5 de Octubre de 2018

ENDER ARENAS|Una crisis que se ha vuelto personal

La crisis se ha hecho atmósfera pesada que nos envuelve a todos de mil y una maneras. Es casi una obviedad decir que es política, esto se evidencia, por decir algo, en los abusos del gobierno, en esa increíble efectividad en pasarse la Constitución por el forro sin eructar y además tener los cojones de decir que se es democrático y respetuoso de lo que se viola casi a diario. Es también moral, qué duda cabe, basta leer la lista de los multimillonarios que son afectos y enchufados al gobierno al de antes (el de Chávez) y al de ahora (el de Maduro) que se han llevado en sus bolsillos 800 mil millones de dólares sin pudor. Creen que los escrúpulos son parásitos del alacrán.

Por supuesto es una crisis que le duele a todo el mundo porque le pega en el estomago, la víscera que más se quiere por estos lados (y por otros también). Y ahora yo siento que esta crisis es intima, es personal. La crisis empieza a colonizar nuestro mundo de vida, deshace todas nuestras seguridades. Nos hace cuestionar hasta las cosas que antes hacíamos con placer y que hoy nos producen un desencanto rotundo.

Hoy por ejemplo, que es jueves, exactamente a las 10:30 de la mañana, tengo la convicción que será un día inútil. Tengo que pensar en el artículo del fin de semana y no se me ocurre nada. Pienso que tengo que extraer primero una anécdota política que todos conozcan y puedo abordarla de dos maneras, bien sea,  caricaturizándola o tratándola con cierta sobriedad que a mis lectores aburre.

Pero tengo que agregar que aparte de la ausencia de una idea para articular una nota para este fin de semana tengo una tos que apenas me deja hablar y escribir y que hostiliza mi cuerpo y que lo hace frágil, como el día aquel en un muchacho de mi barrio me envistió a golpes y yo nunca supe porque. Al crecer, los dos ya adultos, le pregunté porque lo había hecho y me contestó: “Es que eras tan flaquito que me provocó”. Tengo que decirles que mi cuerpo nunca ha estado a la altura de mi coraje.

Asi que hasta aquí no se me asoma ninguna idea que no sea llover sobre mojado y hablar de lo jodido que esta el país, de la miseria extrema de los venezolanos, de la incapacidad del gobierno para administrar con eficiencia un país que lo tenía todo y que hoy camina por el continente dando lastima y seguir bla bla bla.

Mejor lo dejo hasta aquí y contarles una conversación que tuve con una persona que ha sido una de mis mejores alumnas: ella se quejaba de la situación – país, como se suele decir ahora y me repetía de cómo, ahora, sentía algo que ella no había sentido hasta ahora: odio a los chavistas, a los enchufados como los llama, ella y casi todo el mundo que conozco. Me hablaba de su miserable sueldo y como el extranjero se empieza a llenar de chavistas que huyen del país pidiendo refugio y asilo, que piden perdón al país y a los que ellos con sus decisiones interrumpieron sus vidas.

Yo le explicaba que había que buscar una salida negociada y darles una salida, un puente de plata, al chavismo si queríamos resolver la crisis de manera pacífica y que le gente tiene derecho a cambiar. Nos referíamos a la jueza que sentenció a estudiantes y a diputados y que, según ella, lo hizo bajo amenaza a ella y a sus hijos y a su familia y que pedía asilo a Colombia.

No le entraron balas a esta vieja alumna y me dijo que está bien, hay que perdonar, hay que olvidar y hay que saludar a aquellos, por el cual muchos nos hemos quedados en el país sufriendo lo indecible y ellos, en buena parte responsables, que se mamaron al país por veinte años y que jodieron hasta el cansancio al país se han ido pidiendo perdón por el desastre y la tragedia que hoy vivimos.

Está bien, perdónemelos, pero, no me sigas jodiendo y, además, no vuelvas a dirigirme la palabra, come flor de la mierda, porque yo estoy jodida, he perdido a mi familia, tengo un hermano preso y un tío asesinado sin razón, que soy doctora graduada en la mejor universidad de Latinoamérica y gano menos que el bedel donde yo trabajo.

Terminó abruptamente la conversación Y me fui, aturdido recordando al muchacho que una vez salió en tromba de un callejón y me cayó a golpes porque mi flacura le provocó.

 

@RojasyArenas

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