5 de Noviembre de 2018

DOUGLAS ZABALA|Las Alcabalas del terror

Por mucho tiempo se ha venido hablando del tema fronterizo, los acuerdos y desacuerdos entre el Palacio de Nariño y Miraflores, desde los tiempos del Comandante eterno, ha sido el comodín más utilizado por los gobiernos de esta revolución socialista. Colombia y Venezuela desde la separación de la gran patria creada por Bolívar no han cesado de intercambiarse afectos, culturas, bienes y por supuesto amoríos generadores de familias colombo venezolanas. Contra esos sentimientos no podrán ni los falsos positivos que desde este lado inventan los sectores radicales del oficialismo y la oposición  ni las verraqueras del ultra radical Uribe.

En paralelo mientras los políticos especialistas y asomaos en la materia, se atreven a balbucear palabras referentes al intercambio comercial, en nuestro casi desaparecido mercado binacional, las amenazas de intervención extranjera con el ropaje de la ayuda humanitaria y el paramilitarismo, siguen negándose hacer parte de una historia ya superada. Estos hechos de forma recurrente aparecen cada vez con más fuerza inusitada, poniendo en vilo la precaria paz de la región.

En ocasión de acercarme al hermano territorio bolivariano, un tanto para ver si podía comprarles unos cauchitos a mi viejo toyotica, y para observar sin intermediarios y opinadores de oficio, la diáspora reinante en los caseríos, pueblos y ciudades cercanas de ese país, pude calibrar en vivo y directo como los irregulares son el nuevo estado paralelo que opera en la frontera. Parafraseando a Chávez, Venezuela limita ahora por el oeste con la delincuencia, una vez que la guerrilla fundada por Marulanda hace rato desmanteló sus frentes guerrilleros.

Mientras cavilo sobre esta otra cara del trajinar fronterizo, justo al salir de la agonizante Paraguaipoa, aparece la primera “Alcabala” a escasos metros de la Guardia Nacional. Allí está el poder armado del terror y la extorsión, hecho un asunto cotidiano para quienes se atrevan a cruzar la frontera. Anuncia el chofer del viejo Conquistador Full Equipo, que todos debemos pagar la “Prote” a partir de estos mecates y hasta donde comienza la raya fronteriza colombiana.

Así se inicia esta operación simulada por la imagen “generosa” de una joven wayuu, quien asoma su cara por el vidrio para pasar revista de la mercancía que le tocará resguardar, junto a otro joven goajiro, que el arma no se le ve, pero si alguien se negara a dejarse martillar, de seguro te darán tu cachazo por la cabeza.  Mientras transcurre nuestro peregrinar del turismo delincuencial con la venia de nuestras Fuerzas Armadas Bolivarianas, voy viéndole la cara a la joven goajira y al otro muchacho que muy bien deberían estar en un aula de clase y no delinquiendo a plena luz de día, en estas tierras desérticas de las que en una oportunidad nos fabuló Rómulo Gallego. Allí van los dos, asidos uno en la parte delantera y el otro encaramado en la maleta del todavía potente conquistador, que se desplaza raudo y protegido por estos dos guardas espaldas de todos los pasajeros, que en medio de un silencio sepulcral, no se atreven ni a decir esta boca es mía.

¡Dale Varón, dale Varón! es el “santo y seña” que le van anunciando al chofer, en demostración de que nada malo va a ocurrir cada vez que lleguemos al próximo mecatillo. Allí estos guardianes sin uniforme, se arreglan con los cobradores del peaje de turno. Mientras tanto a escasos 50 mts de distancia toca la revisada de la Guardia Nacional, quienes con caras amenazantes te observan a ver si eres capaz de denunciar a los paramilitares, para que en el acto te levanten un expediente que de seguro le servirá a la guarnición  militar de la zona, para dar una rueda de prensa y anunciarle al mundo, que detuvieron en flagrancia a cinco  “terroristas” cuando se desplazaban sospechosamente hacia la frontera, con apoyo de Duque y toda la godorria colombiana.

Sean Elenos, disidentes de la Farc, Paramilitares o simples delincuentes extorsionadores. Aquí estamos obligados a frenar estas peligrosas actividades, que a la luz del día y con la vista gorda de algunos funcionarios  civiles y militares, estan copando, casi de forma rutinaria, la vida económica y social de nuestros territorios fronterizos. El gobernador Omar Prieto debe poner en raya a estas alcabalas del terror, antes de que se instalen en cada una de nuestras Urbanizaciones, Barrios y calles del resto de los municipios del estado Zulia. Ya por Amazonas montaron sus verdaderas alcabalas del terror.

 

@DouglaZabala

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