14 de Diciembre de 2015

LUIS GARCÍA MORA ¿Mantendrá Maduro el oído en la situación?

Que Maduro después del vapuleo del 6-D no salga aún de su perplejidad deja al país más perplejo.

Y sumamente preocupado.

Porque si ante lo que nos anuncia, apenas haber sufrido esta felpa, va a consumir la poca energía que le queda, además de su tiempo físico y mental, en intentar salvar a última hora lo que queda de su prestigio y su liderazgo dentro del PSUV para aherrojarse y aherrojar su derrota, y abandonar el país al garete, entonces sí que puede terminar de llevar a todos a la convicción –ya de por sí muy latente– de que en verdad no entiende, no está descifrando cabalmente, que es lo que está ocurriendo a su alrededor.

No enfrentamos una crisis cualquiera. De política monetaria, o antiinflacionaria, de desinversión o de gasto, sino de ruptura de las cadenas económicas, de desmantelamiento de las instituciones que toman, trazan y operativizan las medidas de política económica.

Enfrentamos una verdadera crisis estructural.

Y aún de intentar tomar él solo la decisión de retejer los conductos y re-institucionalizar, no tiene ni con quién (no dispone de los recursos humanos calificados para esta tarea), ni con qué (no tiene el músculo económico) reactivar la producción paralizada.

Y de mantenerse esta crisis con un tiempo que vuela, nos encaminamos hacia serios sucesos sociales.

Maduro, muy presionado por la base chavista, se ve obligado a convocar de urgencia un congreso extraordinario con 980 delegados del Gobierno y el PSUV, en un intento de poner a todos a buscar explicaciones de lo que ha resultado su más estruendoso fracaso, intentando apresurar lo complejo. Sin percatarse de que lo que está planteado en el grave momento que vivimos no es echarle mas leña al fuego, sino resolver esta crisis.

De cualquier manera, ya hay una fractura importante de reclamo de la base chavista (expresada palmariamente el domingo) del posicionamiento de una directiva autoelecta. De una búsqueda en la base del posicionamiento que siempre se le negó.

Que se materializa entre los asistentes al evento que demandan, exigen, “dentro de una inmensa arrechera con el partido, la remoción de todos los puestos directivos del PSUV”.

Uno de los llamamientos principales desde el arranque por Maduro y Cabello es que no está en discusión la unidad en torno al liderazgo. Pues la unidad está a prueba. El chavismo está llamado a fragmentarse.

“Hay que ser autocríticos” exhorta Maduro, pero eso sí: “NO hay que autoflagelarse”, es decir: “Crítica, ma non troppo”. Jorge Rodriguez, alcalde vencido en su municipio y jefe de la campaña derrotada, culpa del revés ¡al diario El País de Madrid, CNNABC aparte de The New York Times! Y Cabello anuncia la acentuación de la “caza de brujas”, investigando al funcionariado chavista pues la oposición ha infiltrado los organismos del Estado y es la culpable de la calamidad que sufre el país, pues hacen las cosas mal a propósito para que el pueblo se desmoralice, se desmotive.

Sí, se ha sufrido un duro castigo.

Y Maduro atribulado en el mausoleo, firme, de pie, con las manos sobre el sarcófago, clama al cielo y a su mentor reclamándole “Cómo nos haces falta, mi comandante”, y añade “espero que podamos sacudirnos de la burocracia de la corrupción que daña todo y que podamos renovar la revolución”, sin mirar a los lados siquiera.

Como quien le habla a un público amnésico.

Promete reorganizar su gabinete, ¿con quién, con quiénes que no sean los mismos? Que vetará (¿?) cualquier amnistía. Que designará a los 12 nuevos jueces del Supremo. ¡Ante una ventaja de más de 2 millones de votos! Y anuncia a América una difícil encrucijada, una crisis política (saltándose la grave crisis económica y social) porque no reconocería ni compartiría el poder con el Parlamento.

En franco desconocimiento de los Poderes.

Es el lamento del culpable de esta crisis galopante, que ha dilapidado el caudal político y electoral heredado del Chávez que lo ungió. Junto al grave resquebrajamiento de su soporte fundamental: las Fuerzas Armadas. Que según versiones internacionales, hartos de los corrosivos efectos de la crisis, le comunicaron a sus homólogos de los Estados Unidos que respetarían los resultados del domingo. “Comentarios que no solo respondían a la preocupación por la posibilidad de un baño de sangre si se registraba algún pucherazo y la oposición tomaba las calles para impedirlo, sino por el alejamiento de la cúpula castrense de la ortodoxia chavista”.

El mundo se pregunta, comentaba un agudo observador, cuál será el comportamiento de los cuarteles durante el progresivo desmoronamiento del régimen.

La amenaza con la radicalización revolucionaria y la salida a las calles con 20% de aprobación y 90% calificando como negativa la situación del país, no tiene ni pies ni cabeza.

Por otra parte, la Asamblea para nada se anuncia como una institución revanchista. Todo lo contrario. Se cambiará el Tribunal Supremo por el 92% de impunidad en los homicidios. Y como dijo Capriles esta semana, se quiere una administración de justicia que funcione.  Porque se votó por un cambio de rumbo.

Y las prioridades son la economía, lo social y la inseguridad.

Ha habido un cambio en el discurso de la oposición.

Y Maduro debería ponerse a la orden de la Asamblea. Convocando a la unión del país e invitándolo a resolver la crisis económica. Porque el tiempo corre.

