1 de Noviembre de 2017

EFRÉN GUTIÉRREZ|Cinco lecciones del 15-O

Para los demócratas, toda elección, a cualquier nivel, es una fuente de lecciones acerca del ejercicio de la voluntad popular, que es su razón de ser. Este pasado 15 de octubre, se realizaron en Venezuela unas elecciones regionales, pospuestas, sin ninguna explicación, por más de 6 meses y, las cuales, debieron incluir no solo a los gobernadores, sino también a los miembros de los Consejos Legislativos estadales (estos últimos, no fueron elegidos y tienen su período vencido).

Entre las lecciones más importantes que podemos extraer, hasta ahora, de este proceso electoral, podemos mencionar a las siguientes:

  1. El régimen ratificó su carácter de Régimen Autoritario de Base Democrática, de acuerdo al concepto creado por el abogado argentino Ricardo M. Rojas, el cual establece: “las tradicionales dictaduras integradas generalmente por grupos armados provenientes de estamentos militares, han ido mutando hacia gobiernos autoritarios que, legitimados originalmente en un proceso electoral limpio que respeta reglas preestablecidas en una Constitución, van incrementando paulatinamente su poder a través de la deformación y perversión de las instituciones republicanas, el manejo sin control de los recursos fiscales y las trampas que todo ello permite introducir en los procesos electorales”. En esta oportunidad, pospusieron las elecciones regionales para cuando les dio la gana. Las convocaron luego, con escaso tiempo de preparación (casi de sorpresa) y sin incluir a los Consejos Legislativos vencidos, no permitieron la modificación de candidaturas a los partidos opositores, eliminaron centros electorales o cambiaron a electores de centro electoral días antes del proceso, entre otras trampas.
  2. En Venezuela no existe ni estado de derecho ni imperio de la ley. Si una ley no le conviene al régimen, simplemente la viola o hace que el TSJ en cualquiera de sus salas la acomode a sus intereses. Si lo que le estorba es una disposición constitucional, la sala constitucional del TSJ la interpreta a su conveniencia o, en “caso necesario”, como ocurrió recientemente, convocan una “constituyente” al que le otorgan poder “supraconstitucional” para torcer la disposición a su favor. En estas elecciones, además, inventaron el argumento de que los gobernadores electos, debían “juramentarse” ante una “constituyente” espuria e ilegítima creada, semanas antes del proceso. Eso, aparte de crear, en los estados, donde no ganaron, la figura del “protector del estado” como gobierno paralelo a la gobernación regional. Tenemos el caso del gobernador electo en el estado Zulia, tal vez el más importante electoralmente en el país, cuya victoria ha sido desconocida por no prestarse a realizar ese acto ilegal.
  3. Bajo este régimen, es imposible pensar en unas elecciones libres e imparciales. Su naturaleza (como la del cuento del escorpión y la rana) es el ventajismo, la trampa y el fraude. Aparte de controlar a su antojo las decisiones del Poder Electoral; controlan el proceso de emisión de cédulas de identidad hasta el mismo día del proceso; controlan unas captahuellas en cada mesa para saber en línea, quién ha votado y quién no, en cualquier momento del día de votación; obligan a muchos empleados públicos a votar por sus candidatos, a veces de manera asistida. A través de bolsas de comida y/o dinero compran votos de personas necesitadas. Asimismo, en muchos centros extendieron el horario de votación, sin justificación, solo para ingresar a algunos de sus votantes. Para colmo, en esta elección se ha descubierto inconsistencia o diferencia de votos entre el acta de mesas y los datos manejados por el organismo electoral en su escrutinio, por supuesto a favor de los candidatos del régimen, como es el caso de despojo de su victoria, denunciado en el estado Bolívar por el candidato opositor Andrés Velázquez.
  4. No parece acertado participar en estos procesos electorales fraudulentos con la idea de ganar. Ante tantas condiciones desventajosas es muy “cuesta arriba” lograrlo. La participación debe ser, sobre todo, para crear conciencia en el electorado, conocer y denunciar las trampas y triquiñuelas y, obtener uno que otro cargo, que debiliten un poco políticamente al régimen. Pero, para eso hace falta una gran UNIDAD. Hay que lograr blindar un movimiento opositor unitario que no se afecte por las maniobras y tracalerías del régimen. Lamentablemente, en esta oportunidad el régimen si ha logrado algo, aparte de la mayoría de las gobernaciones en forma fraudulenta, ha sido dividir a las fuerzas opositoras que parecen haber caído en su trampa: unos al no participar en el proceso electoral, absteniéndose; otros, al ceder en la pretensión del régimen, “juramentándose” ante la ANC ilegítima; y, otros, no juramentándose y enfrentando a los abstencionistas y a los “juramentados”.
  5. No pareciera tampoco viable un cambio de este régimen a través de la vía electoral. La estrategia de resistencia no violenta de las fuerzas opositoras, debe incluir la participación electoral, pero no debe limitarse a ésta. Es necesario construir una fuerza que logre que el régimen “caiga por su propio desgaste”, pero para ello, para decirlo también en palabras de Ricardo M. Rojas, “será necesario contar con un alto nivel de organización, desarrollo y puesta en marcha de una estrategia central y varias estrategias localizadas para alcanzar objetivos parciales, tácticas y métodos de avance en las direcciones elegidas”.

Vendrán nuevos procesos electorales y nuevos eventos políticos (de hecho, ya el CNE, convocó a elecciones municipales, también con retraso) y para avanzar en la lucha por un cambio en el país, es necesario retomar y fortalecer la UNIDAD opositora, acordar y desarrollar una estrategia de resistencia no violenta acertada y acorde con las condiciones del momento.

Existen suficientes experiencias de lucha no violenta en el mundo como para seguirlas ignorando o despreciando. Los aportes de organizaciones como: la Albert Einstein Institution, OTPOR!, CANVAS (Center for Applied Nonviolent Action and Strategies), Waging Nonviolence, de las politólogas norteamerivcanas Erica Chenoweth y Maria Stephan y del propio Ricardo M. Rojas, junto con nuestra misma experiencia, deberían servir de guía para la elaboración de un camino claro y unitario para la superación de la situación actual, sin descartar ningún medio no violento: elecciones, diálogo, desobediencia civil y movilización.

 

@efrengut|Economista|efrenguti@gmail.com

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