6 de Diciembre de 2018

EFRAÍN RINCÓN|No es la guerra económica, ¡eres tú, Nicolás!

Los regímenes totalitarios son expertos en propaganda para transformar mentiras en verdades, con el ánimo de manipular y controlar a sus gobernados y entronizarse en el poder. Una de las características que los identifica es endosarle a un tercero la responsabilidad de sus fracasos e intereses más oscuros. Así actúo Hitler, Stalin, Franco, Pinochet, Somoza y también el dúo Chávez-Maduro. La culpa de las desgracias a la que inmisericordemente someten a sus conciudadanos siempre es de otros, haciéndose acompañar de una doble moral que les imprime un aire de “santidad” convirtiéndolos en los únicos defensores de la justicia. Así son de falsos y mentirosos los dictadores, no importa si son de izquierda o de derecha.

Los venezolanos ya sabemos quién es el verdadero culpable de la debacle del país, a pesar que el régimen se empeñe con un discurso fastidioso en culpar a una guerra económica que sólo existe en sus mentes retorcidas. La guerra económica es el peor pretexto creado por la dictadura para esconder su responsabilidad en la destrucción del país. Guerra económica que sirve para justificar sus descomunales errores, pero no sirve para castigar a los corruptos que saquearon el fisco nacional con más de 450 mil millones de dólares. Sin duda, la guerra que está asesinando silenciosamente a los venezolanos tiene su raíz en la corrupción revolucionaria que enriqueció a un puñado de bandidos, dejando en la peor de las miserias a millones de venezolanos. Esa guerra económica tiene nombre y apellido: socialismo del siglo XXI.

El verdadero rostro de la guerra económica es el brutal saqueo cometido por un grupo de forajidos en contra de los venezolanos. Gracias a la voracidad insaciable por la riqueza mal habida, el régimen destruyó el aparato productivo nacional para obtener jugosas ganancias con importaciones hechas a dólar barato y con condiciones envidiables para los productores extranjeros. En tiempos de vacas gordas, las importaciones a granel paliaron la escasez progresiva de alimentos, insumos, partes y medicinas de origen nacional. Mientras tanto, los delincuentes de cuello rojo y sus testaferros se hacían millonarios con la destrucción de la economía nacional. De igual manera, la devaluación de la moneda favoreció a un dólar controlado para hacer negocios multimillonarios que les permitieron pagar sobornos, ganar licitaciones, comprar bienes e inmuebles en el extranjero y amasar gigantescas fortunas en paraísos fiscales, inclusive, en el mismo imperio yanqui tan odiado por los comunistas criollos.

Ese saqueo impidió hacer nuevas inversiones en infraestructura y servicios, así como mantener las instalaciones existentes. El deterioro en el sistema eléctrico nacional se debe, precisamente, a la malversación de millones de dólares aprobados para modernizar el sistema eléctrico que fueron a parar a manos de ministros y directores del área. Igualmente ocurrió con el sistema de salud pública, tan vanagloriado por el régimen. La prioridad fue abandonar a laboratorios nacionales para comprar medicinas importadas que representaban un negocio muy lucrativo para unos pocos, sin importar la vida de los venezolanos. Los abundantes recursos, que nunca jamás tuvo el país, para erradicar la pobreza, apuntalar a la educación como motor de movilidad social, promover el emprendimiento y construir una economía vigorosa y productiva, se los robaron un grupito de revolucionarios que proclaman a los cuatro vientos que ser rico es malo.

El saqueo y la corrupción destruyeron a PDVSA, la gallinita de los huevos de oro por casi 100 años ininterrumpidos. Cuando la revolución llegó al poder, la producción petrolera era mayor a 3.5 millones de barriles diarios, hoy escasamente llegamos a 1.1 millones de barriles. La destrucción campea en tiempos de revolución montada en el más grande saqueo que país alguno ha experimentado a lo largo de su historia. Esa es la guerra económica que nos convirtió en una sociedad llena de dolor y de miseria. Esa es la verdadera explicación de la hiperinflación más alta y larga del planeta; es la explicación de la escasez de alimentos, medicinas e insumos. Es la culpable de la destrucción del salario real de los venezolanos y de la pauperización del 80% de la población del país. La guerra económica de Maduro es la culpable del mayor éxodo en la historia latinoamericana. Son ellos los que deben cargar en sus conciencias las muertes injustificadas de niños, ancianos y mujeres por falta de alimentos y de asistencia médica. No busquen en otra parte la culpa que sólo ustedes tienen. Por lo menos, sean valientes en admitir que gracias a esta locura desquiciante del socialismo revolucionario, Venezuela hoy está entre los países más pobres y miserables del mundo.

Creo que ya hay suficientes testimonios para entender que el régimen de Nicolás Maduro es la guerra económica, social, política y humanitaria que está azotando a nuestro país. Esta cruenta guerra económica se intensificará mientras el régimen permanezca en el poder. Mientras persista la cultura de la corrupción que ha permeado el alma de los venezolanos, mientras no exista orden fiscal que discipline el gasto público con emisión de dinero inorgánico, mientras no nos deslastremos del asistencialismo y la dependencia perversa con el Estado; mientras esto no cambie, las cosas no van a mejorar a pesar de los esfuerzos que podamos hacer individualmente.

Vamos a unir esfuerzos acompañados de racionalidad e inteligencia para que el país que soñamos sea diferente al que tenemos. Un país en el que sus gobernantes asuman con responsabilidad las funciones emanadas por mandato popular; un país donde no existan excusas ni pretextos para hacer bien las cosas en beneficio de todos los venezolanos. Estoy convencido que podemos hacerlo.

 

@EfrainRincon17|Profesor Titular Emeritus de LUZ

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