11 de Mayo de 2015

LUIS GARCÍA MORA|La disolución del país que se nos va

¿Dónde debemos ponernos los venezolanos la imagen de Nicolás Maduro, tan lejos de aquí, retratado en Moscú mientras acompaña a Vladimir Putin en su desfile del Día de la Victoria?

En el país del bachaqueo de los productos de primera necesidad y de los dólares se debate íntimamente (a la intemperie y bajo unas temperaturas inclementes de mediados de mayo) estamos imaginando una salida, un escape. Lo hacemos con las miradas y las expectativas frustradas, con la ausencia de un sueño real de prosperar.

Una imposibilidad de modernidad, de vivir en el mundo de hoy. Y mucho miedo. Pánico.

No terminamos de aceptar eso que nos arrostra la situación cada día: la soterrada tautología de que sólo nosotros mismos podemos salvarnos a nosotros mismos. O al menos intentarlo. Eso sí: comenzando por asimilar que vivimos una crisis de Estado, incomprensible claro está, pero que está ahí. Porque muy adentro de nosotros mismos la negamos y terminamos firmándole un cheque en blanco al despotismo.

La gente de la MUD (y los de “la no-MUD pero sí”, esos liderazgos instalados) cree que el cambio político está cantado y lo asumen, así como han  hecho con las políticas de largo alcance y sus consensos necesarios, pero sin demostrar la voluntad ni la capacidad (ni el seso) para arrancar. Es tal el impacto y el alcance de la degradación institucional que se achicopalan. No sólo el ángulo moral de la crisis, sino también el físico y hasta el intelectual… y vaya que es duro decirlo: no hay nada de estudio ni de reflexión crítica sobre la realidad que nos atosiga y sobre la comunicación de sus ideas.

Y no es por ignorancia: todos saben qué es lo que pasa, después de casi veinte años de ser pasados por la piedra.

Se huele y se respira la violencia. Su violencia.

¿Y la política grande? Pues no está ni en el Gobierno ni en la Oposición.

Después de casi veinte años, nadie escapa a la degradación.

El perfil venezolano es tan tóxico, tan cáustico, que su modelo para perpetuarse en el poder (aunque a un alto riesgo) ha sido adoptado por otros, trazando un perfil latinoamericano de la corrupción, pero con la violencia en el buchepero también la reproducción de conductas delictivas que el poder (llámese Gobierno o Poderes Públicos) se consideran ilegítimas en la práctica, borrándose de un plumazo la línea que separa la ilegalidad de la legalidad, la noción como dice Schamis de conflicto de interés, que les ajena, tanto como el tráfico de influencias. Y ni Maduro ni nadie en este país desde la conducción gubernamental admite una culpa o rinde cuentas de sus actos.

Los funcionarios enriquecidos con cuentas en Suiza o Andorra (y esas cifras mismas, como trozos del PIB) jamás son investigados con alcance y con libertad, so pena de ser demandados penalmente como le acaba de ocurrir a los directivos y periodistas del diario El Nacional, TalCual y La Patilla, con la decisión de darles el país por cárcel como a Teodoro Petkoff (a quien, por lo demás, aprovecho para felicitar con cariño por su merecido Premio Ortega y Gasett).

Aquí la corrupción se ha convertido en el componente de dominación, que reemplaza al PSUV y a los otros partidos, sembrando la maldición política del régimen de partido único clavado en la perpetuación. Un poder que nadie se atreve a investigar, que se solapa, que se enceguece y que ya destruyó las instancias neutrales a las cuales acudir, tras el incendio de la tribuna pública donde han implantado el terrorismo psíquico como método de autoridad.

Es la violencia política, sin cortapisas ni escape, convertida en precedente de la violencia criminal, que copia y que se ejerce como modo de vida, sin algún poder coercitivo y libre en la jungla de cemento.

Granada sociópata, pistola o metralleta en mano (o en el cuartel o la guarida), los violentos parecen estar ya en la madriguera, prestos a actuar.

Después de tantos años de vivir desprotegidos, los venezolanos no ven aliciente en su vida, ni en su patrimonio ni en nuestros derechos como humanos, en un vacío territorial donde nada funciona.

Un país paralizado y vuelto leña, con una ficción de Estado en el que nadie toma en sus manos la crisis institucional. Esta crisis de integridad y de transparencia de quienes trabajan en el servicio público.

Es ese “poder impotente” al cual se refiere Ugalde, el poder de una minoría, de una cápsula de quienes están en el poder en un conflicto in eternum, sin estrategia ni más nada, como un conflicto armado que no es tal pero así se ejerce.

Decía el exguerrillero y expresidente uruguayo Pepe Mujica esta semana que “cuando uno está con las armas en la mano, la política pasa por la mira”. Y es un problema que tienen los hombres armados: “tendemos a ver la estrategia política a través de las armas y desconfiamos de los demás”.

Es decir: se nos ha montado encima a todos una estructura de poder y se hace política desde la visión de quienes controlan las armas de la República.

De ahí esa imagen del presidente Nicolás Maduro retratado en Moscú (como pajarito en grama) contemplando pasmado esa geometría militar perfecta de Vladimir Putin, en lo que fue el mayor desfile de la historia de Rusia en Día de la Victoria.

Se ve como un civil en la Presidencia que parece el único civil, aunque insista en su vestimenta semicastrense. Se ve como un Gobierno que ya es una organización armada. Se ve, como dice Mujica, que a las organizaciones armadas les cuesta mucho tener la capacidad política para negociar.

