7 de Noviembre de 2017

NÉSTOR NAVA|Ascenso frenético

Resulta increíble el ascenso vertiginoso de la moneda norteamericana, que día tras día rompe récords de precios y ha puesto a correr a más de uno como resultado de su “inexplicable” fluctuación, cuando la verdad es bastante clara: el régimen necesita que el dólar aumente para poder obtener los bolívares que desesperadamente necesita para comprar conciencias y tratar de ocultar la desbandada de sus filas.

A pesar de la estrategia oficialista para obtener dinero, es evidente la carencia de dinero en metálico que se hace presente cada día con mayor gravedad, al punto que los bancos ahora pretenden cancelar a los clientes con billetes de baja denominación, en especial los de 20 y 10 bolívares, que son rechazados en todas partes. La situación es crítica, porque tienes dinero y te ves imposibilitado de usarlo en tus requerimientos.

Para complicar aún más el asunto, la presentación del nuevo billete de cien mil bolívares, al que puede identificarse parafraseando una de las obras más reconocidas de García Márquez “Crónica de una muerte anunciada” debido a so condición de secreto a voces, ya todos sabían que sería presentado, pero son contadísimas las personas que han tenido en sus manos un ejemplar de esta denominación.

Las ironías de la vida han hecho que el denominado “Bolívar fuerte”, considerado “la panacea del hijo ilustre de Sabaneta” sea ahora la moneda más devaluada de la historia venezolana, pues en once años ha perdido más de un veinte mil por ciento de su valor. Si a esto se suma la pérdida de las reservas de oro del Banco Central, que constituían la garantía natural del costo del dinero, se tiene un cono monetario que ni siquiera vale la tinta en la que está impreso.

La arruga se corre cada día más y no precisamente a favor del régimen, que ve agotar sus fichas de un modo aterrador, sin que pueda hacer nada por evitar el inminente default. El pronunciamiento de Oscar Schemel, accionista mayoritario de la “nueva” Globovisión, niega esa posibilidad. La experiencia nos señala que esa negativa ratifica lo que muchos esperan: el régimen tocará fondo en el ámbito económico.

Ciertamente la crisis avanza a paso redoblado, llevándose por delante los anhelos se supervivencia de los ciudadanos, quienes ven llegar su hora menguada sin ningún tipo de esperanza, porque quienes deberían defender sus intereses o están el exilio o se conforman con las sobras del botín rojo, que cada día se reduce más.

No hay escape al default, ni fórmula bolivariana intergaláctica que salve al régimen del colapso, sin embargo lo grave del asunto es cuántos tendrán que pagar los platos rotos sin ni siquiera haber puesto los dedos en la vajilla. La temporada navideña será de penurias y limitaciones para unos cuantos, que otrora se vanagloriaban de las bondadosas dádivas de la revolución. Con un régimen de arcas hipotecadas y comprometidas, habrá que contemplar qué as bajo la manga tratan de mostrar esta vez.

La suerte está echada. El destino de la tiranía está marcado por la bancarrota, hay que esperar a ver cuánto dura el amor de patria con los estómagos vacíos y las cuentas desoladas. Quien siembre vientos cosecha tempestades…

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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