5 de Octubre de 2017

ASUNTO ECONÓMICO|El jugo de parchita

Hasta hace algunos años los representantes de la ciencia económica se consideraban una especie de ermitaños dentro del numeroso cúmulo de las ciencias sociales, debido en gran parte a que las sociedades tenían por sentado su existencia con parámetros bien establecidos y con fluctuaciones con bajo o muy poco impacto en el intercambio de bienes y servicios.

Las realidades cambiantes (a velocidades más que vertiginosas) han originado un interés inusitado por el ámbito económico, pues desde teorías, hasta postulados de cualquier índice son utilizados para justificar posturas, en menor nivel para explicar fenómenos, pero mucho menos para predecir eventos futuros.

Parte de lo que la sociedad requiere es obtener en un lenguaje sencillo las herramientas necesarias para poder aclarar y desarrollar criterios propios que igualmente le permitan tomar decisiones con mayor nivel de certidumbre al eliminar la mayor cantidad de distorsiones posibles.

En esta oportunidad colocaremos en contexto un mismo producto pero elaborado bajo dos procesos distintos, dicho producto es el jugo de parchita también conocida como maracuyá, fruta de la pasión o chinola; es un fruto bastante conocido en Latinoamérica y utilizado en una gran variedad de postres y comidas.

De la parchita se hace un jugo bastante refrescante que se puede consumir en dos presentaciones, una de ellas natural, casera o artesanal; mientras que la segunda es el resultado de un proceso industrializado, ahora bien ¿Cuál es una de las mayores diferencias? Sin duda alguna es la homogeneidad del producto; lo que precisamente será utilizado para dar a conocer la idea central de este artículo.

El primer caso da como resultado un líquido poco homogéneo el cual al reposar deja en evidencia una decantación en dos partes, una bastante densa y otra mucho más clara.

El segundo caso como se expresó anteriormente resulta de un proceso industrializado donde el producto es totalmente homogéneo y más agradable a la vista, sin embargo para lograr esto se debe emplear un estabilizante o emulsionante, que entre otras cosas hace que el mismo pierda su naturalidad, creando igualmente una falsa sensación de calidad del producto.

Ahora bien se preguntará ¿Qué tiene que ver lo anterior con la economía? Pues mucho y ya veremos los argumentos.

El primer caso es el equivalente a la llamada economía de mercado, es decir una economía donde el libre juego de oferta y demanda se encarga de la fijación de precios y la poca intervención del Estado permite una mejor y más adecuada relación entre los distintos sujetos económicos, esta interrelación inevitablemente segmenta el mercado y origina distintos estratos sociales que si bien no son tan atractivos a la “vista” son más fáciles de analizar, tratar y mejorar sus condiciones; todo dentro de su ámbito y limitaciones.

El segundo caso es comparable con sistemas comunistas, marcados por excesiva intervención del Estado, el mismo siempre promete una “igualdad” social fomentando la lucha de clases; sin embargo al igual que el jugo artificial, requiere para la consecución de tales fines el uso excesivo y continuado de aditivos artificiales para crear esa sensación de igualdad.

En concordancia con lo anterior vale destacar que el consumo excesivo y prolongado de tales sustancias puede originar en los seres humanos diversas enfermedades y padecimientos, entre los más comunes se asocian afecciones coronarias, fallas renales y dificultades respiratorias; mientras que en los niños se asocian a hiperactividad y déficit de atención, lo que aplicado a la analogía planteada puede explicar porqué los sistemas de corte totalitario comunista crean una especie de nuevas generaciones neófitas y con poca capacidad de razonamiento, individuos que aceptan como verdad lo único que han conocido y a los cuales (salvo intervención familiar) se les cercena su derecho a la independencia y libre pensamiento.

Por esto estimado lector cada vez que tenga la oportunidad de elegir entre lo natural y lo artificial, piense que no todo lo que se vende como la mejor versión de un producto realmente lo es, y quizá usted este pagando por consumir un artículo que a largo plazo puede traer consecuencias nefastas para su vida; y si consideramos lo expresado por el colega y muy estimado profesor Rafael Romero “la economía es la ciencia de la vida” usted podrá sacar sus propias conclusiones.

 

Aníbal Araque|@econ_araque|Economista|Perito|Asesor

economia-integral@hotmail.com

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