4 de junio de 2019

GERVIS MEDINA ¡En Venezuela se requieren décadas para salir de esta desgracia!

Leyendo, el artículo publicado por “Iván García”, en el diario “Las Américas” tomo de él ciertas notas y actualizo su contenido a la realidad venezolana.

La propaganda, es una forma de comunicación que tiene como objetivo influir en la actitud de una comunidad, respecto a alguna causa o posición, presentando solamente un lado o aspecto de un argumento. La propaganda es usualmente repetida y difundida en una amplia variedad de medios con el fin de obtener el resultado deseado en la actitud de la audiencia.

Con frecuencia presenta hechos de manera selectiva y omite otros deliberadamente para sustentar una conclusión, o usa mensajes controlados para producir una respuesta emocional, más bien que racional, respecto de la información presentada. El efecto deseado es un cambio en la actitud de una audiencia determinada acerca de asuntos políticos, religiosos o comerciales. La propaganda, por lo tanto, puede ser usada como un “arma de guerra” en la lucha ideológica o comercial.

En Venezuela, consiste en una política de Estado, en la cual se utiliza a conciencia una institución organizada y equipada con la “propaganda” para someter a la comunidad, apoyada en el control monopólico del poder letal de las armas y se le convierte en un instrumento ciego y sordo, dedicado a agredir a la ciudadanía, para proteger una y otra vez a los amos del poder económico, político y criminógeno.

Para esta cultura, que sólo sabe mandar, acaparar todo el poder, haciendo que el legislativo, el judicial, el moral, y el electoral refrenden por completo lo que ordena el ejecutivo. Los cargos se otorgan a personas incapaces de crítica; pues, atreverse a proponer la menor objeción, equivale a caer en desgracia y perder el cargo (bóveda del miedo).

En esta situación, se utiliza la miseria del pueblo para mantenerse en el poder. No interesa tanto, resolver los problemas o acabar con la pobreza, sino mantener el Poder, al que se subordina todo lo demás.

Utilizan el nombre del “Libertador” para saquear a la nación que tanto les ha dado. ¿Qué quieren los militares de Venezuela?  Siendo los hijos predilectos y mantenidos a más no poder, ahora resulta que quieren disfrazar su postura  posición moral a prueba ¿Quién será más corrupto entre el militar y un político? Están como los ladrones que se acusan entre sí, de quien ha robado más, este régimen que cedió espacio político para dárselo a los militares que se han convertidos en los filibusteros que acaban con Venezuela. Ahora sin pudor ni moral, asfixian a la población, pregonando una guerra que solo es posible en su cabeza; esta pantalla propagandista les sirve para continuar el robo que le hacen al país, que no ha tenido quien le tienda la mano ante el secuestro que se encuentra; es triste ver como la “piccola venezia” pierde cada minuto parte de su vida.

El objetivo de esta elite criminal, es la de distraer a las personas de la realidad del mundo en general y capacitarlas para desear y querer las dadivas que ofrecen, cosas que realmente necesitan, o incluso quieren, mientras les quitan su capacidad de ser autosuficiente e independiente, seguir manipulando los actos volitivos de los seguidores de Nicolás Maduro Moros y su propaganda de guerra.

¡Chávez!, entre aplausos, consignas y una muchedumbre que rítmicamente le coreaba chá-vez, cha-vez… Tras ese baño de masas, hacía gesto con su puño para que la gente hiciera silencio. ¡Entonces arrancaba a hablar! La mayoría de los discursos que pronunció fueron improvisados. Sus alocuciones, extensas, sobrepasaban horas. Solía recurrir al uso de estadísticas comparativas, las cuales le permitían ofrecer argumentos para remarcar lo que señalaba como bondades y diferencias del ¡exitoso socialismo! de corte cubano que, sin previo aviso, había instaurado en el país después del 2006.

Manejaba las utopías y augurios como un auténtico maestro. Sus promesas incumplidas se recopilan por decenas, igual que sus groseras mentiras. Prometió que la agricultura, ganadería estatista produciría tantos productos que “Venezuela” se convertiría en una potencia exportadora de esos alimentos, para todo el continente.

Declaraba en sus primeros años de gobierno, que no era “comunista” y que organizaría elecciones democráticas. Sabía cómo manipular a la muchedumbre popular.

¡El chavismo! no es una teoría con base científica o una determinada metodología. Tampoco una doctrina filosófica o ideológica. ¡Es una sarta de palabras sueltas! que se pueden leer en las miles de intervenciones de “Chávez”, atornilladas por el cuarto de guerra de propaganda del PSUV como un mantra político a seguir.

