5 de Marzo de 2018

MARY CARLI TAPIA|Venezuela: ¿Será que debo dejarte ir?

Soy lo suficientemente vieja para recordar como si fuera ayer, aquellos días cuando hacíamos las hallacas con los portones abiertos para que los vecinos entraran y salieran de nuestras casas; cuando caminábamos con tranquilidad y jugábamos en las plazas hasta tarde,  cuando dormíamos afuera en las hamacas en las casas de la playa disfrutando el sonido de las olas del mar en vacaciones y no teníamos idea de lo que era el miedo a que nos asaltaran.

Soy tan vieja como para recordar que con poco podíamos tener una gran variedad de alimentos, medicamentos, juguetes y productos en cualquier supermercado, teníamos la libertad de elegir lo que nos diera la gana y podíamos comprar. Además, los niños y adolescentes teníamos el privilegio de tener un hobby, practicar algún deporte o tocar algún instrumento musical y pensar en la profesión o carrera que estudiaríamos al salir de bachillerato. Teníamos libertad de elegir qué canal de televisión ver y había una espectacular producción audiovisual para informarnos, recrearnos, educarnos y entretenernos; los medios de comunicación social cumplían su función.

Nuestros padres tenían la opción de pensar más allá de la comida del día, podían planificar las vacaciones, celebraciones y cualquier cosa para asegurar el esparcimiento y la salud mental de la familia.

A pesar de ser tan vieja como para recordar todo lo anterior y sentir que pasaron cien años, me siento lo suficientemente joven como para comprender el “para qué” de la situación que estamos viviendo los venezolanos dentro y fuera de nuestra tierra; para trascenderla, aprender cada día más y tener la seguridad de que estoy formando parte de quienes estamos seguros de que Venezuela no va a ser la misma de antes, sencillamente porque estamos saliendo de un cascarón y todo cambio positivo al principio parece un caos y duele tanto que sentimos que no hay salida.

Teníamos que despojarnos de muchas ilusiones para entender nuestros valores, olvidarnos para siempre del pedacito de nuestro Himno Nacional que dice: “el vil egoísmo que otra vez triunfó”, NO cantarlo más porque ese egoísmo lo tenemos todos los venezolanos y debemos comprometernos a liberarlo para que deje de repetirse en la historia y volverse cada vez más fuerte tanto sufrimiento y culpabilidad; liberemos nuestro ego colectivo y permitamos retornar a nuestra esencia, el proceso ha sido duro tanto para quienes están en Venezuela sufriendo la crisis humanitaria como para quienes estamos afuera acostumbrándonos a nuevas culturas, trabajos y estilos de vida que no habíamos elegido en primer lugar, a que nos corrijan maneras de hablar o palabras que en nuestro país son correctas, a traducir todo y extrañar aquello que nuestros hermanos que están allá también extrañan.

Si abrimos los ojos, podemos sentirnos lo suficientemente jóvenes como para ser parte de la transformación en una hermosa y nueva Venezuela. Mucho mejor que aquella que tanto añoramos; yo particularmente estoy eligiendo agradecer aquello que tuvimos y dejarlo ir para recibir un país muchísimo mejor; donde quepamos todos, sin ego, sin culpabilidad y sin victimismo; donde cada quien se haga responsable de sus actos y en vez de criticar al otro entienda que eso que tanto me molesta en algún punto lo tengo en mi o simplemente lo quiero hacer y no me lo permito. Donde aquello que vemos que está mal, simplemente se sancione y se deje a un lado quitándole protagonismo para que no siga haciendo daño; donde comencemos a aceptarnos con nuestras luces y nuestras sombras y nos permitamos ser diferentes.

Elijo abrirle el paso a una Venezuela donde tomar conciencia de un error, recapacitar, ofrecer disculpas y continuar sea posible; donde podamos integrar nuestras diferencias y dejar de querer eliminarnos el uno al otro. Elijo darle paso a una Venezuela donde aceptemos que no hay un verdad absoluta, donde dejemos atrás las proyecciones, alucinaciones y sobre todo, donde no necesitemos convencer a nadie de nada ni que nadie nos convenza.

Simplemente, elijo darle la bienvenida a una Venezuela con consciencia de unidad, esa que hace tiempo quiere nacer y por mantenernos anclados en los juicios de un pasado no la hemos podido apreciar; una tierra donde solo nos enfoquemos en lo maravilloso que estamos recibiendo para que se vaya expandiendo cada vez más, hasta que nos acostumbremos a pensar, hablar y vivir desde el agradecimiento; de esta manera la abundancia de felicidad y prosperidad se mantendrán en nuestra historia y nos acostumbraremos a ver a “La Ley respetando la virtud y honor”.

 

@marycarlitapia|Periodista

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