29 de Julio de 2017

ENDER ARENAS|El silencio

Escribo  mi nota semanal los días jueves. Son jueves por lo general llenos, por ejemplo, de la gritería que hace la señora que, en un rustico vehículo construido a partir de una bicicleta, recoge la basura, pues hace tiempo que quien debería recogerla, por las razones que sean no lo hace. Hay otros ruidos, propios de la calle donde vivo. Pero este jueves no. Todo es un ensordecedor silencio que anuncia que algo pasa al no pasar nada.

Que quiere la gente cuando decide que la mejor manera que pase algo es que se paralice toda actividad posible, es decir, convertir el silencio en un absoluto. Unos dirán que la economía funcione, pues en última instancia lo que quiere la gente es comer, tener salud y tener un margen más o menos bueno de seguridad material. Otros, seguidores de Platón, sin saberlo, inspiran, expiran y respiran y dicen que en un país donde la justicia es realmente mutiladora es necesario rescatarla.

Pienso que todos queremos rescatar una institución que el chavismo se llevó por delante: la libertad a secas, pero sobre todo la libertad de elegir, la libertad política, que es el valor sobre la cual se organizan y se garantizan otros valores, tales como la justicia y el orden, para referirnos solo a dos que andan de capa caída con Maduro y el régimen chavista y ojo, es lo que diferencia a una sociedad con vocación de modernidad de aquellas que son profundamente reaccionarias.

Por eso, que guste o no, estamos en presencia del proyecto político más reaccionario de la historia del país, independientemente que quienes manejan el poder se desgañitan a diario hablando de amor revolucionario, desarrollo revolucionario, progreso revolucionario y etc. revolucionario.

Cuando se plantea la recuperación de la institución “Libertad”, no se hace para hablar o escribir pasguatadas ni se hace en el sentido de recuperar una cuestión de carácter y naturaleza divina, nos referimos a “la autonomía del individuo para establecer y revocar leyes, elegir y deponer a gobernantes, disfrutar de garantías jurídicas y de la posibilidad de explorar por cualquier medio no lesivo para otros la plenitud de su subjetividad”.

Seguramente esto le suene a algunos a neoliberalismo, pero, para nada debe leerse esto en esa clave, pues  no quiere decirse que la recuperación de la democracia como forma de organización del orden, después de pasar por la dictadura, se olvide de algunas virtudes fundamentales, tales como, la solidaridad, el compromiso con los pobres y la austeridad en el manejo de los dineros públicos.

Solo les quiero recalcar, una vez mas, que cada vez que el “bienintencionado” populismo o en este caso el socialismo del siglo XXI imponen por la fuerza tales virtudes, no solo colapsan y distorsionan  la actividad productiva sino que pretenden obstaculizar el desarrollo de la voluntad  del ciudadano exigiéndole unanimidad obediente, si eso llega a materializarse, como casi ha sucedido en el país e insisten en ello, estaríamos frente a una de las variedades de despotismo más terrible de todas las formas conocidas. Por eso, para evitar esa catástrofe, creo que el silencio de mi calle es un silencio delicioso.

 

@RojasyArenas

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