30 de septiembre de 2018

LUIS VICENTE LEÓN|Barajita repetida

Hemos analizado los intentos del gobierno para desarrollar una estrategia de abordaje a la crisis económica ocasionada por su propio modelo intervencionista.

Separamos el análisis teórico de los anuncios de apertura cambiaria, anclaje monetario, disciplina fiscal, ajuste de precios de gasolina y flexibilización del sector petrolero, todos ellos en dirección correcta; del análisis de implementación de esos anuncios, que incluye intentos de manipulación cambiaria a través de una “subasta” controlada, la contradicción entre populismo y disciplina fiscal, el falso anclaje de la moneda y los salarios al precio internacional del petróleo, la pobre implementación de incrementos de precios de bienes públicos y la más decepcionante de las estrategias, el anuncio de apertura de mercado y precios, mezclado con un mecanismo de precios “acordados” que terminan siendo tan “negociados” como un matrimonio obligado con pistola en nuca de novio.

Es cierto que la nomenclatura de los anuncios es más liberal, pero su implementación no. Basta mencionar la estrategia hostil de encarcelar gerentes del sector comercial, para concluir que el aprendizaje del gobierno sobre el funcionamiento del mercado es nulo.

Estamos viendo los resultados del intervencionismo: controles de precios que terminan en más inflación, restricciones a la moneda que generan más devaluación, encarcelamiento de carniceros que acaba con la oferta de carne, de panaderos con el pan, de abasteros con el abastecimiento y de farmaceutas con las medicinas.

El resultado de la persecución al último eslabón de las cadenas comerciales sólo incrementa el problema de desabastecimiento y precios. En efecto, la amenaza genera miedo en los empresarios, pero la consecuencia no es estabilidad de precios ni el restablecimiento de la producción sino la explosión del desabastecimiento y el fortalecimiento del mercado negro.

Los comerciantes han tenido ya varios episodios de liquidación compulsiva de mercancías y ya se aplicó en el pasado la estrategia de chantaje penal, apresando dueños, ejecutivos de alto nivel y ahora gerentes y empleados. La respuesta evidente a ese miedo ha sido reducir sus compras al mínimo requerido por debajo de la oferta disponible de bienes en el mercado y de la demanda de bienes por parte de los consumidores. Se genera con esto una ruptura en la cadena de comercialización, que afecta más el desabastecimiento de mercancías al consumidor final, complica los sistemas de distribución, altera el flujo de producción del sector industrial e importador, genera acumulaciones indeseadas de inventarios aguas arriba en la cadena y eleva los costos, reforzando la inflación.

¿Qué hacer? El gobierno reconoció recientemente que todos los modelos productivos que ha aplicado han fracasado y el Presidente asumió la responsabilidad de ese fracaso en cadena nacional. Quizás entonces es el momento adecuado para seguir las recomendaciones alternativas que han hecho la mayoría de los economistas nacionales, rara vez todos de acuerdo: abrir de verdad el mercado, sin presiones, ni chantajes, ni controles maquillados; comprometerse a una real disciplina fiscal, provocar acuerdos productivos con el sector privado y restablecer las cadenas de comercialización, permitir la libre convertibilidad cambiaria, restablecer la autonomía institucional y buscar apoyo internacional para ayudar a la población mas afectada. ¿Es una barajita repetida? Claro, porque esto es lo que dijimos hace 30 años, 20 años, 10 años, 5 años, hoy… y si no lo hacen, igual habrá que hacerlo mañana, pero siempre en peores condiciones y con mayores costos para el país y para el gobierno en funciones.

 

luisvleon@gmail.com|El Universal

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