8 de Febrero de 2018

EFRAÍN RINCÓN|Hagámoslo por Venezuela

En esta oportunidad expresaré mis opiniones como un ciudadano común, como un venezolano angustiado por la tragedia que vivimos, como un cristiano que clama por justicia y misericordia para nuestra nación. Por un momento me despojaré del rol de politólogo y analista político para expresar con mayor humanidad los sentimientos que me embargan.

Pedirle al régimen rectificación, sindéresis y racionalidad es una absoluta pérdida de tiempo. Ellos no tienen otra opción que continuar con el nefasto plan de destruir al país, pues, el “costo de salida” cada día es mayor. No importa lo que tengan que hacer, siempre y cuando puedan mantenerse a buen resguardo de la justicia y seguir disfrutando de las prebendas del poder que, debido al dantesco saqueo que han hecho, cada vez son menos y deben distribuírselas entre un grupo selecto de pseudo-dirigentes de la revolución. Por eso no malgastaré tiempo ni interés en una mafia que se siente orgullosa de los atroces crímenes cometidos contra los venezolanos.

Dedicaré estas líneas a la otra parte del escenario político venezolano, esto es, a la oposición democrática o, como dirían algunos, a lo poco que queda de ella. Voy a referirme a la dirigencia opositora, ya que la verdadera oposición la conformamos quienes manifestamos el rechazo contundente al actual régimen venezolano, incluyendo al chavismo disidente.

Vamos a unirnos por Venezuela, créanme que es la única opción que tenemos y el tiempo se agota. Cuando sus intereses individuales y partidistas sean más importantes que los del país, piensen en el sufrimiento de nuestros hermanos. Sin aún tienen dudas de la necesidad de mantenernos unidos en esta lucha cruenta contra la dictadura, volteen sus ojos para que puedan corroborar la hambruna que desgraciadamente hace estrago entre los venezolanos. De acuerdo a información suministrada por CARITAS, el 72% de las barriadas del país padecen de desnutrición severa y de este porcentaje un 16% está a punto de morir por hambre. Si todavía no están muy convencidos de la peor tragedia humana que está padeciendo Venezuela, entonces, déjenme decirles que cada día son más los compatriotas que comen de la basura; que son miles los indigentes y mendigos que deambulan por las calles de pueblos y ciudades en búsqueda de un mendrugo de pan que le permita saciar el hambre de varios días; que la inmensa mayoría de nuestros niños está creciendo con terribles carencias nutricionales que afectarán su desarrollo físico, mental y emocional, y perderemos la oportunidad de contar con jóvenes sanos, inteligentes y dispuestos a contribuir con el desarrollo de la nación. Por la conquista de una alimentación balanceada para todos y por el rescate inmediato del futuro de Venezuela, nuestros niños, dejen a un lado sus apetencias políticas y unámonos como una sola nación.

Los invito a que caminen por las escuelas, liceos y universidades del país para que constaten el crecimiento alarmante y peligroso de la deserción escolar. Niños, adolescentes y jóvenes están renunciando al derecho de la educación, porque no cuentan con las condiciones mínimas que les permita continuar con sus estudios; a ello, debemos agregarle la renuncia masiva de maestros y profesores que no pueden sobrevivir con el salario mísero que devengan. Todavía están frescas en mi memoria las propuestas sobre la educación, por parte de políticos de la oposición. Con absoluta pertinencia proclamaban que la educación es la base del progreso económico, político y moral de la nación. Pues bien, si no nos ponemos todos de acuerdo y nos unimos para vencer a esta revolución, entonces, en pocos años tendremos una sociedad ignorante y al servicio total de la mafia gobernante; entonces, en nombre de la educación, depauperizada por el régimen, vamos a superar los desencuentros y las divisiones que tantos beneficios le proporcionan a esta revolución de pacotilla.

Por el derecho a la salud que este régimen se empeña en violar con absoluta inmoralidad, debemos unirnos; el valor de la vida y la dignidad humanas que se han encargado de pisotear como cualquier basura, nos convocan a la unidad nacional; la defensa de estos valores fundamentales nos obligan a reflexionar seriamente de cara al futuro que aspiramos como sociedad amante de la vida y de la dignidad del ser humano; éstas son razones supremas que nos invitan al encuentro fecundo y a la inclusión de todos los venezolanos como muestra inequívoca de la unidad que debemos construir sólidamente; sólo de esta manera lograremos vencer la ignominia con la que estos desalmados pretenden manchar el alma de nuestro pueblo.

Los ancianos vejados por este régimen insensible, son una razón de la lucha que unidos debemos librar contra la narco-dictadura. Nuestros viejos merecen el respeto y la honra por todo lo que nos han dado; es hora que vivan tranquilos y atendidos en sus últimos años de vida terrenal. Ellos también les exigen que dejen a un lado la irracionalidad que hace que las diferencias sean mayores que las ideas comunes que nos unen como pueblo libre y soberano.

Cuando obstinadamente se empeñen en no encontrar solución a los conflictos que naturalmente se producen en democracia, piensen en la diáspora que está diezmando a Venezuela. Sean solidarios con la tristeza de millones de familias que deben separarse porque el régimen les niega oportunidades a los jóvenes, trabajo productivo a los profesionales y un sustento digno a los más vulnerables. Piensen por un momento que los emigrantes no se fueron de paseo, ni mucho menos porque no quieren al país; muchos se han ido porque aquí no hay garantías de sobrevivir siquiera. Estén conscientes del impacto de la diáspora en la reconstrucción de la nación; si nos unimos y actuamos con coherencia, inteligencia y pensamiento estratégico, podremos frenar el éxodo que nos está dejando sin talentos ni capital humano para iniciar el gigantesco reto de levantar a Venezuela de las ruinas en la que las dejó el socialismo del siglo XXI.

Con seguridad existen muchísimas más razones para que la oposición democrática se una, que aquellas que motivan su división. La situación del país no sólo es compleja y dramática, sino que estamos viviendo un período inédito de nuestra historia; un episodio que demanda una unidad capaz de vencer el fantasma del odio, la mezquindad y la falta de amor por Venezuela. Quiero creer que, a pesar de las diferencias y desencuentros, Henrique Capriles, María Corina Machado, Manuel Rosales, Henry Ramos Allup, Henry Falcón, Juan Pablo Guanipa, Julio Borges, Leopoldo López, Antonio Ledezma y otros connotados dirigentes democráticos, serán capaces de mostrarle a los venezolanos su madurez e inteligencia políticas, su inquebrantable compromiso con la libertad y la democracia, su voluntad de lucha para que los venezolanos podamos salir de este atolladero y su absoluta capacidad para convocar a la unidad de Venezuela, porque sólo así podremos alcanzar lo que este régimen incapaz y corrupto cree que no lograremos nunca. Unidad, inteligencia, compromiso y estrategia para que Venezuela empiece a brillar de nuevo en el concierto de las naciones libres y progresistas del mundo.

 

@EfrainRincon17|Profesor Titular Emeritus de LUZ

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