23 de Agosto de 2015

¡EDITORIAL! Un país sin autoridad de la autoridad

¿Qué tienen en común los hechos ocurridos en San Félix o Sinamaica con un grupo de personas que manotea a policías en las afueras de un supermercado o con ese conductor que llega a un semáforo y gira violando la ley a pesar que tiene a una unidad de tránsito cerca?

A simple vista, nada. Pero en el fondo tienen que ver con un grave problema que supera a la coyuntura económica y hasta a los conflictos políticos y que tiene que ver con el marcado deterioro social, la presencia de rasgos importantes de anomia y la pérdida de autoridad de la autoridad.

Primero que todo hagamos una consulta a la Real Academia Española de la Lengua sobre qué es autoridad:

…“Poder que gobierna o ejerce el mando, de hecho o de derecho. Potestad, facultad, legitimidad. Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia”.

Ahora hagamos el análisis de la definición. Cuando el concepto se refiere a poder que ejerce el mando, en Venezuela estamos ante un franco deterioro del ejercicio del poder, cosa que la población no sólo evidencia claramente con las dificultades que tiene en la búsqueda de alimentos, en la pérdida del poder adquisitivo y hasta en la incapacidad del Estado de garantizar su seguridad; sino en la negativa de la autoridad de admitir públicamente sus errores.

Esa crisis en el ejercicio del mando en Venezuela es demasiado notoria y se traduce en una pérdida de la confianza en quienes han sido delegados por voto popular, o por concurso legal, para hacer cumplir las leyes en el país. En términos muy sencillos pasamos a la segunda parte del análisis y que tiene que ver con la escasa legitimidad que las instituciones y los líderes tienen ante la población.

Y ahí caemos en la última parte del análisis sobre la definición de autoridad y es el poco prestigio y crédito que tienen los que ocupan cargos de autoridad. Tomemos el ejemplo del presidente de la República, Nicolás Maduro Moros, quien vive una grave caída de su popularidad, pero no sólo eso, sino que en torno a él ocurre algo peor y es la poca confianza que él genera en la mayoría de la población sobre su capacidad e intención de resolver la crisis.

Contextualicemos lo analizado en la realidad venezolana. Hay una profunda pérdida de autoridad de la autoridad. Hay una profunda desconfianza hacia esa autoridad. Hay un profundo irrespeto por la autoridad. Hay un profundo deterioro social en un país donde cada quien moldea las leyes de acuerdos con sus intereses y si vamos más allá, las adapta dependiendo de las circunstancias de un momento determinado.

Es así como el conductor que por ir distraído olvidó cruzar en la intersección que correspondía para llegar a su destino, llega a un semáforo y para recuperar el camino decide dar la vuelta porque presume que no habrá autoridad que se lo impida o que lo castigue por la imprudencia.

Es así como un grupo de posibles bachaqueros se enfrentan a un grupo de policías o militares que les están impidiendo con justicia que acaben con los productos de un comercio, alegando que les están coartando su “derecho” a trabajar, como si el bachaqueo fuera un trabajo.

Es así como un grupo de ciudadanos de origen wayuu decide imponer su autoridad con un lote de camiones cargados con alimentos que van a la frontera, porque están convencidos que quienes ejercen la autoridad son cómplices de una actividad que para ellos está vedada, pero para los poderosos está permitida.

Es así como un grupo de ciudadanos de San Félix cansados del abuso en el aumento del pasaje del transporte público o de la especulación de los bachaqueros en la venta de alimentos escasos, decide actuar por su propia cuenta castigando al conductor abusador y al especulador.

Son cuatro ejemplos que sirven para visualizar las dificultades sociales que se experimentan en Venezuela más allá de la escasez  y la inflación, porque tienen que ver con distorsiones culturales que son muy difíciles de corregir.

Aunque sea muy duro lo que vamos a expresar: la sociedad venezolana está enferma.

Y buena parte de esa enfermedad tiene ver con la pérdida de autoridad de la autoridad. Por la desconfianza que hay hacia la autoridad. Por asumir que la autoridad la impone el mismo ciudadano de acuerdo con las circunstancias y sus intereses. Por asumir que si el gobernante hace algo ilegal y no le pasa nada, cualquiera puede hacer lo mismo y tampoco le pasará nada.

Cada día aparecen más y más rasgos de la anomia que vivimos en Venezuela. Corregir eso costará muchos años y esfuerzo. Pero si no comenzamos de inmediato esa corrección, nunca vamos a ver los resultados.

¿Está usted dispuesto a participar en la solución de este problema?

@VerdadesRumores

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