6 de Noviembre de 2016

ELECCIONES|La batalla más oscura por la Casa Blanca

El martes llegará a su fin la agresiva carrera por la silla presidencial de Estados Unidos sin un liderazgo claro y con el mal sabor de una campaña en la que abundaron los insultos y escaseó la política.

El temor por la posibilidad de la llegada a la oficina oval del republicano Donald Trump –que entre los estadounidenses es visto como una especie de Hugo Chávez– impulsó el voto adelantado, movió al propio presidente Barack Obama a hacer campaña por la candidata demócrata Hillary Clinton y dio alas a candidatos independientes

— ¿A cuánta gente ha matado Hillary Clinton? —pregunta el joven mientras se acaricia el bigote con gesto de satisfacción.

 —A nadie.

 —Ok, déjame ponerlo así: ¿a cuánta gente ha matado indirectamente por las decisiones que tomó como secretaria de Estado?..

  • ¡Ah! No sé. Quizá algunas personas murieron por sus decisiones.
  • Por eso yo voto por Donald Trump, ¡porque no ha matado a nadie!
  • ¿Y quieres un presidente que no pague sus impuestos?

 — Se valió de la ley para no pagar sus impuestos. Eso no está mal. No ha matado a nadie.

El seguidor de Trump es Humail –pidió resguardar su apellido–, un inmigrante de Pakistán que vive en Washington DC desde 2002. Trabaja en un restaurante en Dupont Circle como mesonero y, aunque llegó al país de manera ilegal, no duda en apoyar con vehemencia a un candidato que, entre otras cosas, prometió construir una pared en la frontera con México para detener la inmigración ilegal.

 “Trump es como Hugo Chávez. A mí me gusta Hugo Chávez porque era directo y no aceptaba mierda del sistema. Se peleó con los americanos para ayudar a los pobres. Clinton es de las familias que siempre han controlado esto, como los Bush; en cambio Trump es un outsider que realmente quiere ayudar. No necesita dinero. No sé si le dejen ganar. A ellos los frenan, dicen que ataca a mujeres. Mira a Chávez: a él lo asesinaron, ¿sabías?”, opinó el pakistaní.

A dos días de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, al recorrer ciudades como Washington DC, Indianápolis y Phoenix no parece que unos comicios de tal importancia estuvieran a la vuelta de la esquina. En Venezuela todo giraría alrededor de eso. Solo en las casas de algunos voluntarios de campaña –una por urbanización, con suerte– se puede observar algún afiche de los candidatos. Por estos días los estadounidenses estuvieron más pendientes de que los Chicago Cubs ganaran la Serie Mundial del beisbol luego de 108 años sin hacerlo; a no muchos les quitaba el sueño la posibilidad de que una mujer llegue a la Casa Blanca por primera vez en la historia del país.

La política vibra en Estados Unidos, sí, pero en los medios de comunicación, no en la calle. Las palabras de Humail reflejan lo que ha sido la campaña en la televisión, la radio e Internet: un sinfín de ataques personales entre los dirigentes, de argumentos rellenos de aire.

La candidata demócrata achaca a Trump ser ofensivo con las mujeres y le reprocha constantemente que no pague sus impuestos, mientras que el candidato republicano la llama “sucia” (nasty) y la ataca por supuestamente haber utilizado su correo personal para recibir información que compromete la seguridad nacional cuando era secretaria de Estado.

Los ciudadanos no escapan del conflicto y en lugar de discutir –o exigir que se discutan– las principales propuestas de los candidatos, se enfocan en exaltar los defectos de su oponente.

“Ninguna mujer en su sano juicio votaría por Trump”, se lee en la camiseta de Jim Curtis, economista retirado que trabaja como voluntario del equipo de campaña de Clinton en Indianápolis. Con orgullo, Curtis destaca que la frase es de Barbara Bush, esposa del ex presidente republicano George H. W. Bush.

La sede de campaña por Clinton en Indianápolis está ubicada en un pequeño centro comercial de la ciudad. El tiempo transcurre lentamente en el lugar. Los voluntarios pasan 80% de la jornada haciendo llamadas para verificar que los demócratas convencidos vayan a votar. A veces hay alguna visita casa por casa, y ahí culmina la emoción proselitista.

Casa Blanca

El lugar está abarrotado de mensajes de apoyo a la candidata. Los demócratas se esfuerzan en demostrar que están abiertos a todas las culturas, géneros y razas: “Mujeres sucias apoyan a Hillary”, se lee en una pared, mientras que en otra aparecen palabras de respaldo a la aspirante por parte de las comunidades Lgbti, afroamericana, estudiantil y trabajadora.

