25 de Diciembre de 2017

ALEXIS ANDARCIA|From the bottom of my heart

Desde el fondo de mi corazón. Yo te deseo un feliz navidad. Traduce una conocida canción, ícono de la festividad por el nacimiento de Jesús.

Entre lo que va del día 23 y 24 de diciembre, dos apagones de 12 y 8 horas literalmente ensombrecieron la acostumbrada celebración, en el Zulia.

Tuve la sensación de estar en presencia de un acto de crueldad contra la población.

Abrumado por tanta realidad, me sedujo esa especie de teoría de la conspiración que un segmento opositor maneja, como causal de todo este descalabro.

Sin embargo, el privilegio de poder contar con información precisa acerca del problema con la electricidad (la caída de una de las dos líneas sublacustre) fue modelando y racionalizando la perspectiva. Como siempre, la ineficiencia e incapacidad recurrentes, convertidas ya en una enfermedad.

Entonces, concluí, es un acto de maldad no reconocer el fracaso y, por ambición, tratar de mantenerse en el poder, sobre los escombros de un país y la miseria de sus ciudadanos.

Desde la ventana, el black out eléctrico de Maracaibo era tan impresionante como humillante y aterrador. Una negación de la alegría que desató algunos gritos a viva voz: “me cago en el comandante eterno” “Váyanse a la mierda chavistas malditos”.

Los niños seguían jugando. Pero, al pasar las horas, la cercanía del momento para el tradicional regalo, comenzó a inquietarlos. Así son ellos, natural y bellamente interesados y pragmáticos.

Como familia, conservadora y tradicional, intentamos mantener los rituales: cenar, cantar, reír, recordar anécdotas, inventariar, repetir chistes y proyectar.

Esta vez, con velas y luces led de celulares.

Allá, sé que mi sobrino evalúa el escenario y la pertinencia de continuar viajando a un país en esta situación. Más acá, una prima chavista pesca argumentos para intentar explicarse. A mi derecha, un resobrino acaricia emigrar.

Alguien agradece y bendice. Amén.

De regreso a casa. Sin semáforos. La gente quema basura. Algunos cohetes y canciones peleándose el dominio de las ondas y la preferencia de mi oído…”yo tengo una vecinita…los caminos de la vida…feliz navidad…ven a mi casa…los patinadores…corre caballito….”

La oscuridad hace más pobre la pobreza y miserable a los miserables.

Soy responsable tanto de lo que hago como por lo que dejo de hacer ¿Habré hecho suficiente? Es evidente que estamos peor y empeorando. Que colapsa nuestra capacidad de respuesta. Mantener la calma es una proeza. No llorar, enferma. Por eso, escribo.

En mi afán por mantenerme equilibrado, abrazo a mis niñas…” No sepas lo que pasa” recuerdo las Nanas de la Cebolla de Miguel Hernández (últimamente me ha dado por citarlo). Este año, debe haber algo más que los sentidos para desear “feliz navidad”. La única manera que encuentro es hacerlo DESDE EL FONDO DE MI CORAZON.

 

Periodista

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