema económico de las empresas mantener un nivel de trabajo a pérdida, como es la pretensión del régimen, que ahora amenaza con fiscalizar los comercios y organizaciones para “frenar la especulación en la temporada navideña”, dejando entrever una cadena de sanciones, multas, cierres y extorsiones a comerciantes, quienes tienen su esperanza en los beneficios que pueda traer los dos últimos meses del año.

En segundo término, la ausencia del dinero en efectivo y el colapso de los puntos de venta, que se hace más evidente en el occidente del país, en especial los fines de semana, cuando los ciudadanos tienen tiempo disponible para hacer sus compras, pero deben recorrer varios puntos de las ciudades para encontrar dinero y los productos que necesitan. Un auténtico desgaste es lo que representa esto, por ser incalculable el tiempo que se emplea para encontrar lo estrictamente necesario para sobrevivir durante la semana.

Tercero: Imposibilidad de hacer frente a los imprevistos. Una filtración en la casa, una tubería rota, los frenos del vehículo, los cauchos, la batería, enfermedad de un familiar, son factores que ponen a sufrir a quien los padece, al no contar con un respaldo económico para responder a cada nueva situación que se presenta. Si a eso le agregamos el incremento desmedido de los precios, no es extraño apreciar como hay familias que se encuentran literalmente al borde del colapso.

Cuarto: Ausencia de producción. Es quizás el indicador más certero en cuanto a referencia de crisis se refiere, lo que explica por qué existe exceso de demanda de los productos básicos, con la consecuente alza de los costos; no existe un nivel de producción que permita reponer inventarios a la misma velocidad que se agotan, llegando en algunos casos a vaciarse los anaqueles de forma definitiva, obligado a más de un comerciante a bajar su Santamaría.

Quinto: Ausencia de toda posibilidad de alianza con el sector gubernamental. En cualquier país, la iniciativa privada cuenta con el respaldo del sector público, en aras de incentivar la producción y garantizar el desarrollo económico. Venezuela es la excepción, no existen alianzas con el gobierno ni garantías que permitan darle un voto de confianza al sector privado para generar inversiones en el país, hecho que podría contribuir al rescate efectivo de la economía. Por el contrario lo único que se recibe son amenazas, sanciones y persecución.

La inflación desmedida, junto con la fluctuación ascendente de la divisa norteamericana ha impactado contundentemente el bolsillo de todos

Sexto: Colapso inminente del gasto público. La imposibilidad de mantener estable la moneda tendrá su impacto en el gasto público, las instituciones no podrán cumplir ni con las metas propuestas ni con el salario de sus trabajadores, la inflación devora todo margen de planificación (incluso el área de gastos imprevistos) que pueda tener toda organización gubernamental. Si a esto se agrega el desfalco que se ha hecho en varias dependencias oficiales, no resulta extraño hablar de futuro incierto.

Séptimo: Inexistencia de disposición para reformular el sistema económico. La tan cacareada cantaleta oficialista que ha despotricado desde el inicio de la involución chavista (mal llamada revolución) del capitalismo, del Fondo Monetario Internacional, la Comunidad Andina de Naciones, la Organización de Estados Americanos y demás organismos internacionales. Se rechaza todo aquello que represente un freno a la codicia roja, a todo lo que signifique detener el abuso contra la población, lo que evidencia la no disposición oficial para encontrar soluciones para la crisis. Al contrario, para el régimen es mejor asegurar el caos.

Las variables descritas nos pueden servir para apreciar de cerca cómo puede desarrollarse la situación venezolana en los meses por venir, sin pretender que esto sea tomado como una predicción literal y absoluta. Se trata de un diagnóstico preliminar hecho con base a los argumentos tangibles por todos los ciudadanos, dependerán de las medidas que se apliquen que esto se cumpla a cabalidad, que mejore o que se genere un caos más oscuro del que ya existe.

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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