6 de Enero de 2018

ENDER ARENAS|Memorias de un viaje

Me encuentro en Bogotá. Hice un viaje que parecía interminable, por tierra hasta Riohacha con el corazón en la boca y por avión hasta Bogotá. El chofer que me llevaba hasta la frontera me describía una película de terror: “amigo hago este viaje por pura necesidad, esto es sumamente peligroso. Lo más seguro es que nos atraquen y encomendarnos al señor es lo mejor para que, incluso no nos maten.” todo el viaje por más de tres horas, quizás cuatro, fueron escenas de atracos, secuestro y crueles asesinatos.

En un momento del caluroso viaje me dije: carajo como que es verdad. En efecto tres tipos y una mujer todos de la etnia wayuu semi enmascarados y con gestos poco amigables nos pararon pero solo fue para pedir dinero, estaban parando a todos los viajeros y a escasos cien o doscientos metros había una alcabala de la GNB.

El trayecto transcurrió sin problemas aun cuando los cuentos del chofer se parecían a los cuentos de la cripta.

Después de una parada en la frontera en donde los amigos del SAIME me quitaron 200 mil bs por no sé qué vaina tenía mi pasaporte pude llegar al aeropuerto de Riohacha y allí tomamos el avión a Bogotá.

Ya en el avión me senté al lado de un señor que sudaba copiosamente y decía querer bajarse del avión, presentía algo malo y tenía opresión en el pecho. Recordé la película Destino Final y les aseguro que de haberlo bajado del avión yo me hubiese bajado también, finalmente no pasó nada y llegué a una ciudad donde había navidad

La primera noticia que leí en los periódicos colombianos no pude dejarla de comparar con lo que justamente acababa de ser anunciado por Maduro: se había llegado por un acuerdo entre empresarios, trabajadores y gobierno fijar el salario mínimo. Alguien puede no estar de acuerdo con el incremento pero el caso es que mediante una salida negociada con los actores más significativos convinieron en el salario mínimo establecido. Eso ocurre en una democracia. En Venezuela el salario mínimo fue una imposición que no se compadece con los niveles de inflación que destruye la economía venezolana.

Bogotá es una ciudad fría, algo gris y llena de carros. Hay luces y adornos navideños en todos los grandes mall y la gente muy educada no se cansa de decir gracias y de expresarte atenciones. Ah! llueve abundantemente aguaceros casi tropicales.

Ahora leo el artículo de Ricardo Hausmann en el que propone una intervención militar después de manejar un buen número de argumentos, sin embargo su propuesta me ha llevado a la conclusión de que los extremos se tocan: los sabios y los ignorantes se dan de la mano.

Hoy es jueves y como casi todos los días el cielo de Bogotá es gris y yo extraño el cielo más bonito del mundo: el de Maracaibo.

 

@RojasyArenas

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