18 de Agosto de 2017

ANA MARÍA OSORIO|Combate de fuerzas frente a tácticas electorales

Fuerzas políticas se enfrentan de camino a un evento electoral con las estrategias tradicionales de propaganda negra en la que dividen al adversario y generan sofismas para imponer un retrato “propio” sobre cada hecho, desacreditando al contrario. Mientras esto ocurre, el ciudadano se confunde y debate entre la decisión de participar en unas eventuales elecciones regionales, abstenerse o dudar con respecto a la investidura de los actores políticos (si son traidores, confiables o ambiguos). Sin duda, el arte de la persuasión a las masas por medio del discurso y la palabra como bien refería Aristóteles “La Retórica” toma ventaja en las fuerzas oficialistas y desmenuzan las fuerzas opositoras, quienes “ingenuamente” hacen eco y debilitan su “Unidad”.

En una campaña electoral las tácticas deben ser orientadas en función del objetivo a alcanzar, abarca desde la promoción política del “candidato”, el discurso (¿qué ofrece?, ¿cómo pide el voto?, ¿con cuáles temas se identifica?), el partido político o fuerzas políticas que le respaldan, la ingeniería y organización electoral (cómo obtener más votos y restarle al adversario), y en suma un plan donde todo este engranado y prime un estilo; esto sería el deber ser; sin embargo, en la política venezolana actual solo prima la descalificación, los distractores y la fractura de las fuerzas adversas para lograr mantenerse a flote en una campaña electoral.

El próximo “posible” evento electoral se enmarca bajo dos fuerzas; 1) la oficialista que aplica la táctica de la “oferta electoral” en la que se intercambia una dádiva por un voto y la manipulación discursiva en la que compromete al ciudadano “bajo la premisa de gratificación” con el voto para acceder a un programa social, así como eventos distractores de la realidad social que pasan del problema de precariedad y deterioro social a “terrorismo e intervención militar”, bajo la estrategia de la “Espiral de Silencio” y que además impone el tema que se habla a través de la construcción de la “Agenda Setting”; 2) la oposición que bajo la premisa del “descontento” orienta sus tácticas hacia el voto “en contra de”, y a la par trabaja en la desacreditación de sus contendientes internos (“aliados” de la MUD) para ganar ser el abanderado de la Unidad; olvidando que en campaña es esencial la “credibilidad” y más allá de los errores de los sectores adversos deben ofrecer algo que motive el voto espontáneo y genere aceptación. De allí surgen las incongruencias simbólicas de la oposición, en la que el ciudadano se confunde y el mensaje se diluye. Estas acciones hacen mucho daño a los sectores de oposición, quienes en la ambición del poder son capaces de atentan contra los propios, fracturar la ingeniería electoral y promover la abstención para mantener “vivo” su discurso.

El ciudadano es ahora quien tiene la fuerza para decidir el destino de las regiones a través de su voto con una mirada crítica de actores, en la que logre desenmascarar el origen de las “ideas” que se fortalecen en la opinión pública. Es por ello, que las campañas electorales deben considerar el contexto, las preferencias partidistas del electorado, el conocimiento de los candidatos, nivel de bienestar del ciudadano, las necesidades, expectativas e inconformidades de la población para orientar las tácticas y sobre todo la “promesa” que permita conectar al candidato con el electoral; todo ello, sin olvidar las herramientas que ofrece la inteligencia política, la ingeniería electoral y el benchmarking.

Sin duda, la campaña electoral debe ser redefinida en este tablero político, tomando en cuenta que el voto es emocional no racional; además de que se deben leer acertadamente los cambios de humor de la opinión pública, considerando que es ella quien juzga al candidato y permite ubicarlo en la mente del elector otorgándole un posicionamiento (a favor o en contra). Por ello, además de las llamadas “fuerzas políticas”, se debe crear una imagen del candidato capaz de delinear sus características, atributos y bondades, las cuales debe proyectar, para que acordes con las expectativas del electorado puedan ser compradas generando así el tan anhelado respaldo popular y la intención del voto. Además de ello, se debe definir una estrategia y las tácticas con congruencia simbólica (imagen, slogan, partidos), discursiva y práctica. El éxito está en conjugar de manera armónica los elementos y herramientas del marketing político con las estrategias electorales.

 

@osorioanamaria|osoriooanamaria@gmail.com|@marketingpolitico.amo

Periodista|Análisis del discurso|Marketing político|Locutora

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