JOHEL SALAS|El desmadre institucional | Verdades y Rumores | Diario Digital
22 de Enero de 2018

JOHEL SALAS|El desmadre institucional

Según los datos del Observatorio Venezolano de Violencia cerramos el 2017 con más de veintiséis mil homicidios o como diría Horacio Blanco con muchos muñequitos de tiza pintado en mitad de la acera. La parca hace su agosto bañando de sangre las calles de esta tierra de gracia caída en desgracia. Allá cayó, allá cayó, seguimos coreando entre lágrimas de resignación y familiarización con lo horrible, mientras inerte miramos como se derrumba el entramado institucional proclive a un pacto de convivencia, siendo sustituido por otras reglas de juego, donde el uso de la violencia y de la ilegalidad se legitiman.

Los homicidios, los robos, la extorsión, los secuestros, la corrupción, el bachaqueo, el soborno, la violación constante a esa institución llamada semáforos, el narcotráfico, la privatización de espacios públicos, el cobro de peajes ilegales, la guerrilla y los paras operando en nuestro territorio, la violencia doméstica, la violencia escolar, la aspiración infantil de convertirse en pran o sicario, el desprecio por la legalidad, la búsqueda fácil de beneficios económicos, los jóvenes políticos con ambición de futuros corruptos, los noveles guardias nacionales soñando que lo pongan en el negocio fronterizo, y otras tantas prácticas nocivas que se han hecho parte de nuestra cotidianidad, son el resultado del derribe de la armazón normativa que prescrita, internalizada y complementada por principios, valores y normas sociales, contribuyeron a regular de forma gratificante las relaciones entre los venezolanos.

Estamos aprendiendo a convivir con formas cautivadas por la violencia y la ilegalidad, convencidos que constituyen la vía más expedita para el logro de bienestar y cuyo accionar no representa ningún riesgo para el transgresor. La impunidad se erige como uno de los grandes motores que impulsan el comportamiento delictivo, en tanto que tenemos la certeza de que no habrá castigo para quien cometa actos delincuenciales. Las cifras de sancionados por la acometida de delitos cada vez más se acercan a cero. Si a esto le sumamos la ausencia de medios de contención morales que sirvan de freno para pasar a la vida delictiva, tendremos toda una autopista libre de tráfico para andar sin restricciones subjetivas ni objetivas en la carrera criminal.

El universo de valores que en otrora nos permitieron vivir con nivel satisfactorio de cohesión social hoy son risibles para un sector importante de una generación decidida a vivir bajo su propia ley y sus propias formas, las cuales, ordinariamente actúan en detrimento de los otros y en muchas ocasiones restando vidas para sumar monedas a sus arcas.

Una pléyade de venezolanos crece en familias patógenas, no solo incapaces de transmitir normas y valores propensos a una convivencia armónica, sino que se convierten en fuente principal de una nueva socialización que privilegia patrones de comportamientos violentos y desconocedores de un pacto de coexistencia ciudadana.

Una comunidad en donde el modelaje social lo hace el malandro como la figura más exitosa y ejemplo a seguir. Donde el maestro es un pendejo más pero el contrabandista de gasolina es el sueño de toda mujer que busca marido y en donde una joven prepago de voluptuosas curvas obtiene muchísimos más ingresos económicos y casi más prestigio que una profesora universitaria, es una sociedad enferma o por lo menos de patas pa rriba. Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé, canta Gardel en su viejo y famoso tango.

Mientras este cuadro de desinstitucionalización para la vida se intensifica, el liderazgo político y el discurso oficial solo exuda ansias de poder. Este tema pasa inadvertido para una dirigencia en la que los de un sector procuran esconder muertos, mientras que otros solo los cuentan, sin preguntarse porqué, tal como afirma el profesor Roberto Briceño León, Caracas es 500 veces más violenta que Tokio, o sin ir muy lejos es decenas de veces más violenta que las ciudades suramericanas de Buenos Aires y Santiago de Chile. El desinterés de la clase política por este tema de vital importancia para el país pronostica un mayor deterioro del ya maltrecho cuerpo institucional formal e informal que apuesta para la vida en común.

La situación es aún peor si consideramos la actuación de la ciudadanía frente al problema descrito, marcada por la búsqueda de soluciones individuales como el cierre de espacios comunes  que fractura el tejido social, la compra de armas, la vigilancia privada formal e informal, el confinamiento en el hogar que tiene como resultado el abandono del espacio público, y por los linchamientos y tantas otras respuestas que incrementan la violencia, a decir del profesor Alexis Romero Salazar para referirse a las mismas son peor el remedio.

Que falta de respeto, que atropello a la razón, cualquiera es un ladrón, cualquiera es un señorque a nadie importa si naciste honrao…los inmorales nos han igualao ..sigue cantando Gardel hoy más vigente que nunca.

 

@johelsalas|Profesor de LUZ|Coordinador en el Zulia del Observatorio Venezolano de Violencia(OVV)

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