5 de julio de 2018

ASUNTO ECONÓMICO|El origen del mal

Las economías hiperinflacionarias tienen diversas características todas negativas y con repercusión directa sobre el poder adquisitivo del ciudadano común, especialmente sobre aquellos con remuneración fija debido a la imposibilidad de ajustar su ingreso al incremento de los precios y tarifas.

El origen de lo anterior puede ser diverso, por ejemplo Latinoamérica experimentó procesos hiperinflacionarios en Bolivia, Perú, Argentina y Brasil; en donde ninguno coincidió totalmente en sus causas más si en sus efectos, sin embargo en caso venezolano parece ser mucho más complejo no solo en lo técnico, sino es aspectos sociales y políticos que complican aún más los análisis y por tanto las probables soluciones.

Inicialmente diremos que los cambios diametrales en la concepción política que rige cualquier sociedad siempre trae consigo consecuencias nefastas sobre los habitantes, esto en el caso criollo es el pretendido paso de Capitalismo a Socialismo, siendo esta última la etapa de transición en la cual se acaba con todo la dinámica conocida hasta el momento para así poder sentar nuevas bases que sustenten la concepción que se percibe como ideal.

En socialismo lo primero que se experimenta es la destrucción del sistema de precios, por esto difícilmente usted como consumidor final podrá encontrar lógica alguna a la dinámica que rige el intercambio de los bienes y servicios entre compradores y vendedores, pero ¿Cuáles factores inciden de manera más fuerte en ese aspecto? Por un lado existen algunos objetivos como el acceso a insumos, salarios y complementos salariales, tiempos de despacho, costos de reposición, impuestos y tasa; dentro de lo subjetivo, está la expectativa sobre el costo de reposición.

Ahora bien, la lógica indica que cuando un bien (puede ser final o intermedio según el sector donde se encuentre) se adquiere a un costo mayor, el mismo (o el bien que sea producido con ese componente) debe ser comercializado a un precio mayor, sin embargo es común escuchar o leer que ante la incertidumbre sobre el costo de reposición de inventarios, cada comerciante o productor decide incrementar los precios para poder adquirir la misma cantidad de unidades al precio de venta que con toda seguridad será mayor; ya aquí se identifican dos problemas graves, el primero se encuentra en las políticas gubernamentales que constantemente rompen la interacción natural entre oferentes y demandantes creando incertidumbre, la segunda está en el hecho de establecer precios y tarifas con poca o nula información sobre los eventos venideros.

Ya centrados en el panorama anterior, se identifica una situación neurálgica en la interacción entre mayoristas y minoristas, pues los precios son tan cambiantes que el mayorista no puede ofrecer plazo de crédito, por lo cual se imposibilita recibir la mercancía a precio nuevo con un plazo que le permita comercializarla y así poder cancelar la factura originada; es decir, si quizá el comerciante minorista pudiese tener cierto plazo para ajustar su sistema de precios, ese dañino componente subjetivo sería eliminado.

Si la situación antes planteada se extrapola a la relación del mayorista con el productor seguramente el resultado será similar, eso sin tomar en cuenta el tema de acceso a las divisas (pues complica absolutamente todo), sin embargo cabe recordar que para los productores con especial vehemencia es aplicada la llamada Ley de Precios Justos, normada, regulada y ya formulada; por eso se evidencia otra falla en el sistema que es regular (para algunos excesivamente) la actuación del productor, mientras que la actuación del intermediario o el minorista no está sujeta a la misma intensidad, eso sin contar que la actividad comercial informal (buhonerismo, bachaqueros y similares) no son objeto de controles ni regulaciones de ningún tipo.

La situación planteada anteriormente origina que el consumidor final esté sometido a la dinámica impuesta por dos mercados que comparten espacio, uno excesivamente regulado e intervenido y otro sin ningún tipo de control.

Se entiende entonces que la economía venezolana está sujeta a controles de precios que originan enormes distorsiones, pero en retrospectiva, surge la siguiente interrogante ¿El antiguo Precio Máximo de Venta al Público aplicado en la llamada cuarta República, constituía un control de precios?

Una vez consultadas diversas fuentes el lógico concluir que sí, por lo que nos preguntamos ¿Por qué dos décadas atrás con precios controlados no se experimentó las distorsiones que ahora se experimentan? La respuesta igualmente posee dos vertientes, una subjetiva y difícil de modelar que incluye sentimientos, experiencias previas, intereses personales y expectativas; y otra objetiva que consiste en el aumento no solo en cuanto a la cantidad de controles, sino en la intensidad de aplicación así como la expansión en cuanto a los rubros; igualmente afecta muy negativamente la falta de controles en el sector informal con los crecientes incentivos para que otros sectores busquen asociación a tales prácticas.

Ya para finalizar y ante el anuncio de unos posibles “precios acordados” dejaremos la siguiente frase: “Todas las variedades de interferencia con los fenómenos del Mercado no solamente fallan en alcanzar los objetivos pretendidos por sus autores y partidarios, sino que traen un estado de cosas el cual -de acuerdo con sus propias evaluaciones- es menos deseado.” Ludwig Von Mises

 

Aníbal Araque|@econ_araque|Economista|Perito|Asesor

economia-integral@hotmail.com

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