30 de Septiembre de 2018

DOUGLAS ZABALA|Mi amada Maracaibo

Ayer volví a recorrer la Avenida Libertador por segunda vez en dos días. Este afán de caminante contralor es para ratificarme que por fin hubo una autoridad que pusiera punto y aparte a la letal agonía, que por décadas venia viviendo el casco histórico de la ciudad y el inexpugnable Mercado Las Pulgas de Maracaibo.

Manuel Rosales amagó con convertir a este, otrora emporio del comercio marabino, en un Moll y Gian Carlo Di Martino, hasta un decreto de modernización y reacondicionamiento impuso en su gestión como Alcalde, y por no dejar Evelin Trejo, aunque jamás propuso algo al respecto, en medio de un cerro de basura que dejó crecer a su lado, de vez en cuando anunciaba que dejaría a ese hervidero comercial limpiecito y brillante como el sol que nos encandila.

Todos amenazaron con ponerle el cascabel al gato, pero ninguno se atrevió a dar por terminado con los males de ese populoso mercado y con la red de kioskos y construcciones ilegales, que por años se habían apropiado de las aceras, caminerías  calles y callejones del casco histórico marabino.

Aquí no se trata de simples loas o guiños de ojos, al ejecutivo regional y municipal, más bien es un emplazamiento público a que no pueden dar marcha atrás en este propósito de devolvernos un pedacito del  corazón de lo que en el pasado fue nuestra pujante urbe, y que hoy se asemeja a cualquier pueblo del medio oriente, devastado por una guerra: sin agua, sin luz, sin comunicación  telefónica normal, sin internet y sin trasporte público.

Anduve de nuevo con el cuidado de no accidentarme con las latas y hierros retorcidos, todavía tirados en la carretera producto de la demolición. Es el inicio, pero aun con los primeros tumbes realizados,  comencé a verle la cara a la vieja Calle Derecha, al Pasaje Colon, a la entrada de la iglesia San Felipe, también pude tocar de nuevo las puertas del desaparecido Banco Caracas, en la esquina de la calle Comercio, y ver por los lados del callejón Carique las huellas dejadas por los rieles del desaparecido Tranvía.

Que vale más el trabajo de quienes allí abrían sus puestos todos los días o el rescate de lo que queda de nuestra memoria histórica. Omar Prieto y Willy Casanova, que le busquen sitio a quienes de verdad sean emprendedores del comercio informal, pero  mirar de nuevo desde la esquina del Convento las puertas de San Juan Dios, volver al Malecón, observar de nuevo los frentes de las antiguas casas comerciales y recordar al Mercado de los buchones, Boburito y el bullicio de la gente comprando mercancía de las piraguas, es como para aplaudirle al gobierno la decisión de intervención de las Pulgas y todo cuanto tarantín exista en mi amada Maracaibo.

 

@DouglaZabala

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