2 de Octubre de 2016

COLOMBIA|La paz está por verse

Hoy se decidirá si se acepta o rechaza el pacto firmado en Cartagena entre el presidente Juan Manuel Santos y Timochenko, jefe de las FARC, que pondría fin a un conflicto armado que ha causado 267.162 muertos en más  medio siglo, según el Centro de Memoria Histórica de Colombia.

De telón de fondo está la expectativa sobre impacto político que tendrá que la guerrilla más antigua del mundo quiera emular el éxito del chavismo en las urnas. La paz pone ante a un dilema a los colombianos

— ¿Tú vas a votar Sí o No?

— Votaré Sí.

— ¿Por qué?

— Porque es la única vez que veo una posibilidad real de cambio para una guerra sin sentido de más de 50 años. Sí, sabiendo que hay que tragarse cosas con las que uno no está de acuerdo.

— ¿Y tú?

— Por el No.

— ¿Por qué?

— La ofensiva mediática del gobierno puso a la gente ante un falso dilema, de guerra o paz. Aquí no hay guerra civil. Lo que hay es un grupo de bandidos apoyados por la izquierda internacional, que le han hecho mucho daño a Colombia y ahora quieren tener en sus manos el futuro de todos nosotros.

A diferencia de esos dos amigos, con los que estudié bachillerato, yo no podré votar en el plebiscito de este domingo porque hace 30 años me fui de Medellín y jamás presenté mi cédula de ciudadanía ante la Registraduría Nacional del Estado Civil, que no permitió inscripciones este año. El derecho a sufragar hoy lo tienen  34.985.000 colombianos y a mí me tocará esperar hasta mayo de 2018, día en que está prevista la primera vuelta de las presidenciales en las que se elegirá el sucesor del actual primer mandatario, Juan Manuel Santos.

Para ese momento, dentro de 20 meses, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia se habrán convertido en partido político y tendrán candidato. Al menos esa es la esperanza que alienta el Acuerdo Final de Paz firmado el pasado lunes 26 de septiembre entre Santos y el jefe máximo de esa guerrilla, Rodrigo Londoño Echeverry, alias Timoleón Jiménez o Timochenko, ante la mirada de 17 jefes de Estado y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

Favoritismo del Sí. Ni amigos ni familiares, y menos encuestadores y opinadores de oficio, ponen en duda el triunfo del Sí en el plebiscito en que los electores deberán responder afirmativa o negativamente a la pregunta “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”. Nadie lo duda, pese a que los últimos sondeos muestran una disminución de la opción del Sí, al destape de las iglesias cristianas a favor del No y a la insistencia de las huestes uribistas de que el pacto gestado en La Habana y sellado en Cartagena es una claudicación del gobierno nacional ante “el cartel de cocaína más grande del mundo” y ante “agentes del castrochavismo que quieren apoderarse del Palacio de Nariño” y repetir la historia reciente de Venezuela.

Pero aunque el anhelo de la mayoría de los colombianos es dejar atrás 52 años de conflicto armado con la guerrilla, que ha causado 267.162 muertos según el Centro de Memoria Histórica, el probable triunfo del Sí en las urnas no tiene a los colombianos unidos en la euforia. La polarización se ha agudizado. Hay quienes creen que el proceso refrendario, por la forma como se convocó y se elaboró la pregunta, lo que hizo fue profundizar la división entre los que están cansados de la violencia y quieren que se le dé una oportunidad a la paz y los que consideran que la guerrilla debió rendirse y pagar cárcel por sus delitos  de narcotráfico, asesinato, secuestro, toma de rehenes, desplazamiento forzoso y reclutamiento de niños.

Lo cierto es que el argumento de los negociadores parece irrebatible: la paz se negocia con los enemigos. El general Jorge Enrique Mora, ex comandante de las Fuerzas Militares, cercano al ex presidente Álvaro Uribe y un destacado oficial en la lucha contra las FARC, explica que la justicia especial (justicia transicional) que se les aplicará a los guerrilleros fue el camino “para poder llegar al fin del conflicto, que se concentren (en 27 territorios), que entreguen las armas, que se incorporen a la sociedad y la respeten, y hagan parte del sistema democrático al que le han declarado la guerra”.

