26 de Octubre de 2018

ENDER ARENAS|Contra la política de los grandiosos

Hoy es jueves y la prensa nacional independiente, las redes sociales y la prensa internacional tienen como la noticia más importante la golpiza que sectores del oficialismo del estado Bolívar le propinaron a María Corina Machado. Todas las consideraciones que se hagan para explicar la lógica de semejante brutalidad serían vanas. Torpeza del gobierno o de sus militantes fuera de control, tal vez?, o  “le dimos hasta con el tobo porque nos dio la gana”, pudiera ser también. Lo bueno es que en Upata no había ventanas cerca y a María Corina Machado nunca le dieron ganas de ir a un baño, aunque ganas no le faltarían.

Lo cierto, es que con la permanente crisis partidaria experimentada por la oposición, el agotamiento de ese liderazgo opositor, y la fatiga en torno a las figuras paradigmáticas de esa oposición, se ha ido construyendo la representación social de que el único liderazgo creíble, es el de María Corina Machado.

Todas las voces le atribuyen consistencia y coherencia entre lo que dice y lo que hace, valentía, preparación intelectual, liberal en la política, es decir, adversaria ideológica del actual régimen. Para el venezolano que siempre ha sido afecto al drama y a la telenovela María Corina es una heroína, dice lo que la gente desesperanzada del chavismo quiere oír y parece encajar en la estructura de sentimientos de algunos sectores del país, además, de contar con el apoyo de los sectores radicales de las redes sociales y de los pocos medios de comunicación independientes.

Así que la emergencia del fenómeno María Corina Machado emerge en medio de un contexto, ya lo hemos dicho hasta la nausea, caracterizado porque el liderazgo opositor representado por AD, Primero Justicia, Voluntad Popular, Nuevo Tiempo y Avanzada Popular han hecho un esfuerzo, increíble e inconcebible, por invalidar su propia palabra y hoy aparecen como en el año 2000, más muertos que vivos.

En estas circunstancias la gente necesita construir un nuevo encanto y que alguien se haga cargo de esa demanda de encanto y de ofrecer un proyecto de orden que los seduzca de nuevo, como alguna vez lo hizo Betancourt y Chávez después.

 No es extraño en un país que siempre ha apostado por los salvadores de la patria, apostar por las figuras mesiánicas en quien personalizan sus aspiraciones y necesidad de un cambio y un nuevo orden. Esta vez lo hacen en la más visible de todos los factores opositores de esta hora, es decir en la Machado.

No voy a decirles aquí que adverso a María Corina Machado si ella es lo que hay, okey, echémosle bolas con ella. Pero yo prefiero que el país supere la idea del “salvador supremo de la patria”, cuestión que ya nos ha costado demasiado y jodido tanto que hoy navegamos en la ruina más absoluta. Me gustaría de verdad que superáramos, para el bien del país, de nuestros hijos y nietos, esa perspectiva heroica de la política que nos ha encandilado como una especie de maldición que nos ha perseguido desde siempre.

No aspiro a la toma de Miraflores, tampoco en un nuevo asalto a La Casona. Aspiro a eventos menos episódicos y menos deslumbrantes. Aspiro a un vasto movimiento social, formado por mujeres, ancianos, estudiantes, los que no tienen casas, los homosexuales, los enfermos que no consiguen sus medicinas, los que buscan en la basura un pedazo de comida para entretener el estomago, los que se quieren quedar, los que no se pueden ir, los que se fueron (inclusive), las prostitutas, las amas de casa, profesores universitarios y maestros, los soldados, los indígenas, los trabajadores de la ciudad y del campo, en fin el 80 % que ha visto interrumpida su vida cotidiana para insertarse en la más cruel de las incertidumbre y de la mediocridad ejecutiva y que hartos del abuso de los que han mantenido el poder por 20 años exigen que se les oiga.

Esta gente deberá organizarse no sé si en nuevos partidos o en los viejos partidos que deben entender que el país es más importante que cada uno de ellos, o, también pudiera ser que en otro tipo de organización. En lo que si estoy seguro es que de obligar a realizar una unidad y concertación, de todos los factores del país que aspiran a un cambio de modelo y de gobierno, para gobernar y materializar un proyecto de orden lograran plantarse en el centro del escenario y reclamar para sí el papel que hasta ahora parecía reservado a los partidos y sus dirigentes de siempre y  de algunos nuevos, al jefe militar, al líder carismático, al gran orador, al sobrino del libertador, al hijo del jefe militar.

Esa es la rebelión a la que yo, en lo personal aspiro. La rebelión en la que la política deje de ser el espacio de lo grandioso, de la épica mediáticamente construida y de los sujetos consagrados nadie sabe porque carajo.

 

@RojasyArenas

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