Curtis, que para estar en sintonía con la apertura de su partido alardea de un decente español cada vez que puede, admite que la campaña presidencial no ha sido como los estadounidenses merecían, pero culpa a Trump por eso.

“Pudo haber sido una extraordinaria campaña, pero Trump no lo permitió. Hillary quería discutir ideas, presentar su proyecto de país. Ella es una persona con una visión clara, una persona que arregla cosas, mientras que Trump es una persona que rompe cosas. Rompe tratos, rompe promesas, y destruyó la campaña, se dedicó a atacar y a insultar”, añadió.

Noah Wall, director nacional de campañas en Freedom Works, organización que asesora a candidatos que apoyan la libertad económica, impuestos más bajos y menos gobierno (republicanos todos), admite que esta campaña presidencial ha sido deficiente porque se centró más en la personalidad de los candidatos, en vez de abordar los asuntos que realmente importan a los estadounidenses, como la economía, el sistema de justicia y la política internacional.

“La mayor parte del ciclo de esta campaña se ha centrado en insultos, en lugar de sustancia, lo que no es conveniente para nuestra democracia. Creo que el señor Trump es un reflejo de la incapacidad de Washington para abordar los asuntos que importan a los americanos”, agregó el experto.

Craig Holman, miembro de Public Citizen, ONG con sede en Washington DC que se encarga de controlar al gobierno, aseguró que esta campaña ha sido “la más costosa, desordenada y oscura” en la historia de Estados Unidos. “Más dinero que nunca antes se está gastando para renovar el Congreso y ganar la Casa Blanca. La Comisión Federal Electoral, que es la organización que debería monitorear la campaña y hacer respetar la ley, está bloqueada porque quienes toman las decisiones son tres demócratas contra tres republicanos. Es la elección más oscura porque no sabemos de dónde viene buena parte del dinero”, agregó.

Miss Piggy y los emails.  Semana a semana, especialmente mientras la campaña llegaba a su clímax, se incrementaron los ataques entre republicanos y demócratas. El 1° de noviembre Clinton apareció en Florida en un acto de campaña con la venezolana Alicia Machado, miss Universo 1996 a la que Trump llamó Miss Piggy por haber ganado peso. Ambas mujeres criticaron duramente al republicano. “Nos llama sucias o Miss Piggy, ¡no podemos permitírselo!”, manifestó la ex reina de belleza.

En la televisión se repite la historia. La semana pasada era común ver en el canal de noticias CNN una propaganda de Clinton que reproducía parte del audio de 2005 que publicó The Washington Post, en el que Trump aseguraba que “si eres una estrella”, las mujeres te dejan hacerles lo que quieras.

Por el lado republicano también se pagaron en varios medios propagandas en las que se aseveraba que Clinton no debe ser presidente porque utilizó su correo personal para recibir información que compromete la seguridad nacional.

Mientras todo esto ocurría, Trump tuvo dos golpes de suerte para seguir atacando a la candidata. El viernes 28 de octubre el director de la Oficina Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés), James Comey, informó al Congreso que investigaban nuevos correos electrónicos relacionados con el servidor privado de Clinton.

Esta vez el FBI descubrió los correos electrónicos en un dispositivo de Anthony Weiner, ex esposo de Huma Abedin, una de las principales asistentes de la candidata y a quien esta considera como una hija. Llegaron hasta esa información porque Abedin es investigada por presuntamente intercambiar mensajes de contenido sexual con una menor de edad. Pero el FBI aún no ha determinado si alguno de los correos se relaciona con la averiguación al servidor privado de Clinton.

Bandera USA

El segundo golpe de suerte para Trump ocurrió el martes 1° de noviembre, a una semana de las elecciones, cuando la oficina del archivo histórico del FBI decidió liberar una serie de documentos sobre una investigación a la que fue sometido el ex presidente Bill Clinton, esposo de la candidata demócrata, tras perdonar a March Rich, multimillonario que huyó de Estados Unidos en 1983 después de haber sido vinculado con el crimen organizado y haber sido acusado de evadir más de 48 millones de dólares en impuestos.

Trump aprovechó lo ocurrido con los correos electrónicos para agradecer a la asistente de la candidata. “Gracias, Huma, buen trabajo”, y aseguró que la investigación será “devastadora para Clinton”.

El día que se conoció que el FBI descubrió los nuevos correos, fuentes del Comité Nacional Republicano aseguraron que aunque quizá la campaña no ha sido de altura, pues se ha dejado de lado asuntos de interés para los estadounidenses y se ha privilegiado el ataque personal, lo mejor que podría ocurrir para el candidato republicano es que se siga hablando sobre los correos electrónicos de Clinton hasta el final el día de las elecciones.

