26 de Mayo de 2018

ALFONSO HERNÁNDEZ|Poder sin legitimidad

A propósito del proceso electoral celebrado en Venezuela, el pasado domingo 20 de mayo, ante un universo de 20 millones 527 mil 571 de electores inscritos en el padrón electoral, con  un total de votos válidos de 8 millones 603 mil 336 y una abstención del 53,95 % en donde el candidato Nicolás Maduro obtuvo 5 millones 823 mil 728 de votos; el aspirante Henri Falcón, 1 millón 820 mil 552; Javier Bertucci, 925 mil 042; y  Reinaldo José Quijada, 34 mil 614 votos.

Determinándose, que el candidato vencedor obtuvo menos del 30 % del apoyo popular, es decir 14 millones 703 mil 843 electores no votaron a favor del actual mandatario reelecto en Venezuela, representado en más del 70% de tal manera que si en el país se implementara el voto en blanco, tal como funciona en Colombia, como mecanismo en el que los ciudadanos de un país dan a conocer su inconformidad frente a los candidatos que se están postulando a las elecciones, tal como lo define la sentencia C-490 de 2011 de la Corte Constitucional, “Una expresión política de disentimiento, abstención o inconformidad, con efectos políticos”. Según la ley, en caso de que gane el voto en blanco, no por mayoría simple sino absoluta (es decir, 50% más 1), las elecciones deberán repetirse, pero los candidatos no pueden ser los mismos.

Ciertamente, la abstención fue la triunfadora en las elecciones presidenciales, marcada por el desinterés de los electores hacia los candidatos que se hicieron llamar “opositores” al gobierno y el alto rechazo a la nefasta gestión de Nicolás Maduro, sin embargo aunque los partidos agrupados en la MUD propiciaron el boicot de las elecciones y llamaron a la abstención, considero que no pueden adjudicarse una victoria para ellos, ya que la decepción del electorado hacia la clase política también los incluye, ya que como planteara Fernando Miires docente e investigador en Ciencias Políticas de la Universidad de Oldenburg, Alemania, “la MUD eligió la alternativa más deseada por Maduro, “ya que los partidos de la MUD no estaban en condiciones de lograr consenso en torno a un candidato único”, en tal sentido la declaración del Grupo de Lima no habría sido más que una coartada que permitió a la  MUD disimular su falta de cohesión interna.

El planteamiento de Mires es muy objetivo, asunto que comparto y he planteado en artículos anteriores, al afirmar, que la  MUD ha cometido un acto de enorme irresponsabilidad, a saber, el de subordinar la suerte de toda una nación a sus intereses partidarios. No hay en efecto ninguna contradicción entre participar en elecciones y solicitar y recibir apoyo externo. Todo lo contrario, sin elecciones, la comunidad internacional no tiene a nada que apoyar. Lo cierto fue que al decidir no acudir a las elecciones, la MUD rompió con su línea electoral sin ofrecer ninguna otra alternativa.

Lo cierto es, que el sistema electoral venezolano, adjudicó a Nicolás Maduro como Presidente, el ventajismo electoral fue grotescamente vergonzoso al evidenciarse el uso y provecho de los bienes y finanzas del Estado para beneficiar al candidato del gobierno, el voto asistido se impuso nuevamente en las urnas como estrategia indecente para manipular y coaccionar a los empleados públicos y a los beneficiarios de las prebendas que ofrece el populismo gubernamental, permitiendo que una minoría, con el apoyo irrestricto del Generalato de las Fuerzas Armadas, sigan volviendo añicos los vestigios de democracia y saqueando las arcas de la nación para sus intereses particulares y partidistas, en palabras de Simón García “El régimen está acelerando su mutación del autoritarismo al totalitarismo”.

En sintonía con lo planteado por Mires, coincido que ha llegado la hora en la que los políticos democráticos de Venezuela deberán saltar sobre sus propias sombras, aunado a las advertencias del Observatorio Electoral Nacional: “cada elección es más restrictiva que la anterior”, considerando las elecciones de mayo, como la última coyuntura electoral, antes de consolidar el modelo comunista cubano, con un dictador camuflado de demócrata, que carece de argumentos, de apoyo de las mayorías, que aunque tiene poder, carece de legitimidad.

 

@AlfonsoZulia|Politólogo|Abogado|dialogopublico@gmail.com

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