17 de Marzo de 2018

ENDER ARENAS|Pensar en la transición (II)

La semana pasada en una especie de crisis profesional me la di de sociólogo y trabaje sobre la transición, que sin lugar a dudas, se va a producir en país como resultado de la peor crisis vivida en nuestra vida republicana. Pero, además, la crisis de identidad profesional era tan brava que hasta les ofrecí una parte II.

Vainas mías, porque ahora me hubiese gustado escribir sobre la misa dominical a la misma que en función de observador y acompañante asisto con mi mujer a la iglesia San Onofre.

De verdad, “Os digo”, no sé como el sacerdote puede dar la misa. Es un real ejemplo de perseverancia y devoción, porque los feligreses en un número muy importante se les ocurren llevar a sus hijos lo cual debe ser por aquello de “dejad que los niños se acerquen a mí”.

Bueno, aquello es de antología: a los más grande el padre o la madre les lleva una “tablet”  el carajito, por supuesto empieza a jugar con el aparatico, pero el hermano menor al que lo complacen dándole el celular de la madre o del padre quiere jugar con la “tablet”, allí empieza el forcejeo y comienzan a darse pequeños y disimulados puñetazos, el padre le da un coscorrón al menor que se pone a llorar, El llanto se confunde con el “Hosanna, Hosanna” que canta el coro. Atrás hay una niñita como de ocho o nueve meses que llora porque quiere que la tía, que está sentada en la primera fila de la iglesia, la cargue. Otra llora por el tetero que la madre lo ha dejado en el carro y el coro sigue: “cordero de Dios que quita los pecados del mundo” y por lo menos media docena de niñitas de tres o cuatro años están jugando con Moana y Maui. Y, muy cerca de allí, de pasito, muy de pasito, casi inaudible, un padre le dice a su hijito: “coño, deja ya de joder, deja que lleguemos a la casa”

Bueno, en fin, para volver a lo prometido, la misa se transforma en una suerte de berrinche colectivo y yo digo y me digo “qué carajo escucha la gente”.

Es la última vez que hago la promesa de anunciar la continuación de lo escrito la semana anterior, a uno se le quitan las ganas.

Decía en esa primera parte que la solución estaba en las instituciones. En el caso nuestro, después del asalto a las instituciones democráticas, es necesario la reinstitucionalización del país, esto es fundamental si queremos que Chávez y Maduro sean los últimos dictadores que tendremos.

Cuando resalto la importancia de las instituciones lo que estimo es que la democracia no es el resultado de compromisos del tipo sustantivo, pues estos no son vinculantes y, por ejemplo, los partidos políticos que contraigan un compromiso de naturaleza sustantiva pueden echarse para tras, por la naturaleza no vinculante de los mismos.

De allí que la transición debe estar articulada por acuerdos sustentados sobre instituciones democráticas que fije los parámetros de un pacto institucional sobre normas y procedimientos que le brinden garantías y una razonable seguridad a los actores políticos y sociales  que asumen los acuerdos.

Es necesario un gran acuerdo o pacto social o como se llame, pienso que este debe tener un carácter “triangular corporativo” entre trabajadores y sectores medios en general, el Estado y los empresarios con el respaldo de un cuadro político- institucional que garantice, primero que los trabajadores y sectores medios obtengan una mejora sustancial de sueldos y salarios en el futuro que le permita la recuperación de sus ingresos y el de sus familias a cambio de que en el presente inmediato, mientras se recompone el sistema sociopolítico y económico, presenten una moderación salarial. Los empresarios deberán responder a las expectativas de los trabajadores y sectores medios sus expectativas de la mejora salarial en el futuro con un incremento de la inversión y de la producción y por supuesto de materializar lo acordado en cuanto al incremento salarial, el Estado por su parte garantizaría que sobre sus hombros reposaría el mayor peso de la solución de la crisis garantizando la normalización institucional del país y se compromete con no expropiar, ni nacionalizar las ganancias producidas por el sector productivo. Esto no se lograría con un acuerdo sustantivo, tiene que ser institucional.

Mientras tanto, ahora mismo, deberíamos todos luchar para recuperar el mecanismo esencial de la democracia que está herido de muerte: el sufragio y educar a la gente para que el riesgo de  la tiranía sea ahora un mal recuerdo y nunca jamás volvamos a vivirla.

 

@RojasyArenas

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