“A veces una campaña se guía por las reglas, otras veces no. Pero si tu candidato es impopular, tu mejor opción es hacer que el otro quede peor”, señalaron las fuentes.

Guerra de encuestas. Los ataques a Clinton por las investigaciones del FBI le han funcionado a Trump, que día tras día ha crecido en las encuestas al recortar una brecha que se acercaba a los 10 puntos e incluso igualar a la demócrata en varios estudios.

La guerra de encuestas y sondeos arreció esta semana. The Washington Post y ABC News publicaron el martes un estudio en el que Trump superaba a Clinton por un punto en intención de voto: 46% para el republicano contra 45% de la demócrata.

Trump reaccionó inmediatamente por Twitter: “Wow, ahora lideramos la encuesta ABC / The Washington Post por 46 a 45. Hemos subido 12 puntos, la mayoría antes del escándalo de Hillary”.

Pero el jueves The New York Times y CNS News publicaron otra encuesta en la que Clinton lleva la delantera con 45 puntos porcentuales contra 42 puntos para Trump. El estudio afirma que a pesar del tumulto del último mes, especialmente por la investigación del FBI, los electores ya tomaron su decisión (la encuesta se inició horas después de las revelaciones).

Un dato llama la atención: 4 de cada 10 votantes aseguran que los comentarios de Trump contra las mujeres hacen menos probable que lo apoyen, mientras que solo un tercio dice lo mismo sobre los correos de Clinton.

El margen de error del estudio de ABC / The Washington Post es de 2,5 puntos porcentuales, mientras que el de The New York Times / CBS News es de 3 puntos porcentuales, lo cual significa que ambos candidatos están empatados. Pero una encuesta de intención de voto nacional, admitió una fuente que asesora a los republicanos en la campaña, no refleja necesariamente lo que puede ocurrir el día de las elecciones.

¿Por qué? Para ganar, un candidato en Estados Unidos debe hacerse con la victoria en la mayor cantidad de estados, de manera que obtenga los votos electorales de esas entidades (que varían en cada una).

Lo importante entonces no es el voto nacional, sino la cantidad de estados que se gane: hay entidades con menos votantes, pero muchos votos electorales. Para llegar a la Presidencia, Clinton o Trump deben obtener 270 votos del colegio electoral (538 sufragios).

“En este momento, aunque las encuestas nacionales se acerquen, es difícil para Trump ganar, si se analiza cómo podría ser la votación en cada estado, de acuerdo con los estudios. Necesitaría de un milagro”, agregó la fuente.

“Un ejemplo de esto es lo que ocurrió en la elección del año 2000 entre George W. Bush contra Al Gore. Gore obtuvo más votos en total (50.999.897 contra 50.456.002), pero Bush logró 271 votos electorales y Gore 266. Esto porque Bush ganó en los estados pequeños, pero con muchos votos electorales”, explicó Jerry Mayer, profesor de la George Mason University en Washington DC.

Pero la cercanía entre ambos candidatos no permite a ninguno de ellos cantar victoria y esta semana tuvieron que redoblar esfuerzos. Ambos recorren el país, aunque Clinton con más apoyo que Trump, pues a su campaña se sumaron su candidato a vicepresidente, Tim Kaine; su rival en las primarias, Bernie Sanders, y el propio presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

El principal aliado de Trump ha sido su candidato a vicepresidente, Mike Pence, ex gobernador de Indiana.

Una fuente del Partido Demócrata en California aseguró que no se preocupan por las encuestas diarias de los medios de comunicación sobre la votación nacional, pues confían en que Clinton tiene asegurados los votos electorales necesarios (270) en los estados que aseguran la Presidencia.

“Hemos visto un acercamiento, sí, pero normalmente cuando se producen ataques como lo que ocurre con el FBI muchos demócratas prefieren no declarar en estas encuestas. Calculamos que 4% de los que apoyan a nuestra candidata no declaran ahora. Eso quiere decir que la brecha seguramente aumentará a favor de Clinton en la elección”, dijo la fuente el jueves.

El director nacional de campañas de Freedom Works considera que, a pesar de las fallas de Trump, a quien no titubea en calificar de “fascista” (y son del mismo partido), la elección aún no está decidida.

“Si puede o no puede ganar, todo dependerá de lo que pase en estos días. La elección no está decidida y ningún candidato tiene garantizada la victoria”, señaló.

Los demócratas como Curtis, por su parte, creen que no habrá sorpresas: “La torta está horneada, Hillary ganará. Sin embargo, será más cerrado de lo que pensamos por lo que el FBI hizo”.

 

Alex Vásquez|El Nacional

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