6 de Enero de 2018

ALEXIS ANDARCIA|Entre Hausmann y el demócrata providencial

En estos días, Ricardo Hausmann, un economista con tantos títulos que no cabría nombrar en este espacio, hizo estallar las redes y círculos políticos, con un artículo “El día D para Venezuela”.

Allí, en resumen, plantea una salida para la situación del país, a través de un acto de la Asamblea Nacional, destituyendo a Nicolás Maduro, nombrando un nuevo gobierno y solicitando asistencia militar internacional, como apoyo.
Opositores de la vía electoral, enfilaron contra los de la tesis Hausmann y opositores de la tesis Hausmann, contra los primeros. Los adjetivos “intervencionistas” y “lacayos” hacia un lado…”ilusos” y “colaboracionistas” hacia el otro.

En la calle, no hay intervencionistas ni colaboracionistas. Hay hambre y miseria, desolación y destrucción de la convivencia.

“Las bolsas de basura ya no la rompen los perros, sino la gente”.

Ni electoral ni intervencionista es la solución para el ciudadano común, tan alejado como defraudado de “lo político”; emigrar, es hoy el partido mayoritario.
El régimen recurre a lo de siempre: mostrar que tiene apoyo militar y no le importa si es mayoría o no. Aumenta salarios y crea bonos a ser pagados con dinero devaluado,  la ilusión de diálogo y elecciones.

A estas alturas ¿Podemos apostar a un evento electoral sin un CNE renovado y sin garantías? ¿Podemos hacer respetar la decisión ciudadana sin apoyo internacional? ¿Son esas Fuerzas Armadas nuestra reserva soberana?

Indudablemente, todas estas interrogantes tienen respuestas negativas. En tal sentido, de la propuesta Hausmann no me escandalizo. El hecho de que surja como propuesta, indica la gravedad de nuestra situación.

Es mi opinión que la conveniente vía electoral, sin apoyo internacional es inviable; tan imposible como “por ahora” una intervención militar.

Acudir a la vía electoral, sin lograr un compromiso de origen irrevocable, producto  de una acción internacional  es, definitivamente, continuar el suicidio. Si no tenemos los aliados internos para forzar ese escenario, requerimos el apoyo internacional.
¡Ojalá, no tengamos que pedirla desde campos de refugiados…!

El que enfrentamos es un régimen lleno de vilezas; brutal en su capacidad de valerse de las necesidades humanas para mantenerse en el poder. Ofrecer dinero y comida por el voto es degradar al ser y desprecio por la civilidad.

La democracia se realiza y subsume en la capacidad de someterse a la opinión y voluntad ciudadana. Ese camino ha sido minado, distorsionado y trucado. Mantenerse allí requiere de fuerzas de las cuales carecemos internamente. Esa realidad no amerita discusión.

La democracia no es un ente providencial, que se hace presente con solo invocarla, como acto de fe “yo soy demócrata”. La democracia es una construcción, un aprendizaje que ha costado muchas vidas.

Los venezolanos iniciamos ese camino en el año 1936; fuerzas retrógradas han intervenido para socavar su implantación definitiva, no en pocas ocasiones con apoyo del llamado “pueblo”, intelectuales y de grupos de poder. Al final, siempre regresamos a ella, pues sigue siendo lo mejor que hemos inventado para tener acceso y convivir.

La democracia, como proceso civilizatorio es, desde hace tiempo, un asunto de interés internacional. En realidad, Hausmann no está inventando nada. El que podamos resolverlo de otra manera, es cuestión de tiempo y no invalida su propuesta. En fin, que una cosa sabemos con certeza: esto puede ser todavía peor.

 

Periodista

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