12 de Diciembre de 2017

NÉSTOR NAVA|Contra viento y marea

Dejar sin mercancías los negocios pareciera ser el norte del régimen, que apunta a ofrecer aquello que no tiene con tal de subir unos escaños de popularidad que ni siquiera el controvertido resultado de los comicios municipales le sumó. Contar con el respaldo mayoritario se ha vuelto la nueva meta de la revolución, que ha enfilado los cañones al ámbito económico.

No es un secreto para nadie la escasez de varios rubros, además de la hiperinflación que sigue avanzando a paso de vencedores, sin que se vislumbre una solución efectiva a corto plazo que tranquilice a la desesperada población que no encuentra sosiego, al sentirse imposibilitada de hacer frente a la crisis económica imperante en Venezuela.

Es tan grave la situación que los ciudadanos ya no están pendientes del acontecer político, la única prioridad es hacer frente a las vicisitudes económicas del día a día, comprar la comida, asegurar los pasajes y reunir lo necesario para abastecer de modo puntual la casa.

La temporada decembrina se ha tornado gris oscuro precisamente por el tema de los costos derivados de la inflación, que no permiten planificar con antelación las reuniones familiares, intercambios de regalo y demás ocasiones especiales que constituían la tradición navideña venezolana.  Ahora la realidad es otra, la lucha por sobrevivir cada día se ha vuelto el norte de las familias que en muchos casos decidieron pasar por alto las fechas que antes eran motivo de celebración.

De esta manera, el régimen en apariencia ha logrado derrumbar la moral de quienes lo adversan, encumbrándose en el poder político, prometiendo una “nueva era de paz” para los habitantes de todo el país. Sin embargo, los indicadores económicos no reflejan necesariamente un ambiente de victoria. Con una inflación cercana al 4000%, con la escasez acentuada y la crisis hospitalaria, resulta extremadamente difícil mantener un ambiente festivo en las calles.

No existen caras alegres en los centros comerciales, a pesar de la afluencia de personas que se registra cada día, son más quienes van a caminar para distraerse un poco mientras buscan algo de efectivo en los bancos, la mayor parte del tiempo, teniendo que volver con las manos vacías. Por otro lado, los comercios ya no tienen el mismo inventario que en años anteriores, mientras que otros simplemente bajaron sus santamarías para no seguir arrojando pérdidas.

Ante este panorama, el ciudadano común y corriente se siente acorralado por la incertidumbre  y el miedo a sucumbir ha tomado aire, al punto que cada compra, cada visita a la panadería y al supermercado es precedida por una revisión exhaustiva del presupuesto para tratar de rendirlo al máximo, en la medida de las posibilidades de cada quien.

El poder adquisitivo del venezolano en diciembre solía estar marcado por una característica muy particular: tener capital suficiente para realizar reformas en la casa, costear la pintura de exteriores e interiores, comprar electrodomésticos, los estrenos de Nochebuena y fin de año, además de los componentes de la cena. En contraste, ahora más de una familia lamenta la partida al exterior de uno o varios de sus integrantes, y en algunos casos más lamentables, las ausencias han sido causa de enfermedades o la acción de la delincuencia.

Todo lo que se vislumbra es desolación, miedo, impunidad, epidemias, como si una plaga hubiera decidido llegar al país, echar raíces y permanecer hasta lograr la extinción de la población. No es un diagnóstico halagador, aunque tampoco es definitivo, debido a las sombras que se ciernen cada vez más ante la aparente fortaleza del régimen: las sanciones internacionales, la exclusión de Venezuela de la lista de naciones confiables para invertir, la proliferación de epidemias, además de la deteriorada moral de los ciudadanos, golpeada una y otra vez en el transcurso de los últimos meses.

La realidad indica que el colapso está ahora más cerca, no hay sistema económico que pueda resistir cuando llega su punto de quiebre, ni régimen que pueda multiplicar los recursos cuando lo único que le queda es ofrecer circo sin pan, dinero sin respaldo, promesas sin asidero ni argumentos. Para quienes se muestran escépticos, es menester monitorear con atención las variables económicas para comprender que el nivel de resistencia se acerca a su límite, porque lo único que se ha hecho es posponer el desenlace.

Esta vez no tendrán chivo expiatorio del bando contrario, no habrá un enemigo sobre quien se pueda proyectar la culpa del fracaso económico, que es inminente e indetenible. El desenlace estará marcado por la negativa a la adopción del dólar como moneda oficial, porque eso representa la muerte política de la revolución que lleva ya cuatro años herida de muerte tratando de ganar tiempo para no sucumbir frente al peso de sus propios errores. Es simplemente cuestión de tiempo.

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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