28 de Diciembre de 2017

LUIS RÍOS|Segundo aviso a la humanidad

“Sólo hay una guerra que puede permitirse el ser humano: la guerra contra su extinción”.

Isaac Asimov

Siento una gran inquietud e incluso bastante asombro, y algo de tristeza, al observar cómo es el desenvolvimiento de las actividades de la gente diariamente. Nos desgastamos en la cotidianidad, resolviendo nuestros problemas inmediatos sean económicos, personales, laborales, familiares, envueltos en un conjunto multitudinario de hechos, actos, objetos y relaciones, que se nos presentan en forma aparentemente muy dramática, dependiendo de la percepción de cada quien.

Además, siempre creemos que estos inconvenientes son los más grandes y graves que existen, sin advertir que todos, sin excepción, estamos inmersos en una problemática mundial de gran alcance y expuestos a enfrentar ingentes desafíos de consecuencias monumentalmente desastrosas, que pueden llevarnos a vivir un desolador final.

Normalmente, solo nos preocupamos en ver los problemas íntimos o más cercanos que están “agobiándonos”, y luchamos por resolverlos, con el fin de tratar de vivir mejor y felices a nuestra manera. Muchas veces nuestros valores y principios se limitan a atesorar cosas, dinero, a darnos los mejores gustos, sin importarnos nada más y desconociendo que ese tipo vida consumista, desenfrenada, excesiva e innecesaria de bienes y productos, está dejando una huella, una marca que se está convirtiendo poco a poco en potencialmente indeleble sobre nuestro primer hogar, albergue, casa grande o mayor: La Tierra.

Creemos inocentemente, y hasta lo justificamos para ignorarlos, que esos problemas mundiales los tienen que resolver las grandes potencias, los grandes capitales o los organismos internacionales encargados de ello. O peor, por flojera, desidia o por incultura voluntaria, no nos informamos de lo que acontece en el mundo, aún teniendo la herramienta comunicacional más moderna, poderosa y de cobertura global como es el internet.

Pero, el asunto es que el gran problema que tiene la tierra no es que se va a destruir próximamente por causas naturales internas o externas, el gran y mayor problema de que adolece la tierra y que puede conducirla a su devastación somos nosotros, la humanidad, nada más y nada menos, porque el mundo natural es perfecto.

Hago estas breves consideraciones, porque resulta que hace 25 años, en 1992, la “Union of Concerned Scientists”, “Unión de Científicos Preocupados”, grupo científico de apoyo sin fines de lucro ubicado en Estados Unidos, con la rúbrica y autorización de más de 1.700 investigadores de todo el mundo, incluyendo todos los premios Nobel vivos en aquel momento, firmaron un escrito en el que sintetizaban los alarmantes datos del impacto del hombre sobre el planeta. Fue el primer aviso a la humanidad, en cuanto al urgente e indispensable cambio de rumbo que debíamos dar en nuestras actividades, para evitar la colisión con el mundo natural.

Los grandes problemas a enfrentar, eran entre otros: la destrucción de la capa de ozono, la disponibilidad de agua dulce, el colapso de la pesca marina, el incremento de zonas muertas en los océanos, la pérdida de bosques, la destrucción de biodiversidad, el cambio climático y el crecimiento continuado de la población.

Y para ello, debíamos reducir la cantidad de nacimientos para normalizar la población en el mundo, también las emisiones de gases efecto invernadero, eliminar los combustibles fósiles, minimizar la deforestación, además de revertir la tendencia de extinción de la biodiversidad, entre otras advertencias.

Desde aquella época hasta la actualidad, lamentablemente las cosas en el mundo no han mejorado significativamente. El 13 de noviembre de 2017, fue publicado un documento con más firmas que ninguno en la historia y considerado como la señal de alarma que mayor respaldo mundial ha tenido, titulado “Advertencia de los científicos del mundo a la humanidad: un segundo aviso”, en el cual, más de 15.000 científicos de todo el orbe, expresaron que desde el año 1992, a excepción de la estabilización de la capa de ozono estratosférico, la humanidad no ha logrado avanzar lo suficiente en la resolución de los desafíos ambientales, poniendo en riesgo nuestro futuro.

Si bien, se ha avanzado en la reducción de la pobreza extrema y el hambre, la rápida disminución de las tasas de fecundidad en muchas regiones, atribuible a las inversiones en educación de niñas y mujeres, la disminución prometedora de la tasa de deforestación en algunas regiones y el rápido crecimiento en el sector de las energías renovables, todavía no es suficiente.

En el citado documento, hay una lista considerable de recomendaciones, tales como, la creación de reservas naturales, restauración de ecosistemas, procesos y dinámicas ecológicas; el combate a la caza furtiva, la explotación y el comercio de especies amenazadas; la reducción del desperdicio de alimentos; la promoción de cambios dietéticos hacia los alimentos a base de plantas; la reducción de las emisiones de CO2, la promoción de energías renovables, entre otros.

Es inexcusable e impostergable en este momento, para los gobiernos en todas sus manifestaciones, instituciones públicas y privadas, colegios, universidades e institutos de enseñanza, medios de comunicación y de toda la gente, divulgar, publicitar, promocionar o dar a conocer de cualquier forma posible este documento relativo a la “Advertencia de los científicos del mundo a la humanidad: un segundo aviso”, puesto que allí reposan las claves de nuestra supervivencia.

El punto medular es, que la conservación y protección del medio ambiente es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. No hay duda, de que podemos incidir y colaborar desde nuestra humilde postura, posición o posibilidad en la aplicación efectiva de las recomendaciones entregadas por los científicos.

Salvar al planeta debe ser una obligación de todos, porque aunque resulte una simpleza, es el único que tenemos, pero lo tratamos como si tuviéramos otro a donde ir.

En conclusión, creo que el mensaje más contundente que trae este documento, es que definitivamente debemos volver a un estilo de vida más sencillo y replantearnos el ritmo de nuestro consumo, reciclar, evitar botar la comida, usar menos el automóvil y caminar más, evitar comprar y usar bolsas plásticas, no desperdiciar el agua, cuidar a los animales, botar la basura en los sitios adecuados para ello, sembrar árboles, en fin ser más conservacionistas y austeros pensando en el futuro. Porque ese futuro, va a depender de cómo enfrentemos el presente.

 

@LuisRiosDiaz|Abogado|Instagram: @Abog.luisrios

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