Así que como amigo, lector, piense y actúe. Hágalo como quiera, como usted lo prefiera. Pero no espere ayuda exterior. Vote. Al parecer va a constituir la única y última ventana, el último mecanismo a la mano (al parecer a finales de este año) para evitar el estallido, para detener la franca disolución de este país que se nos va.

CRÁTERES

El juego nacional está trancado. No se ha conseguido que ninguna élite política demuestre alguna capacidad de dirección para constituir esa síntesis nacional de la diversidad de intereses. En esta situación en la que nadie tiene la hegemonía (ni los partidos, ni el Gobierno ni la Oposición) de recapitular, de compendiar, de reducir a un consenso y construir una salida positiva, después de veinte años de puja, estas élites no convencen a nadie sin siquiera una síntesis de metas, de valores, de principios.

El Pacto Urgente. No se trata de simplificar las cosas e imponer un mecanismo de funcionamiento de los Poderes Públicos. Eso no. Menos cuando no existe detrás un pacto o un consenso social y político de preponderancia de intereses que mantenga una tensión íntima, tolerable y suficiente para imponer, por encima de todo, los intereses nacionales, hoy lanzados a la basura. Y eso debe hacerse desde el poder del más fuerte, claro, pero sin que los demás pierdan sus espacios. Pero no este tejido roto.

Sin nostalgia. Con Acción Democrática, en 1958, se logró una síntesis, un consenso, un equilibrio social. Eso ya desde hace rato se deshizo: se volvió plano, chato. La élite política y empresarial venezolana demostró su fragilidad. ¿Reconstruir una nueva hegemonía libre y democrática? ¿Cómo? ¿Con un Gobierno que no está en capacidad de hacerlo? ¿Con un régimen que no pudo? El chavismo fue creando una escueta élite sin capacidad y con muchas fallas, cuyo único patrón es el dinero. Visto eso, ¿cómo se integra una nueva síntesis? ¿Sólo haciéndose del poder del Estado? Eso no es suficiente.

¿Cómo ganar las elecciones que vienen? Las últimas cifras conocidas indican que en las parlamentarias desde la oposición, hay que lanzarse a fondo para ganar. Desde ahora se perfilan algunos aspectos clave:

  1. Debe haber una participación inusualmente alta, capaz de darle a esa fecha la dimensión de una elección nacional.
  2. Hay que manejar las llamadas “terceras opciones” que están surgiendo al despolarizarse el país, tras esta crisis total de liderazgo, reflejadas hoy en números de opciones distintas del chavismo y la oposición.
  3. Entender que tal como funcionan las maquinarias electorales, la del chavismo falla entre 11 y 15%. Por eso deben llevar a votar a más gente que nunca.

Un predecible añadido. Como es natural en una descentralización política como la que tenemos, los gobernadores chavistas se han convertido en reyezuelos locales. En el interior del país sus gobernadores son el Gobierno. Son ellos quienes realmente se mueven con las empresas para no pararse. ¿Les conviene a esos gobernadores esa repartición entre Cabello y Maduro de los candidatos? ¿O querrán ir con candidatos propios, con lo que Diosdado y Maduro tendrían que sentarse con ellos a negociar, para que los próximos postulados no sean los parientes de Cilia o de Cabello? Una cosa sí está clara: si hoy les imponen los candidatos, no repiten.

¿El futuro de Venezuela en los próximos años? Respuesta: Preocupante (42%). Esa es la palabra elegida por tanta gente. Otras palabras como “Desastre” saca 14%. Es decir el gran país ve con preocupación su futuro pero no lo define ante la ausencia de conducción social. ¿Conclusión? El Gobierno ha logrado confundir y esconder categorías como “Desastre” con un éxito mínimo pero que les basta para que, con su diseño electoral pret-a-porter, haya chance en las elecciones si se logra desestimular el voto opositor.

Tercer camino. ¿Cuántos esperan una opción distinta del chavismo y la oposición? ¡Un 71%! Y en el chavismo duro, en el blando, en los no identificados y en el bloque opositor, la crisis y la falta de liderazgo le pasan factura a ambos bandos.

La última reunión del Grupo Jirahara. Al oír a los representantes de los partidos de oposición quedó la sensación de que se amplía la zona gris en la que se diluyen las posibilidades. Al parecer la oposición no son sólo los dirigentes de oposición sino todos nosotros. ¿Y cómo nos hemos organizado? Nadie sabe. No se tienen respuestas. Nadie habla de nada.

Focus Groups. No se percibe unión de la oposición, sino un desorden. Y nadie cambia desastre conocido por desastre por conocer. Eso diluye el discurso y genera zonas grises. ¿Cómo se puede ganar ese liderazgo? Con el ejemplo. Pero el único ejemplo hoy es de división, de desorden. Ni siquiera hay un grupo de notables independientes alrededor de los cuales se pueda organizar algo.

Oído por ahí. “Nos conformamos con eso, porque pongas a quien pongas somos los menos malos. No hay una comprensión por parte de los principales partidos sobre la urgencia de articular la conducción de la oposición. Mientras tanto, el chavismo se ha ido articulando durante los últimos dos o tres meses, logrando recuperar cohesión y legitimar el papel de Nicolás Maduro como nuevo líder. Él subió a 18 por ciento y el PSUV está en 35. ¿Fue por lo de Obama o porque la MUD no capitaliza todo el descontento de los independientes que están en 22? La gente quiere cambio, pero que no cree aún en la alternativa de la MUD”.

Publicado en Prodavinci

 

2DO ANIVERSARIO VERDADES Y RUMORES-03 350

…La libertad de expresión es un derecho, no una dádiva de quienes ostentan el poder.

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