20 de Diciembre de 2017

JUAN PABLO CRESPO|En el país de Maduro… ¡Nada se salva!

En esta Venezuela de los tiempos de Maduro, todo lo que puede ser robado, es robado o hurtado. No importa el lugar, la hora, el tamaño o la dificultad. Todo, absolutamente todo lo que pueda ser robado, es robado.

Por su puesto que se trata de un viejo problema en Venezuela, común en nuestros países de Latinoamérica y en muchas otras partes del mundo, pero lo que estamos viviendo en los años recientes parece no tener parangón en la historia de la patria, al menos en lo contemporáneo.

Es suficiente con mirar lo que sucede a nuestro alrededor. No existe espacio que se salve del malhechor. Ni siquiera lo sagrado está al margen, como las coronas de las vírgenes robadas en Zulia; la última, la corona de la Virgen La Milagrosa, en Maracaibo, a principios de este mes.

El saqueo de los espacios públicos es emblemático. Desde el desmantelamiento de una plaza hasta una oficina de atención al ciudadano. Desde un lápiz o una hoja de papel hasta un aire acondicionado o maquinaria que “no crece más” desaparece como arte de magia.  Paralelamente, mantener a salvo lo privado es una tarea tan difícil como conseguir la medicina para la tensión. No importa el cerco eléctrico, las cámaras de seguridad, detectores de movimiento, alarmas, alambre concertina, guachimanes, perros bravo, agua bendita o ramazos… nada está protegido de la delincuencia. Ahora hasta el aceite, las tuercas o retrovisores de un carro forman parte de los objetivos de los antisociales, así como los cables de Cantv, de internet, un bombillo o un alfiler. Tener internet en este país se ha convertido, por cierto, en todo un privilegio, mientras en otras latitudes es una herramienta para el desarrollo.

Las empresas privadas también están siendo saqueadas, algo que antes no sucedía ni cerca a la escala actual. Gerentes o dueños de grandes, medianas y pequeñas empresas invierten millones de bolívares para tratar de frenar el robo interno, pero están perdiendo la batalla porque el ingenio y la complicidad a veces juegan para el mismo bando de cuatreros.

No existe bolso, maletín o cartera que no revisen en un supermercado o establecimiento comercial. En la Venezuela de hoy, la de la “revolución bonita”, todos son sospechosos de quererse llevar algo sin pasar por caja, por muy bien perfumado que se encuentre el cliente. En algunos  casos, cada pasillo tiene su vigilante, quien persigue al potencial comprador con el disimulo de un ojo sobre ti y el otro también.

No está de más decir que la extrema mala situación socioeconómica mucho tiene que ver con todo este vergonzoso panorama, aguda crisis provocada por el régimen empeñado en empobrecer más al pueblo para hacerlo cada vez mas dependiente de la caja con alimentos importados, a cambio de votos.

La tan cacareada construcción del hombre nuevo ha desembocado en un individuo preñado de antivalores, concentrado más en el vandalismo que en trabajar y educarse.

En esta Venezuela de Maduro, nada se salva. Todo, todo lo que pueda ser robado, es robado.

 

Periodista|@juanpamark|CNP 10.474|

http://juanpablocrespo.wixsite.com/juan-pablo-crespo

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