“Estamos esperando con mucha serenidad, madurez y humildad que digieran el resultado del domingo”, agregó Capriles, pero “en el primer trimestre del próximo año va a haber algún tipo de desenlace o, si no hay una solución, tener que promoverlo en el marco de la Constitución”.

Así que el aire de guerra civil promovido insensatamente por Maduro, no va.  No hay clima. No hay fuerza. No hay acción. El país solo quiere que se recupere la cordura, el juicio. La ponderación, la sensatez. Hay en marcha un cambio incluyente que unirá al país para sacarlo de la crisis. Para crecer económicamente, generar empleo y bajar la inflación. Y con un bloque monolítico empujando, es difícil que alguien pueda detenerlo.

Lo del domingo es sólo el comienzo.

Muchos avances sociales que se lograron inicialmente desde el régimen han sido erosionados por la debacle económica. La caída del PIB, la megadevaluación, la corrupción sin parangón en América Latina, y la fuga de capitales, hacen que no sea fácil para la oposición resolver los problemas, con Maduro obstaculizando. Por lo que urge avanzar en el proceso democrático con una oposición monolítica, para comenzar lentamente el proceso de recuperación económica.

El reto es mantener la unidad.

La peor recesión en 70 años domina el cambio del ciclo.

Y el voto es un voto castigo. Con una profundísima interrogante en su seno, como señalaba el periodista Juan Jesús Aznarez: ¿Cuál será la reacción de la gente en los barrios, tan ávida de inmediatez, si siente que una mayoría parlamentaria opositora no va acompañada de una mejora en sus condiciones de vida?

Toda transición democrática fue siempre acompañada en mayor o menor grado de movilización ciudadana.

Pues eso sucedió el domingo con el voto.

De modo que ya alcanzado ese paso, hay que impedir que el cambio tenga unos costos sociales altos que impidan la consolidación del régimen democrático.

Como es reconocido por la experiencia, el peor momento para un mal gobierno es cuando sabe que ha fracasado, y debe asumir la grave decisión de reformarse. Y la gravedad de la situación aumenta cuando quienes ejercen el poder se sienten sin argumentos ni capacidad moral para hacerlo.

Por ello, es necesario evitar las provocaciones, y en esto, hay sana conciencia en la MUD.

Lo sabemos. Como sabemos que cualquier proyecto de cambio (desde la oposición) requiere, necesita para funcionar “una voluntad coincidente superior” a la de la mayoría parlamentaria. Una clara voluntad de acuerdo que le preste una indudable solidez (fortaleza, cohesión, densidad) al edificio institucional a la vista, en especial cuando surjan las contrariedades y el conflicto.

Y no hay referencias en que basarse.

Se trata de un fenómeno inédito.

Tanto para la oposición como para el Gobierno.

No debe haber amnesia sino voluntad de olvidar.

Con vastas interrogantes en el horizonte. ¿Cuál es el orden elegido para enfrentar los problemas del país? ¿Primero los de carácter político inmediato, y solo luego los sociales y económicos? ¿Qué va a ser del presidente? ¿Habrá un acuerdo político que consiga la paz social a cambio de satisfacer reivindicaciones sociales?

¿Una estrategia reformista o una ruptura?

Decisiones que se habrán de tomar día a día en un contexto difícil de prever y dirigir. Y como es lo habitual, uno espera que el protagonismo principal le corresponda a los elementos de centro. Particularmente a los más jóvenes y talentosos. Que están ahí. Repartidos por todos los partidos. Y la posibilidad de actuación de los jóvenes solo conocerá lo posible cuando los de mayor edad y trayectoria, se descarten a sí mismos en este período.

El papel esencial de la oposición en la Asamblea, a partir del momento en que se ponga en marcha el próximo 5 de enero, será el de convertirse en alternativa de Gobierno.

Cómo diría alguien ante este fin de año, “En este gobierno no hay orden ni concierto, ni propósito, ni coherencia, ni unidad”. Cuidado, si este síndrome se copia, se duplica, en la oposición. Y por la torpeza de algunos, se produzca una decepción profunda con ese voto del pasado domingo.

Este régimen arrancó con premisas equivocadas.

Y esto ha concluido en alguna forma de democracia incompleta. Que a medio plazo supone un mayor grado de conflictividad política y social.

Vamos a ver cuál es el comportamiento del régimen.

Decía alguien que nos observa desde fuera, Kevin Casas, director del Programa de Estado de Derecho del Diálogo Interamericano, que lo más probable es que luego de este triunfo inobjetable, el resultado conduzca a una enorme colisión política que acabe por ser arbitrada por el poder militar. Si eso ocurriera, dice, Venezuela se condenaría a un colapso económico, a una ruptura democrática y a una explosión social mucho peor que la vista en 1989.

Evitarlo es una responsabilidad de los líderes venezolanos.

Y hace poco, Lula y Felipe González, le han pedido a Maduro desde Madrid, que dialogue con la oposición. Que tiene la oportunidad tras la derrota electoral de las legislativas, de consolidar la democracia.

“Lo que pasó en Venezuela fue importante. Maduro debe aprender que la democracia no es la perpetuación del poder”, apuntó este viernes Lula.

El mandatario venezolano “debería ser consecuente con el triunfo de la oposición. La Asamblea merece abrir un diálogo, una negociación y un pacto, como pasó cuando Lula llegó al poder” en Brasil, apuntó González.

Después del vapuleo del 6D, es tiempo de salir de la perplejidad.

Es tiempo de responsabilidades.

Publicado en Prodavinci

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