14 de Marzo de 2015

¡EDITORIAL! El “realismo trágico” venezolano

Con la guerra económica y el fulano golpe el gobierno pretendía “marear” a los venezolanos para minimizar la crisis.

Ahora con la invasión gringa buscan noquear al país y que los venezolanos miren hacia otro lado, para que no sientan la crisis.

La crisis que vive Venezuela es realmente trágica. Y pareciera que no hay soluciones ni en el país y muchos menos en el exterior. Todo se nota entrampado. El país se deteriora aceleradamente, a pesar que aún no tocamos el fangoso fondo que ya han tocado otras naciones.

Frente a las claras evidencias de lo que ocurre, hay un gobierno cuya única política clara es la negación de la realidad. Todo lo niegan. Todo lo pretenden desviar a denuncias de golpes y magnicidios. En un momento de los convulsos días que vive la nación, para ellos el único problema era que supuestamente un grupo de militares y opositores quisieron levantar un avión y atentar contra el Presidente.

Ahora cambian el guion y ante las decisiones que contra el gobierno tomó el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, nos pretenden imbuir en una ola de nacionalismo extremo, porque según ellos los marines casi llegan a las costas venezolanas. Para ellos esos son los únicos problemas que tiene Venezuela: una oposición golpista y un imperio que pretende acabar con la revolución.

La “negación” de gobierno busca tapar la única e irrefutable verdad que recorre a Venezuela por todos lados: la crisis nacional cada día es más profunda.

Un buen ejemplo son las colas interminables de compradores que se evidencias en las afueras de los supermercados y otros comercios. La mejor solución que encontró el gobierno en su política de “negación” fue achacar la culpa de eso a los dueños de los establecimientos y por eso, entre otras, intervino a las cadenas Farmatodo y Día a Día. Para ellos la escasez no existe, sino que todo es obra de los inescrupulosos empresarios.

Otro excelente ejemplo es el drama cambiario que se vive en Venezuela. El presidente Maduro anunció el 21 de enero de 2015 en horas de la noche, durante su presentación de la memoria y cuenta 2014 ante la Asamblea, los cambios en el sistema cambiario venezolano.

A partir de ahí el país se mantuvo en una incertidumbre mayor. Nadie daba señales. Nadie explicaba. El 10 de febrero de 2015, 19 días después que el primer mandatario anunció lo que anunció, los ministros de la economía dieron a conocer los detalles del Sistema Marginal de Divisas, SIMADI. Y días después éste supuestamente arrancó con una tasa superior a los Bs. 170 por dólar, lo que demostró que el dólar paralelo si existe y es el marcador real de la economía venezolana.

Luego de más de 30 días de haber sido anunciado el SIMADI, éste aún no arranca y mientras tanto, el dólar paralelo ha superado la barrera de los Bs 200 por dólar y está en un sube y baja que  ha tenido su pico más alto al superar los 280 bolívares por cada divisa americana durante algunas jornadas. Llamativo es que siguen negando la existencia del dólar paralelo.

Lo más grave es que no sólo niegan la existencia del dólar paralelo, sino que al ignorar esa realidad no hacen nada, no toman medidas, se hacen los pendejos y el país siente los rigores de la sequía de divisas oficiales, porque aún no se sabe nada del nuevo Sicad, luego de más de 45 días de aquel anuncio presidencial en la Asamblea Nacional.

Y si a eso le sumamos que no hay liquidaciones de divisas oficiales más o menos desde septiembre de 2014, lo que representa que el sector productivo, o mejor dicho lo que queda, tiene más de 180 días sin los dólares que les permitan pagar sus deudas con los proveedores extranjeros y así reabrir las líneas de crédito para recibir las materias primas que reanuden o eleven la producción en sus empresas y de esa forma combatir el desabastecimiento.

¿Por qué todos estos ejemplos y datos? Porque así demostramos con hechos que en Venezuela hay dos realidades. La del gobierno que se basa en la negación de la crisis y de todas sus secuelas. Y la realidad tangible, palpable y evidente que nos demuestra que estamos en un país en el cual la situación es insostenible.

En Venezuela hay claramente dos realidades. Una que pretende mostrar a un país que no existe. La otra es la que se vive y padece todos los días en la calle, en los hogares y en las empresas. En esa que se revela en las conversaciones cotidianas del ciudadano. De ese ciudadano que está hastiado y que pide un cambio.

Y cuando hablamos de cambio no estamos necesariamente limitando la frase a la salida del gobierno, sino que también incluye la muy remota, pero muy remota posibilidad que Maduro y su gestión decidan aplicar un brusco golpe de timón que cambie el rumbo actual del país, el cual está marcado hacia el barranco, por uno que permita tomar los correctivos a las distorsiones que tiene la economía y la sociedad.

Hay una realidad en la cual la crisis avanza a paso de vencedores y hay otra en la cual el socialismo está llenando de felicidad a los venezolanos. Y eso que aún no estamos viendo la crisis en su real dimensión, porque tomando una frase de Luis Vicente León: apenas estamos viendo la punta de la crisis.

Pero todo eso lo niega el gobierno. Aquí no pasa nada. Venezuela es un remanso de paz, prosperidad y esperanza que sólo la “bota insolente” de los Estados Unidos pretende horadar. Somos un ejemplo de inclusión y respeto de los derechos humanos. Cuando lo verdadero es que los venezolanos estamos viviendo un verdadero “realismo trágico”.

 

@VerdadesyRumores

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