12 de Junio de 2018

DANIEL HERNÁNDEZ|La cíclica historia de la justicia divina

Transitamos a ciegas por el engorroso sendero de la incertidumbre que yerra, muchas veces producto de la ansiedad que genera un país en crisis, donde hoy se tiene que comer y mañana no.

El inminente colapso ha llevado a gran parte de la población “creyente” a perder la fe, obviando por completo la promesa de salvación hecha por el creador.

Escudriñando las sagradas escrituras en busca de la tan pretendida luz, tomó mi atención un enunciado que fue convirtiéndose en portentoso bálsamo, lo cual, ayudó a fortalecer la portentosa esperanza en el Altísimo, quien todo lo puede.

Abrí al azar la gran obra en la página 725 y, tras una amena hojeada, comprendí que en los salmos 74 y 75, se encontraba esa respuesta que tanto necesitaba mi corazón en mi petición por Venezuela.

La impresionante lectura trataba sobre el poema de Asaf, donde se pedía la liberación del pueblo de Israel a manera de súplica nacional. El salmo fue compuesto cuando todavía estaba vivo el recuerdo de la destrucción de Jerusalén y de su templo, por las tropas de Nabucodonosor en el 587 a.C.

A los ojos del salmista los enemigos de Israel eran adversarios del Salvador, y mientras algunos insidiosos cantaban victoria en el santuario, otros frenéticamente colocaban banderas extranjeras sobre el portal haciéndose ver como victoriosos insurgentes.

Sin embargo, a pesar de los atropellos del displicente grupo revolucionario quienes se creían un batallón intocable, el Rey de Reyes aguardó pacientemente el momento oportuno para hacer triunfar la justicia finalmente.

Este llamamiento esperanzador, nos invita a consolidar nuestra convicción en momentos de abatimiento, pues, únicamente Dios, tomará muy pronto el control de la nación como lo ha hecho en diferentes momentos de la historia.

El Señor dice: “En el momento que yo escoja, juzgaré con toda rectitud. Cuando tiemble la tierra con todos sus habitantes, soy Yo quien mantendré firme sus bases.

“A los presumidos y malvados continuaba refiriendo: No sean tan altivos y orgullosos, no hagan tanto alarde de poder ni sean tan insolentes al hablar, pues el juicio no viene ni del este ni del oeste, ni del desierto ni de las montañas, el único juez será Dios, quien a unos humillará y a otros levantará”.

Cielo y tierra pasará, más tu palabra no pasará. Gloria a ti señor Jesús.

 

@danielovtsky|Escritor|dahlpahg@gmail.com

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