Chávez, siempre tuvo segundas intenciones ocultas. Le gustaba parecer desparpajado, irreverente y nacionalista. Su mesianismo lo llevó a despilfarrar el erario público y exportar su modelo socialista a la mayoría  de los rincones de “América Latina”.

Él estaba convencido, que era más inteligente y listo que el resto de los venezolanos. Usurpaba funciones de expertos en materia petrolera, ganadería, agricultura, ciencias sociales, filosofía  industria y comercio, a tal punto, que a su súper estrella “Ministro de Economía” le decía que esos eran momentos para el pueblo, no para números y estadistas; a la vez que llevaba a cabo sus delirantes proyectos sociales y económicos.

Cualquiera de sus teorías se convertía en un cúmulo de improvisaciones que a golpe de talonario público se establecían como preceptos dentro de la economía popular que él mismo creó.

Dejó una lista de directrices políticas que no se debieran repetir, como administrar por decreto mediante un gobierno paralelo sin respetar la  “Asamblea Nacional”, ni tener en cuenta las opiniones contrarias; estatismo, centralismo, represión, no escuchar a la sociedad experta. Fue pura improvisación. Por tanto, el chavismo tiene un cimiento endeble. Se basa en una abrumadora maquinaria burocrática que aparenta seguir al pie de la letra las ordenanzas oficiales. Pero al ser un sistema demencial, provoca descontroles que son aprovechados para robar, asesinar y lucrar.

Los que pretendan desmontar al chavismo, tendrán primero que barrer hasta el último resquicio del pernicioso burocratismo. Un burocratismo que según cálculos extraoficiales, podría estar conformado por más de cuatro millones de personas que como sanguijuelas chupan al Estado. Haciendo paréntesis en los 14.978 militares activos que se encuentran en la mayoría de los cargos públicos estratégicos. Con sus más de 2.000 Generales activos de las Fuerzas Armadas Nacional.

Los burócratas chavistas, no tienen una ideología definida. Son cortesanos, repetidores de las consignas de moda. Se alimentan de transgresiones y actos delincuenciales que han aprendido a camuflar de legalidad.

¡Con el tiempo, los burócratas se han convertido en un quiste mafioso! Cuando el régimen ha ordenado una batida contra la ineficiencia y el burocratismo, se atrincheran y se resisten a cambiar, a pesar de jurar que así será. La democracia los dejaría en el paro. Un gobierno transparente y una economía de mercado serían un veneno eficaz para una burocracia que vive del robo, el lucro y la malversación.

A la potente burocracia criolla se suma el entorno que rodea a los ‘caciques’ del partido y ministros de turno. Personajes a quienes el sistema les garantiza cierta calidad de vida a cambio de lealtad. El poder es tentador, sobre todo en países autoritarios, donde casi nadie rinde cuentas, las huelgas y manifestaciones están prohibidas y no se celebran elecciones libres y democráticas, al estilo occidental.

Dentro de una autocracia, el poder es un juego de ganar-ganar. La prensa no le critica ni les canta las cuarenta. La gente echa pestes del gobierno, pero en voz baja. Y encima, cuentan con el acompañamiento de los servicios especiales, que más que proteger la Seguridad Nacional se han transformado en la guardia pretoriana del propio poder. Desarmar un tinglado dictatorial de veinte años lleva tiempo. Serían necesarios grupos opositores reconocidos por la ciudadanía, capaces de convocar movilizaciones callejeras. Grupos armados internos o externos para frenar la represión. Pero la disidencia venezolana no cuenta con lo uno ni lo otro.

Para eliminar al chavismo, no basta con la muerte de su fundador, ni de su hijo. Tal vez, en algún momento, a los poderosos empresarios militares les molesten las absurdas reglas de juego y decidan comenzar a socavar el statu quo. O surja una agrupación opositora, amplia y cohesionada, que mire hacia adentro, hacia la gente de a pie y empiece a tender puentes con sectores populares y artistas e intelectuales jóvenes. ¡A corto o mediano plazo, en el panorama nacional se vislumbran dos posibilidades, una mala y otra buena!

¡La mala! que en las actuales circunstancias, a pesar de una economía que hace aguas y una crisis sistémica, al chavismo le queda combustible para maniobrar y mantenerse a flote.

¡La buena! es que las sociedades de criminales no funcionan y terminan capitulando.

Pero, ¿cuándo sucederá? Es la pregunta que cada día al levantarse se hacen los venezolanos. Pero mientras, ¡En Venezuela! se requieren décadas para salir de esta ¡Desgracia!

 

gervisdmedina|Escritor|gervisdmedina@hotmail.com

 

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