16 de Abril de 2018

LUIS RÍOS|Facebook tiene la culpa

“La vida privada de un ciudadano debe ser recinto amurallado”.

Charles Maurice de Talleyrand

Un escándalo a escala global sacude a Facebook, el cual voy a resumir de la forma siguiente: en el año 2014, esta trasnacional dio autorización al profesor de psicología de la Universidad de Cambridge, Aleksandr Kogan, para que recopilara y le diera “uso académico”, a la información que descargaron los usuarios por medio de su aplicación “thisisyourdigitallife”, supuestamente de acuerdo a las reglas que sobre ese particular tenía esta red social para ese momento. Les ofreció pagarles para tomar una prueba de personalidad y aceptar compartir a través de un “me gusta”, los datos relativos a sus ubicaciones, amigos y contenidos. Cerca de 270.000 personas participaron en el estudio, las cuales, fueron suficientes para extraer información acerca de más de 87 millones de usuarios de Facebook.

Según el periódico “The New York Times” y otros medios de comunicación, Kogan entregó esos datos a la empresa Cambridge Analytica, infringiendo así las normas de Facebook.

Cambridge Analytica es una compañía privada que combina la minería de datos y el análisis de datos con la comunicación estratégica, para aplicarlos a procesos electorales y así poder influir en los votantes. Ahora bien, según un delator que trabajó como contratista de la empresa, esos datos fueron presuntamente utilizados en la campaña presidencial de Donald Trump en el 2016. Esta situación ha provocado la apertura masiva de investigaciones por violación a la privacidad en todo el mundo.

Así las cosas, las transacciones realizadas en línea con tarjetas de crédito; las actualizaciones e imágenes que publicamos en las redes; los correos que intercambiamos, así como, las investigaciones o averiguaciones sobre cualquier tema de nuestro interés en los “motores de búsqueda”, dejan una huella imborrable de datos personales en la autopista del internet sobre nuestras inclinaciones, predilecciones, e incluso caprichos o antojos, que son extraídos, almacenados y analizados por medio de métodos estadísticos y computacionales por gobiernos, empresas, organizaciones o particulares con propósitos económicos o comerciales, médicos, de seguridad, políticos y hasta siniestros, llegando a conocer más de nuestras preferencias, estados de ánimo y vulnerabilidades de lo que creemos o podríamos tolerar.

Esto es lo que se ha denominado como “minería de datos”, cuya invaluable mercancía es precisamente la información del internet; de allí, que los datos sean considerados el yacimiento de oro más grande que existe. La minería de datos estudia toda la información y mientras más de ella se analice, mayor será el conocimiento, más oportuna será la detección de problemas y más exactos los pronósticos.

El gran negocio de Facebook, que le produce la mayor parte de sus ingresos, es que al ofrecer un servicio mundial gratuito muy atractivo y atrayente, los incautos usuarios a través de su plataforma vierten todos sus datos personales, comentarios, gustos, hábitos particulares o de consumo, entre otros; y una vez obtenida esta información, la explora, analiza, entiende e interpreta para utilizarla en beneficio de sus clientes anunciantes; o como acertadamente expresara el criptógrafo, experto en seguridad informática y escritor Bruce Schneier, “Los usuarios de Facebook no somos sus clientes; somos su producto, que vende a sus clientes”.

Asimismo, Facebook ha surtido con desenfado información para estudios académicos violando la privacidad, lo que ha puesto en peligro a muchos usuarios e instituciones; muestra de ello es el caso que nos ocupa. Lo que comenzó como una supuesta “investigación académica” de Aleksandr Kogan, terminó convirtiéndose en un provechoso negocio para todos los implicados en la trama que se presume pudo haber llevado a Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos.

Facebook, ha podido escudarse en fórmulas jurídicas para eludir su responsabilidad en este escabroso asunto, puesto que para poder acceder a esta plataforma, los usuarios deben celebrar un contrato de adhesión que se formaliza al pulsar la tecla de sus dispositivos y que contiene suficientes estipulaciones que la liberarían de toda culpa. No obstante, este acuerdo tipo, redactado unilateralmente por el gigante tecnológico, contiene un universo de cláusulas abusivas que el usuario no puede discutir ni negociar; es más, es tan largo y engorroso que la persona no lo lee y termina aceptando sus términos, puesto que su interés principal es formar parte de ese espacio virtual para disfrutar de sus beneficios, concediéndole al final el control sobre la información y contenidos voluntariamente brindados.

Sin embargo, acertadamente el presidente y fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, asumió toda la culpa ante el senado de los Estados Unidos argumentando que todo había sido un gran error, comprometiéndose a proteger la privacidad de los datos de los usuarios del sitio web.

Y es que no podía ser de otra forma, ya que al crear esta red colectiva e introducirla en la sociedad y en el mundo para conseguir el éxito económico, voluntaria y deliberadamente expuso a la gente que la utiliza ante un riesgo, por lo tanto, se le debe exigir un mínimo de diligencia en el monitoreo y eliminación de aquellas contingencias potencialmente dañosas o violatorias de los derechos personales.

Toda empresa en su proceso de producción y distribución de riquezas, provoca de forma no querida e inconsciente la aparición de “nuevos riesgos”, los cuales muchas veces son incapaces de gestionar o distribuir. Las nuevas tecnologías, aparejan peligros incalculables e indeterminables que someten a la sociedad a la incertidumbre; como consecuencia de esto, la inseguridad se ha apoderado de todos los ámbitos de la vida, lo que nos obliga a establecer cada vez más regulaciones.

Y en este sentido, el famoso científico de la computación, conocido por ser el padre de la web, Berners-Lee, ha reclamado una revisión de los principios que rigen el espacio virtual, a fin de establecer nuevas reglas para proteger a los usuarios de los ataques perpetrados por gobiernos y corporaciones, para lo cual propone la elaboración de una “constitución global” con el apoyo de la instituciones públicas, gobiernos y corporaciones del mundo, que regule la privacidad, la seguridad e incluso los derechos de autor y la propiedad intelectual.

La idea no es descabellada, por el contrario resulta necesaria y debemos apoyarla, pero su concreción es verdaderamente difícil, ya que los seres humanos no pensamos como seres unificados; además de que somos increíblemente diversos, y con la diversidad de ideas llegan las discrepancias.

Si bien, las atrocidades cometidas por los nazis y fascistas contra los pueblos que vivían bajo su dominio, en los territorios que ocuparon durante la Segunda Guerra Mundial, motivaron a que prácticamente el mundo entero se pusiera de acuerdo y proclamara la Declaración Universal de Derechos Humanos, en la actualidad, las cosas marchan en una dirección completamente opuesta al globalismo, como se puede ver con el Brexit; en Hungria con el bloqueo de sus fronteras a los inmigrantes; con la popularidad que están alcanzando los partidos que se oponen a la Unión Europea, entre otros.

Podemos pensar que una “constitución global” o declaración universal sobre el internet es inalcanzable, y que tal propuesta seguirá formando parte de las reivindicaciones de millones de personas; empero, nunca la obtendremos si nos quedamos sentados sin hacer nada. Es por ello que la privacidad de datos, como derecho humano universal, debe ajustarse ineludiblemente a un marco legal internacional para evitar su despojo definitivo, más allá de las iniciativas individuales de los países.

 

@LuisRiosDiaz|Abogado|Instagram: @Abog.luisrios

¡SUSCRÍBETE! En tiempos de gran incertidumbre la información clave es esencial…

Tags: , , , ,

advert
Peliculas Gratis Directorio web Gratis Musica online gratis