19 de Junio de 2017

JORGE VILLASMIL|Breves reflexiones sobre la irracionalidad política…

….A propósito de la constituyente comunal

Cuando ingresé en el doctorado de ciencia política estaba convencido de que el fenómeno político era una actividad racional que podía ser comprendido y explicado científicamente. Esta premisa que justifica precisamente el desarrollo del aparataje teórico y metodológico de la ciencia política contemporánea, al parecer no aplica para el caso venezolano, donde un grupo importante de personas –principalmente de sectores en emergencia social- siguen apostando de forma demencial a la consecución de un modelo político y económico que nos llevó a la ruina y que, de hecho, ha fracasado abiertamente en todas y cada una de las sociedades donde se ha implementado.

En la ciencia política, es el comportamiento electoral el campo de estudio dedicado a descifrar el por qué las personas ubicadas en sus grupos de referencias, votan de una determinada manera y no de otra. Según Anthony Downs en su obra clásica: “Teoría Económica de la Democracia” el sistema político funciona como un sistema económico, en el cual los agentes –las personas- son racionales y actúan en función de obtener el máximo beneficio con el mínimo costo, lo que significa que en teoría, conocen sus intereses individuales y colectivos y los defienden en la medida de sus posibilidades. Por su parte, Carmen Pérez agrega que el voto es el resultado de múltiples influencias en las que se dan factores de largo, mediano y corto plaza que determinan las identidades partidarias que se traducen, al mismo tiempo, en los gustos y preferencias que cada quien tiene en el momento de votar y que no necesariamente son racionales en el sentido instrumental del concepto, sino que tienen que ver más con la dimensión subjetiva de la vida, y no hay estándares definidos para determinar una decisión política concreta más allá de las excelentes razones que las justifiquen en detrimento de otras.

De esta manera, se infiere entonces que el comportamiento político y electoral no puede ser reducido por su complejidad intrínseca a una dimensión específica de la vida social, razón por la cual, se han configurado al menos cuatro enfoques científicos: enfoque sociológico, psicológico, institucional y económico/racional todos para categorizar y destacar las diferentes variables que propician el voto. Por mi parte pienso que, en nuestro caso, estos modelos teóricos creados en sociedades muy diferentes a la nuestra, poco tienen que aportar a la comprensión de la complejidad de los comportamientos fanáticos que animan a muchas personas a actuar incluso en contravía a sus propios intereses de bienestar y calidad de vida.

El chavismo y su máximo líder siempre se mostró más, para los observadores externos, como un movimiento religioso que no se valía tanto de razonamientos cognitivos en su desarrollo histórico, sino de sentimiento, pasiones, resentimientos, aspiraciones y vínculos afectivos tejidos detalladamente en el marco de un discurso populista entre el líder mesiánico y su comunidad de creyentes. Es de resaltar que este fenómeno obtiene sus condiciones de posibilidad en las contradicciones de la democracia bipartidista que no puedo atender, en un determinado momento, las demandas de los sectores más vulnerables de la Venezuela de la época, ocasionando, en consecuencia, el estallido social del caracazo en 1989 y dos intentonas golpistas en 1992, que evidenciaron entre otras cosas la crisis y colapso en la década de los noventa de lo que para muchos era la democracia modelo de Latinoamérica.

Paradójicamente dos décadas después no encontramos como sociedad en la misma desgracia de padecer la crisis terminal de un modelo político y económico (el socialismos del siglo XXI) que de nuevo no tuvo ni tiene la capacidad para superar definitivamente el rentismo, la cultura generalizada de la corrupción y el clientelismo que tanto daño nos ha hecho a todos, con el agravante de que ahora la clase dominante en el ejercicio del poder se niega a respetar las reglas del juego democrático y se aferra obstinadamente a sus privilegios mientras dificulta toda posibilidad de cambio sistémico a pesar de que la gran mayoría del pueblo lucha por un cambio y los repudia como lo demuestran todos los estudios de opinión.

Ante esta situación de tragedia nacional que nos condena a la pobreza junto a la anulación de nuestros derechos fundamentales, el poder muestra lo que seguramente es su carta definitiva para la instauración del totalitarismo: la Asamblea Nacional Constituyente, con dos propósitos claros, por un lado, perpetuar a la clase dominante en el poder hasta el final de los tiempos, desmantelando la institución del derecho al sufragio universal, directo y secreto, para sustituirlo por votaciones indirectas y corporativas, por el otro, radicalizar el modelo que justamente no trajo a esta devastación nacional ¿Podrá prevalecer este acto monstruoso de irracionalidad política en Venezuela?¿Serán oprimidas las fuerzas democráticas?

@villasmil564|Historiador|Politólogo|Profesor de la Universidad del Zulia

Director de Formación Política e Ideológica de PUENTE

Editor de la Revista Cuestiones Políticas

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