31 de Diciembre de 2017

¡DIÁSPORA! Historias de una venezolana en Ecuador

Maday González: “Ahora viene el tiempo de reír, el fracaso no es una opción”

Maday González Sencial es una mujer de fe, una madre coraje que se propuso cambiar de vida al mudarse al Ecuador, con sudor, lágrimas y cuatro meses alejada de los suyos haciendo camino al andar. Cambió Maracaibo por Paute, provincia de Azuay, más cerca de Perú que de Quito.

“Esta es la parte más fácil de esta espera, viajar los cuatro días por tierra a buscar a mis hijos a Venezuela. Estaba devastada, la separación de mis hijos llega a su fin, voy a buscarlos” me confiesa pletórica por haber logrado su meta, establecerse en un país donde tiene trabajo y las condiciones mínimas para vivir dignamente y como ganancia sin sobresaltos.

Esta es su historia, Su periplo ha sido como nadar contracorriente en una Venezuela en ruinas, Su ímpetu ha sido más tenaz que los políticos de turno que han saqueado a la cuna de Simón Bolívar sin piedad, por cierto la más rica del continente en el siglo XX.

“Los habitantes de Paute consideran que su tierra es un lugar muy escondido, y el que hasta allá lleguen venezolanos en cierto modo los ha asustado, tienen miedo que los invadamos” [risas] dice González.

¿Por qué crees que se intimidan que lleguen los venezolanos a Paute?

R: Porque allí nunca había llegado venezolanos y como somos personas preparadas. Ellos son más que todo agricultores y comerciantes  y envían a sus hijos a estudiar lejos, el que llegue gente con otras capacidades laborales les intimida un poco. Paute es muy pequeño, hay una seguridad increíble. Es como tocar el cielo con las manos.

¿Cuándo tomaste la decisión de emigrar y por qué has escogido Ecuador?

R: El año pasado cuando al fin mi esposo me dio el sí. Él estaba renuente a que nos fuéramos de Venezuela pero yo si quería desde el 2014 y no fue hasta julio de este año que logré hacer todos los papeles para venirme legalmente.

¿Qué es lo que más te duele de dejar tu patria?

R: Mis padres, mis hermanas, ahora que ya traigo a mis hijos menores a vivir conmigo, dejar a mi hijo mayor que se queda a terminar el bachillerato.

¿Cuáles son los peligros que te acecharon irte por tierra hasta Ecuador?

R: Ufff los ladrones. En la frontera colombo-venezolana dos viejitos me aconsejaron que llevara el dinero encima, ni siquiera en la cartera.

¿Haz escuchado hablar mal de los venezolanos en el Ecuador?

R: Si, en Cuenca una vez fui a buscar trabajo, apenas me escucharon el acento se dieron cuenta que era de Venezuela y me dijeron que con venezolanos no les gustaba trabajar porque eran irresponsables: Nada más por eso me descartaron y para remate había un vídeo en las redes  de una venezolana que se le ocurrió la brillante idea de decir que los ecuatorianos eran todos unos indios feos, mal vestidos y no sé cuántas cosas más,  Y ya a mi casi me apedrean por eso. Yo solo me atreví a decir que no le hicieran caso a esa loca. Ellos, sin embargo, se sintieron muy ofendidos y por supuesto que hablaron mal de los venezolanos en general.

¿Que hay en Paute que te recuerda a Maracaibo?

R: Absolutamente nada [pausa] [silencio sepulcral por unos segundos] Paute es Sierra, puras montañas al estilo Mérida y Táchira (estados andinos venezolanos) y yo siempre he vivido en Maracaibo. La gente es un poco cerrera y cuesta romper el hielo a veces. Con la gracia de Dios por delante todo me ha salido bien.

¿Te sientes extranjera allí o una más?

R: Me siento extranjera. Es tanto así que siempre me dicen: Usted no es de aquí, de dónde es. Es que este acento maracucho no lo quiero perder nunca, así que si me veo como una venezolana en medio de ecuatorianos que pronto ha de volver a su tierra, esa que la vio nacer, crecer y formarse. No sé cuánto tiempo pase para que Venezuela resurja.

¿Cómo miras tu presente y tu futuro?

R: Guao [suspiro] con muchas esperanzas, aunque dejé mi casa y todas mis comodidades no me importa. El que mis hijos y yo podamos comer lo que queramos y cuando queramos ya por ahí tengo una ganancia presente inalcanzable allá en Venezuela, Mi futuro y el de mi familia lo veo grandísimo, sobre todo para mis hijos, el que ellos puedan estudiar y al culminar tengan un trabajo que les dé lo mínimo para vivir  me conformo. Allá en Venezuela no hay esa esperanza.

¿Qué mensaje le das a la gente que quiere emigrar y no se decide por temor?

R: Que lo hagan, pero legalmente. Y aunque al principio es duro, la recompensa les rebosará de alegría el corazón. El poder ayudar a los de uno desde afuera se siente bien. Sobre todo que sean referencias de todo lo bueno que representa un venezolano, portándose bien y dando a conocer que somos gente honesta, responsable y trabajadora.

¿Tenías un presupuesto para irte o lo hiciste a todo riesgo?

