12 de octubre de 2018

ALEXIS ANDARCIA|El soberano hedor del régimen

Los hombres se matan. Se han matado por siglos. Durante mucho tiempo, la eliminación física del “otro” fue la única forma de acceder al poder e imponer las ideas. Entre los mayores saltos civilizatorios de la humanidad está el momento cuando los homínidos empezaron a enterrar los muertos;  recordarlos con rituales y tumbas.

El desarrollo del respeto a la vida y los derechos humanos, no es otra cosa que parte del largo camino por preservar nuestra especie.

Nadie debe morir ni matar por sus ideas. La muerte, en su versión de “asesinato”, es una reminiscencia de aquellos primitivos tiempos. Por ello, los regímenes tiránicos, están emparentados con la versión más oscura del hombre.

Miles de años atrás,  las más avanzadas culturas iniciaron éste salto. Para resolver las contradicciones y gobernar, a través de convencer y dejarse convencer. El recurso de la desaparición física del contrario no tiene otro fundamento que no sea el odio y el miedo a no ser capaz de sostener una idea (el poder) exponiéndolo a consideración. La definición elemental de una tiranía, radica en esa incapacidad.

El régimen que somete a Venezuela,  ha venido deteriorándose; la recurrencia a la violencia,  el terror, se hace cada vez más notoria. La muerte ha dejado de ser un acontecimiento excepcional.  Bien sea, por hambre, falta de medicinas,  delincuencia o el más impactante y mediático: el asesinato por las ideas.

Ha entrado el régimen que hoy representa Nicolás Maduro, en ese túnel que, muchas veces se sabe cómo se llega, pero no siempre, como salir sin ser devorado.

Hoy nos sobresalta el caso de Fernando Albán; ayer el Aviador; luego Requesens; hace unos años los estudiantes  y más atrás Franklin Brito. La lista se alarga y se vuelve prontuario. Ya puede el régimen chavista, o como quiera llamársele, reconocerse en el espanto necrofílico de los “viejos gobiernos de difuntos y flores”.

El régimen tiene hedor. Los vapores de sangre y formol de la morgue, los envuelven a cada paso. El verde militar de sus generales, está sucio y manchado. Son repugnantes.

Cada vez más y con mayor apoyo, el argumento de una intervención humanitaria, se hace imperativo. Cómo hacer política en un país donde existe una altísima posibilidad de ser detenido,  torturado o “suicidado”.

Cómo vivir en un país donde, a la grave dificultad de conseguir alimentos,  medicinas, educación,  se suma no poder expresar tu desacuerdo y activar en ello.

En la ONU, Nicolás Maduro manoseó el manipulado y manipulador discurso de la “soberanía” y la autodeterminación de los pueblos. Pero, nadie elige ser sometido. Nos somete una dictadura, apoyada por militares y grupos de alta delincuencia. Los opositores estamos siendo aniquilados. Urge un auxilio.

La soberanía y auto determinación, en boca de un dictador carece de legitimidad. Un plebiscito o referéndum, con un poder autónomo, revelaría esta realidad.

 

Periodista

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