7 de Octubre de 2014

¡EDITORIAL! La violencia “institucionalizada”

Horas antes de escribir este editorial, teníamos un debate interno sobre la escogencia del titular que expresara claramente las ideas que dan origen al mismo. El primero en ganar fuerza fue: “Institucionalizando la violencia”.

Este al final fue desechado, por cuanto ese titular denotaba que la idea que nos ocupa estaba en un proceso de concreción, pero la realidad es clara: la violencia está institucionalizada en Venezuela.

¿Qué nos lleva a pensar de esta forma? A esa conclusión llegamos, lamentablemente, a raíz del vil asesinato del diputado, Robert Serra, y sus daños colaterales.

No habíamos querido opinar sobre ese crimen, hasta esperar que pasaran las primeras angustiosas y tumultuosas horas en las cuales las pasiones se desbordan. Y vaya que se desbordaron de tal forma, que no quedó ninguna duda que la violencia está institucionalizada en Venezuela.

Lamentablemente en Venezuela la violencia es general. Y el crimen de Serra con todos sus matices es la señal más clara que nadie, pero nadie, por más importante que sea, sin importar si tiene custodia personal, escapa de la dura realidad venezolana.

La sociedad venezolana se ha distorsionado gravemente. No sólo se perdió el respeto y la tolerancia, sino que los niveles de hostilidad han llegado a su máxima expresión. En la calle no sólo hay angustia por la escasez y la inflación, sino odio y violencia de variados tipos.

La violencia no solo es física, sino también verbal. El verbo en el discurso de muchos de nuestros supuestos líderes es extremadamente violento. Ven al adversario como un enemigo al que hay que exterminar si escatimar en los medios para hacerlo.

Las reacciones de varios líderes del oficialismo luego del asesinato del joven diputado, demuestran nuestra tesis. Llegar al colmo de rechazar y descalificar las condolencias enviadas por sus adversarios de la oposición, es una reacción sin sentido.

Salir de inmediato a pocas horas de cometido el delito a decir que la oposición “fascista” era la autora material del asesinato, es una desproporción porque los expertos en la materia apenas terminaban de recolectar las evidencias físicas en la escena del crimen.

Pero no sólo hay que mencionar a los líderes que a través de los medios expresan su violencia verbal, si no que el ciudadano común, muchos de los cuales no son parte de alguna estructura partidista, sacó a relucir su propia violencia a través del lenguaje usado en las redes sociales como reacción al asesinato del parlamentario.

El deterioro de la sociedad venezolana preocupa. Quienes deben dar el ejemplo en primer término no lo dan, pues los liderazgos políticos y sociales son los primeros en hacer uso de la violencia discursiva y eso por supuesto permea al resto de la población.

En un pasado editorial planteamos la crisis de credibilidad y legitimidad en el discurso de líderes e instituciones. Hoy debemos agregar un tercer elemento a esa terrible ecuación: violencia. Estamos a tiempo de parar el odio y la violencia desatada. Reformulen el discurso irracional. Bajen las pasiones.

Si la violencia se desborda en Venezuela, será difícil de controlar.

En un escenario como ese, nadie gana y todos perdemos.

 

@VerdadesRumores

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