R: Sí, pero solo hasta que llegué. Mi primo Alberto Guillén que trabaja con el Ministerio Público de Salud del Ecuador me recibió en su casa y me dio hospedaje y alimentación. Me ayudó a financiar mi visa profesional y me siento muy pero muy agradecida con él, porque en verdad ese apoyo fue muy importante en todo este proceso.

¿Tuviste oposición de tu familia y amigos sobre emigrar?

R: Siiii, sobre todo de mi mamá. Es más, muchos apostaron a que yo no podría y me regresaría con las tablas en la cabeza, pero pudo más mi determinación y mi fe en Dios que sí lo lograría y así fue.

¿Qué te preocupaba más en Venezuela?

R: Que mis hijos creyeran que el mundo, la vida era así de gris de cómo se vive en Venezuela ahora. Quise que ellos sepan que la vida es y fue linda para nosotros los venezolanos y que ellos tienen derecho a vivir plenamente sin limitaciones.

¿Gris en qué sentido?

R: Siempre que mis hijos me pedían un helado, nada más eso, no se podía comprar porque no había dinero para eso. No se podían sacar ni al parque porque la inseguridad no nos dejaba. Mejor dicho estábamos presos en nuestras propias casas. Yo no vivía así en la Venezuela de antes, porque aunque éramos de bajos recursos podíamos aunque sea vivir a plenitud las calles. Ahora ya no son nuestras, sino de la delincuencia.

Sabes que este sacrificio tus hijos lo van a valorar cuando sean mayores…

R: Si, en realidad no he hecho ese cálculo de los beneficios a futuro para ellos y para mí…pero todo después que estemos juntos será ganancia.

¿Cuáles crees que son los males de Venezuela más allá de la política?

R: La mentalidad de la misma gente. Hasta he llegado a pensar que todas estas generaciones deben morir y en las nuevas renacer otra óptica de la vida. La gente se ha vuelto muy mala en medio de esta crisis y son muy pocas las personas que han adoptado su solidaridad con los demás.

¿Qué ha cambiado de tu rutina y visión de la vida al mudarte a otro país?

R: De cielo a la tierra cambió, yo trabajaba dando clases a nivel universitario, pero ahora hay que desarrollar otro tipo de empleo. Aquí con un sueldo básico de Ecuador me ha permitido reunir, enviar a Venezuela para ayudar a los míos. Mi visión de la vida ahora es: A vivir porque ya lo peor pasó y gracias al Señor porque en ese lugar donde vivo me recibieron con los brazos abiertos, sobre todo en la iglesia donde me congrego que se llama “Cristo es la única esperanza” …y eso es lo que significa para mí.

¿Qué caprichos (lujitos) no te los podías permitir en Venezuela?

R: Aunque no lo creas salir a comer lo que yo quiera. Ya me puedo permitir gastarme unos 40 o 50 dólares para recrearme. Me quiero lanzar en parapente, porque después de todo así fue este paso. Es como lanzarte a la vida desde lo alto sin saber a dónde vas a caer. Ese parapente lo tenemos y es el Señor Jesucristo porque con él tenemos una parada segura y confiable.

¿Crees que en Venezuela hay futuro?

R: Lamentablemente NO. Por eso cuando mi hijo termine sus estudios vendrá a ejercer a Ecuador, país que recogerá los frutos, porque en nuestro país no hay mercado laboral para nadie. Y sin ello ¿Cómo uno se labra el futuro?

¿Qué consejos le das a la gente que llega a un nuevo sitio para que no desanime a la primera?

R: Aunque mil veces caigan o les digan NO, levántense por 1001, esa es la clave el fracaso no es una opción. También les digo que traten de adaptarse lo más rápido posible para que el choque cultural no haga estragos.

Cuando uno sale a vivir fuera de su país es inevitable comparar. ¿Cómo haces para darle stop a tu cabeza?

R: Al principio me pasó, pero me mentalice esto: Mira, Maday, ya no estás en Venezuela, deja las comparaciones antes de que te boten de aquí [Risas] y así fue como empecé a ver las virtudes del lugar, así como cuando te abres a recibir complaciente las opciones que te brinda el lugar con una actitud de agradecimiento.

Dime tres palabras que describen a la Venezuela donde naciste y creciste y tres palabras que describen a la Venezuela actual

R: donde crecí fue linda, ideal, lo máximo. La de ahora se volvió triste, vacía y sin esperanzas.

¿Qué crees que pasará en Venezuela para salir de la época oscura?

R: Pienso muy segura que nuestra única salida es INVOCAR A DIOS, en las plazas, en las calles y avenidas, porque así él se digne a mirarnos nuevamente. Solo así, como en los tiempos bíblicos de Nínive veremos la luz, porque de resto la gente seguirá dormida, como embrujada,  o hechizada. No sé si me explico, que aguanta y que aguanta y aun cuando ha salido a las calles a protestar por la situación no se ha logrado nada. Hay que salir a las calles sí, pero a buscar y a invocar a Dios. Pondría mis manos, mis capacidades y mi interés a la orden para organizar y ejecutar esto.

¿Qué enseñanzas te deja toda esta experiencia? 

R: Ufffff muchas. Que cuando se quiere se puede, que no hay que permitir que nadie te diga que NO puedes, porque si ponemos la fe en Dios primero y luego en nosotros, que sí lo lograremos, así va a ser y nadie podrá decir lo contrario.

 

ESPECIAL

Verónica González M.|@verosimiles

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