8 de Noviembre de 2017

ENDER ARENAS|Rosales en los días del futuro pasado

La política es más difícil que las matemáticas

Albert Einstein.

Después de las elecciones de 1998 los grandes partidos conocidos habían quedado maltrechos. Habían sido despojados del poder por una nueva fuerza política de naturaleza carismática y autoritaria que había llegado con la certeza de quedarse para siempre, planteándose transformaciones que serian duraderas y que ejercerían el control en el funcionamiento global del país, gracias a las mutaciones que introduciría en las Fuerzas Armadas.

Cuatro años después en el 2002, con los eventos de abril de ese año, la palabra partidaria había quedado, por decirlo de alguna manera en una suerte de exilio interior. Había perdido la conexión de sentido con la sociedad venezolana y cuando se produce el incremento de los precios del petróleo en el 2004-2005 la oposición es casi inexistente, había desaparecido de la Asamblea Nacional a cuyas elecciones se había abstenido. Los partidos y su liderazgo habían decidido a no tener existencia institucional y dejaron al ciudadano sin representación.

Es frente a esta crisis de representación que emerge la figura de Rosales en su dimensión nacional, para enfrentar al liderazgo de Chávez quien se había fagocitado a toda la oposición a quien le imponía el mote de “escuálida” no sin razón, especialmente, después del golpe de abril y del paro petrolero.

Rosales obtuvo entonces 4. 292. 466 votos, esto es, el 36.91 %, sin el apoyo de AD. Nada mal para una oposición que había quedado pulverizada tres años antes y que solo tuvo dos meses y medio de campaña.

La candidatura de Rosales tuvo entre otras cosas, tres grandes virtudes: primero, devolvió  a los partidos al centro de la escena política  (de hecho su candidatura estuvo apoyada por 43 organizaciones partidistas); segundo, frente a la política autoritaria de Chávez planteó a la democracia como algo indisoluble a recuperación de la política; y tercero.  Produjo un nuevo clima de época caracterizado por expectativas más racionales que contribuyeron al crecimiento definitivo del movimiento opositor.

Fue una campaña heroica pues se enfrento a un Estado todo poderoso, donde el precio del petróleo superaba largo los 50 dólares dólares (para subir constantemente hasta llegar en 2008 a 147 dólares por barril) y el optimismo despreocupado que siempre ha caracterizado al venezolano parecía cristalizarse para siempre como forma de vida.

Hoy de nuevo emerge la figura de Rosales, esta vez en circunstancias políticas diferentes, pero en un clima social y económico más grave, para hacerse cargo de una nueva campaña que será tan heroica como la anterior, primero porque releva a un gobernador elegido democráticamente, que después de los esfuerzos ciudadanos para su elección decide no juramentarse por la razones ya conocidas, lo cual deja al pueblo que lo eligió sin su representación. Segundo, se está enfrentando a un Estado que si bien no tiene la legitimidad del gobierno de Chavez, cuenta con fuerzas de facto que han cambiado resultados electorales que el ciudadano se ha dado y tercero se enfrenta también sectores opositores que se han convertido en una verdadera máquina de guerra que lo bombardea a diario y que se atribuye a sí misma las mejores y nobles causas y los mayores sacrificios en nombre de “los principios”, esa especie de “ideología” que sin filosofía ni metafísica trata de matar al otro con epítetos peyorativos.

No la tiene fácil Rosales. Y todo el Zulia debe elegir el 10 de diciembre entre este hombre que ya ha sido probado en funciones de gobierno y el candidato opositor Omar Prieto. Uds. elijan.

 

@RojasyArenas

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