Desconocimiento de fondo. Pero a pesar de que el Acuerdo Final es el tema principal en los medios de comunicación, donde se desarrolla una intensa  campaña institucional pública y privada para explicar la versión oficial de los alcances de lo que se firmó en La Habana, entre los colombianos predomina el desconocimiento sobre el contenido de lo pactado. A mediados de esta semana 38% de la población no tenía ni idea del acuerdo, según una encuesta de la revista Semana y de la cadena RCN.

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El sondeo también arrojó que, sorprendentemente, hay un mayor escepticismo entre los jóvenes: mientras que 3 de cada 6 personas mayores de 55 años de edad asegura que votará, menos de la mitad de quienes tienen entre 18 y 35 lo harán. De igual manera se señala que la campaña del No ha calado principalmente entre jóvenes menores de 25, a pesar de que la campaña del Sí se ha basado en un discurso de esperanza que debería motivarlos. A juicio de los analistas, ese escepticismo puede explicarse porque los jóvenes son quienes menos informados están sobre los acuerdos, por un lado, y porque la guerra no ha estado presente en buena parte de su vida, por el otro.

Uno de las mayores beneficiados con la incorporación a la actividad política sin armas es el propio Timochenko, sobre quien pesaban, entre otras cosas, 13 condenas a penas de prisión, que sumaban 448 años.

Pero Timochenko hizo algo que esperaban los colombianos y que los expertos creen que podría influir al final en un sector de los escépticos y reducir la abstención: pidió perdón a todas las víctimas del conflicto.

Detrás del tercer comandante que han  tenido las FARC desde su creación (los anteriores fueron Tirofijo y Alfonso Cano) gravita la figura de Hugo Chávez Frías, de quien se declara admirador y a quien le imita el puño en alto cada vez que aparece en un escenario. Al fallecido presidente lo conoció cuando a éste le quedaban pocos días de vida. Se reunieron tres veces, al parecer. Uno de esos encuentros ocurrió cuando las conversaciones de paz parecían irse a pique. En un centro médico (no se sabe si en Caracas o Cuba) hablaron desde las 8:00 pm hasta las 4:30 am del día siguiente. Al final de la reunión Chávez, enfermo y listo para una operación, le dijo una frase de Bolívar: “Para tener patria hay que tener vida, cuídese Timochenko”.

Venezuela, país garante en las negociaciones, y Chávez, como enlace inicial entre Santos y Timochenko, han sido temas recurrentes en la campaña refrendaria. Mientras Santos y Timochenko expresan agradecimiento por el acompañamiento del vecino país, los opositores al acuerdo piensan que el gobierno abrió las puertas al castrochavismo en Colombia. Después de firmado el acuerdo en Cartagena el ex presidente César Gaviria, entusiasta defensor del Sí, se expresó con ironía: “No creo que Timochenko esté pensando en convertir a Colombia al castrochavismo, cuando el castrochavismo está en sus últimos estertores”.

Los fusiles no callarán. En lo que hay unidad de criterios es en que un hipotético triunfo del Sí no solucionará al día siguiente los problemas del país ni callará los fusiles, porque aún estarán allí los guerrilleros del ELN, las bandas criminales (Bacrim) y el poder del narcotráfico. Sin embargo, enterrar el conflicto con la guerrilla más antigua del mundo, a la que se le calculan 15.000 combatientes y a la que se le atribuyen 24.482 secuestros, 3.899 asesinatos selectivos  y 343 masacres, podrá frenar una tradición de violencia que, como lo dice el cronista Germán Castro Caicedo, comenzó con lanzas y espadas, luego siguió con machetazos, puñaladas y motosierras, y más tarde con pistolas, ametralladoras y explosivos.

Hay quienes temen, y lo han denunciado, como el fiscal Néstor Humberto Martínez, que el ELN y otros grupos armados ilegales se están movilizando hacia el Pacífico y al nororiente de Colombia para ocupar los espacios que dejarán las FARC. Sin embargo, otros confían en que los elenos van a terminar negociando otro acuerdo de paz, para lo cual preparan una fase pública de conversaciones.

Guerrilla

¿Qué pasará con la política interna en Colombia? ¿Qué ocurrirá en el Congreso con la llegada inmediata de las FARC sin armas con 10 curules (5 senadores y 5 representantes a la Cámara)? Humberto de la Calle Lombana, figura principal  del gobierno en las negociaciones en La Habana, y desde ya presidenciable para 2018, tiene una respuesta en la que anticipa “una etapa de ideologización dura de la política radical”: “Las FARC no han desistido de sus propósitos. De lo que han desistido es del método de la violencia que era, justamente, de lo que se trataba en La Habana. Para que no ganen las FARC, tenemos que hacer una mejor política”.

