31 de diciembre de 2018

EL PAÍS SILENTE|2019: ¿En manos de Dios?

Hace un año, reunidos en la última noche de 2017, recuerdo decirle  a mi primo Humberto, el próximo 31 veremos a Cilia y Maduro en cadena de televisión, bailando nuevamente y gritando Feliz año Venezuela!…por supuesto a mi familiar casi le da un soponcio, se atragantó con el roncito que se tomaba y me refutaba…Estáis loco Ismaelito…y bueno, él, ustedes y yo sabemos qué ocurrió. Pitoniso, profeta, adivinador?…no, sumé. Uno, el gobierno no se quiere ir  más uno, la oposición está perdida, desunida y diezmada, el resultado…Maduro tocando la tumbadora al ritmo de las caderas de Cilia y disfrutando un año más de “revolución bonita”.

Ante la delicada “situación de la oposición venezolana” si algo hubo este año que termina, fue la intención internacional de ayudar, sin embargo, al cierre de 2018, existe un 95% de posibilidades que la imagen de la pareja presidencial celebrando la llegada de un año nuevo, más por decirle al mundo “Aquí sigo” que aquí corrió y demostrando que ellos también se mueven y negocian su permanencia en el poder, persistirá pese a los esfuerzos foráneos de resolver la crisis del país.

 Amigos hay en todos lados y en ambos partes. Este año no fue otra cosa que una enorme NEGOCIACIÓN por la supervivencia de un proyecto fracasado y por el otro lado, por un proyecto que hasta este momento desconocemos y por lo tanto, así como la revolución bonita ha perdido seguidores por su propia forma de actuar más que por el esfuerzo de la oposición de demostrar que hay alternativas,  en el lado opositor, la cuesta, luego de haberse planteado como hacia abajo, ahora es hacia arriba y sobre piedras de rio, pues no se han tomado el tiempo de aglutinar apoyo o re aglutinar, mejor dicho,  necesario para explicar a quienes siguen aquí, el porqué, no de la salida de Maduro, es evidente que todos lo saben, sino de la alternativa, y es por algo muy sencillo, el panorama puede ser desolador, pero quien vive en éste, en esta tierra de nadie, pese a sufrir diariamente las penurias de sobrevivir en ella, teme lanzarse a la oscuridad.

NADIE, en su sano juicio, aunque esté pasando hambre preferirá irse a la oscuridad, porque al menos aquí consigue la comida en la basura, mientras que en la oscuridad ni se ve cómo va a comer. En esta materia, como docente, aplazo a la oposición. Su descuido y fracaso en saber vender el futuro como alternativa es del tamaño del otro, de aquel que se inició en 1999, por eso uno ha sostenido al otro, en una simetría sin precedentes en nuestra historia.

Para poder construir un futuro no se necesita sólo un liderazgo cónsono con la realidad que vivimos, es importante sí, pero más importante aún es formar, motivar, inspirar a los hombres y mujeres con quienes deseas alcanzar ese futuro. Jamás se llegará a poner un pie en el futuro, sino se cuenta con MUCHOS empujando el carro. En nuestra realidad, parte del liderazgo ha asumido una actitud prepotente, de uno u otro lado, porque además, luego de ponerse de acuerdo y alcanzar la EXTRAORDINARIA VICTORIA de diciembre de 2015, a la dirigencia opositora le dio por caer en una espiral egocentrista, que ha fortalecido la idea entre sus seguidores, a escasa horas de acabar el año, de LARGARSE PARA EL CARAJO. Sin seguidores, ¿cómo se apoya algo con votos?

Entonces, 2018 deja una oposición nuevamente dividida o por lo menos dispersa en pretensiones personales. En una que sigue promoviendo las elecciones como salida y otra que considera como única salida la intervención militar internacional y mientras tanto, la revolución sigue repartiendo los pocos perniles, las bonificaciones extraordinarias, los fusiles, focalizados, en pocas palabras, ATORNILLANDO a sus seguidores, aunque sean menos, en el lugar SUFICIENTE para aparentar el desarrollo de una revolución bonita. Algo parecido a una droga, a un opio muy singular  que Goobles, el maestro propagandístico del nazismo, resumió en una frase icónica “Una mentira repetida varias veces se convierte en verdad…”

Sin dudar, hasta este momento, en el que redacto la última columna de 2018, que Cilia y Maduro estarán en la tarima celebrando con su “pueblo” la llegada del nuevo año y respirando con alivio, sólo queda pedir a Dios que el próximo sea el último del periodo comunista venezolano, en mi opinión, una etapa desperdiciada por aquellos comunistas de cuerpo y alma, que creyeron que el chavismo y luego el madurismo, eran su mejor carta para gobernar y ser recodados por siempre. Creo y lamento no equivocarme, que si ocurre la salida de Maduro, su combo y Los Locos, el recuerdo que legarán no será “muy bonito”, cónsono con el que en la práctica llevaron a cabo al intentar hacer realidad su  “revolución bonita”.

Hasta el próximo año…deseándoles un feliz 2019 y esperando, pues no nos queda de otra, que lo que ahora se cree sólo puede ser un milagro, se materialice en los esfuerzos internos y externos para que sea una realidad. Dios nos colocó sobre la tierra para que viviéramos en ella y de ella…no de él.  

 

Ismael Rojas|@Isma64|Periodista

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