8 de Noviembre de 2018

EFRAÍN RINCÓN|Puro circo, pan no hay

La tentación populista ha penetrado históricamente a la política latinoamericana; los populistas de izquierda y de derecha han hecho del “pan y circo para el pueblo” un mecanismo relativamente exitoso para manipular a los estratos más vulnerables de la sociedad haciéndoles creer, por un lado, que el gobierno es el único que puede proveerles lo necesario para vivir con dignidad y, por otro lado, esconder su incapacidad para resolver los graves problemas que agobian a los ciudadanos, manteniéndolos en una situación de minusvalía y dependencia crónica frente al poder del Estado.

En tiempos de revolución, Venezuela ha sido víctima de la política del “pan y circo” hábilmente implementada por Hugo Chávez, quien manejó con absoluta irresponsabilidad la mayor riqueza petrolera jamás vista en nuestro país. Esa coyuntura le permitió proyectarse como el único proveedor de los venezolanos, el salvador que vino a redimir a los pobres execrados por todos los gobiernos anteriores.  ¡Cuanta falsedad, cuanto engaño! Sin duda, el chavismo es la peor estafa que hemos sufrido los venezolanos a lo largo de nuestra historia.

En tiempos más recientes, aún en revolución para desgracia nuestra, el grotesco e inmoral saqueo del país por parte del régimen, acabó con el pan para hacer de su política un permanente circo, protagonizada por la burda teatralidad de actores que nos llenan de vergüenza y de la más espantosa miseria. Esa manera de hacer política la practican todos los niveles del régimen, desde el nacional hasta la más pequeña alcaldía de la República.

En el caso concreto del Zulia, el circo después de unos meses de silencio afloró con motivo de la feria de La Chinita, a pesar de las desgracias que martirizan a nuestro estado y, principalmente, a la ciudad de Maracaibo. En el Zulia, no sólo no hay pan, aquí la vorágine revolucionaria acabó con todo, pero los ineptos que nos gobiernan quieren tapar su estruendoso fracaso con parrandas y shows televisivos para abultar los bolsillos de unos pocos enchufados, sin importarles que al otro día la resaca de la pobreza será peor que durante los días que dure el circo.

Ciertamente en momentos de tanta crispación, la gente necesita recrearse para continuar el duro tránsito por un camino lleno de obstáculos, pero lo que resulta inaceptable y hasta inmoral es que los gobernantes gasten una fortuna en jolgorios de cara a tantas necesidades, cuando el Zulia y su capital se caen literalmente a pedazos. Esa no es la manera para contribuir con la tranquilidad de los ciudadanos, tan necesaria en circunstancias cuando apenas sobrevivimos para no dejarnos morir.

Se gastan millones en circo y en la llamada “fiesta de la luz”, cuando los zulianos debemos soportar estoicamente los frecuentes cortes del servicio eléctrico, aún cuando el gobernador anunció con bombas y platillos la restitución completa de ese servicio; no hay agua potable y la que llega es de muy dudosa calidad; la basura y las moscas pululan a lo largo y ancho de la ciudad, produciendo enfermedades cuando enfermarse está prohibido en este país; la vialidad es un completo desastre, cráteres lunares en casi todas las vías; no hay semáforos, generando anarquía en nuestras calles y avenidas. El hampa ha resurgido con fuerza y no existe un organismo de seguridad que le pongan freno a semejante flagelo. Maracaibo es el reflejo del más grande fracaso de la revolución en la era madurista. Nunca antes habíamos sufrido tanta desolación y abandono. Con qué desfachatez quieren hacernos creer que aquí no pasa nada, porque la revolución como un solo gobierno nos trae la paz, el bienestar y el progreso que sólo existe en la mentalidad de sus incompetentes gobernantes.

En esta miseria y caos generalizado, los gobernantes revolucionarios deben entender que el circo ya no les da beneficios políticos, porque la inmensa mayoría de los zulianos y, particularmente, los maracaiberos estamos reclamando gobiernos eficientes, probos y valientes para enfrentar al centralismo que se ha empecinado en destruir al Zulia. Los zulianos cómplices nos han hecho igual o peor daño que los revolucionarios centralistas. Ya basta de un circo bufón que aumenta las desgracias del pueblo zuliano.

Es momento de pensar en grande a la ciudad y dejar a un lado la prédica del “pan y el circo”. Necesitamos una ciudad limpia, iluminada, ordenada, con calles pavimentadas y semáforos funcionando, parques seguros y bonitos donde podemos asistir con familias y amigos para el sano disfrute y esparcimiento. Una ciudad con seguridad día y noche; con un transporte público moderno y humano; una ciudad con una economía vigorosa y proveedora de empleos productivos y de calidad; una ciudad donde sus ciudadanos se sientan orgullosos de vivir en Maracaibo, que sean respetados y se les motive a cumplir con sus obligaciones con la municipalidad. Si los gobiernos no trabajan en búsqueda del bienestar colectivo, resulta cuesta arriba obligar a sus habitantes a que paguen impuestos y servicios que no funcionan. Esa es la otra realidad que debemos cambiar; mayor involucramiento en los asuntos públicos para vencer la anomia y el conformismo de la gente que termina aplaudiendo a la cultura cirquera en desmedro de los propios ciudadanos.

Apenas faltan once años para celebrar los cinco siglos de la fundación de Maracaibo (2029); el tiempo apremia y demanda de sus gobernantes y ciudadanos iniciativas, proyectos y la voluntad férrea de hacer de nuestra capital la joya del Caribe. Si desde una vez empezamos a soñar con esa realidad, lograremos alcanzar los objetivos. Frente al pan y circo practicado por los gobernantes revolucionarios, antepongamos un espíritu de grandeza, compromiso y de verdadero amor por una ciudad que siempre estuvo en un sitial preferente de la vida nacional. Con seguridad ese sería el mejor homenaje para ofrendar a nuestra Chinita que nos colma con sus bendiciones.

 

@EfrainRincon17|Profesor Titular Emeritus de LUZ

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