Las palabras las reafirmó al diario El Tiempo Luis Jaime Nevado, guerrillero de 92 años de edad, del bloque 33 del Magdalena Medio: “Seguiremos siendo los mismos, solo que ya no utilizaremos las armas. La lucha por el poder sigue. La lucha por el poder no es de las FARC, ni el del nuevo movimiento que surja de este proceso. Es del pueblo”.

El abogado e investigador Juan Mario Cadavid Arboleda, experto en Derecho Penal y garantías ciudadanas, elabora el tema así: “Si las FARC llegan a crear un partido de oposición, que se pellizquen los partidos tradicionales, que nos pellizquemos los ciudadanos que no vamos con esas ideologías. Pero es mejor tenerlos a ellos en el escenario político, que en el escenario militar”.

Una frase del filósofo y ex candidato presidencial Antanas Mockus junta, al final, las dudas y las expectativas de lo que se juega hoy Colombia: “Prefiero apoyar la paz y equivocarme, que apoyar la guerra y acertar”.

Un espejo para Venezuela

El profesor universitario César Augusto Herón Trujillo no necesita apuntes para exponer cada uno de los episodios de violencia que ha vivido Colombia desde el siglo XVIII. En su opinión, el acuerdo de paz en Colombia es favorable para Venezuela desde el punto de vista territorial, porque una eventual inserción de la guerrilla en vida social y política hará innecesaria la utilización de la frontera como refugio o escape.

Está convencido de que con la paz la economía colombiana crecerá porque los recursos que se destinaban a la guerra ahora se dedicarán a infraestructura e inversión social, lo que va a tener impacto regional.

Durante la firma del acuerdo el máximo jefe de las FARC remarcó que la firma de la paz no significa que la guerrilla deja de lado su ideario, sino que ahora lo impulsará en la arena política. “No significa que el capitalismo y el socialismo comenzaron a sollozar reconciliados en brazos el uno del otro. Aquí nadie ha renunciado a sus ideas ni arrearon sus banderas derrotadas, hemos acordado que seguiremos confrontándolas abiertamente, en la arena política, sin violencia en un apoteósico esfuerzo por la reconciliación y el perdón”.

Este panorama podría suponer que Colombia se convierta en el nuevo laboratorio del socialismo en la región. Para Herón Trujillo no es posible. “El modelo venezolano no es atractivo para Colombia. Primero porque Venezuela copió el modelo cubano, que es un fracaso, y segundo porque se evidenció que en el tránsito del chavismo ha habido una disminución de libertades democráticas y, por el contrario, en la Colombia del posconflicto va a mejorar la participación política de la población”.

El abogado Cadavid Arboleda agrega que el acuerdo es un espejo en el que pueden mirarse los venezolanos en este momento de tensión política: “Para Venezuela es una garantía mayor tener de vecino a un estado social y de derecho que garantice esas condiciones, que no tenerlo”.

Los seis pasos del acuerdo

  1. Reforma rural:El Estado repartirá 10 millones de hectáreas a los campesinos, 6 millones de las cuales se dedicarán a la producción de alimentos.
  2. Participación Política:Se revisará el actual sistema electoral. En 2018 la organización política que funden las FARC tendrá 5 curules en el Senado y 5 en la Cámara de Representantes. Ello representa 3,7% de participación en un Congreso compuesto por 268 parlamentarios.
  3. Fin del conflicto:Cese el fuego, no más secuestros ni extorsiones, zonas de ubicación de los desmovilizados en 27 centros veredales, desminado humanitario.
  4. Solución al problema de drogas ilícitas:Programas de sustitución de cultivos de uso ilícito, estrategia contra el narcotráfico, entrega de las FARC de rutas de envío de drogas.
  5. Víctimas:Se creará una comisión de la verdad que investigará qué pasó y por qué, búsqueda de desaparecidos, reparación económica a las víctimas, se creará un tribunal especial para los guerrilleros que decidan someterse, si no se someten los juzgará la justicia penal donde podrían pagar la pena máxima en Colombia.
  6. Implementación:Refrendación de los acuerdos, verificación internacional (ONU, Corte Penal, Celac), implementación de los acuerdos con su respectivo presupuesto.

 

Wilfer Pulgarín|El Nacional

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