6 de Febrero de 2018

ALEXIS ANDARCIA|De la mosca Tse Tse a Nicolas Maduro…

Se pueden recordar una y otra vez los horrores cometidos por el hombre, a lo largo de la historia, en su ambición  de poder. Innumerables guerras, genocidios, destrucción de ciudades y obras de arte, desaparición  de etnias y desplazamientos forzados de población. Podemos, igualmente, establecer el perfil de quienes llevaron a cabo tales atrocidades e incluso, otorgarles un contexto explicativo.

Adolfo Hitler, José Stalin, Amin, Hussein, Gadaffi, Videla, Fidel, Pinochet, son una competencia desleal con la mosca Tse Tse, el Anofeles o las ratas, trasmisores de enfermedades mortales que mataron y siguen matando millones de personas en el mundo.

Los “porqué ” de la naturaleza, han sido y continúan siendo producto de estudio por parte de la ciencia. Desde la imprudencia humana hasta la selección  natural, son teorías  para su tratamiento. La patología de la naturaleza tiene sus propios laboratorios.

La patología humana societal, en cambio, es de nuestra entera responsabilidad. Nuestra incumbencia civilizatoria. Una continua insistencia, para erradicar la muerte, por acción u omisión, propia. Nuestro exterminio, hasta ahora, nos pertenece.

Ideologías  políticas, religiosas, racistas, sexistas, son creaciones humanas que, quizás  buscando agua, encontraron petróleo,  pero murieron  de sed…parafraseando a Facundo Cabral.

Desde Freud, Jung, Fromm, Arendt. Pasando por Shakespeare. La patología  humana  ha tratado de ser expuesta, explicada. Desde el trauma, la genética  y la cultura.

¿Qué  lleva a un ser humano, de manera calculada y sistemática,  a realizar una acción  de exterminio sobre otros seres?

¿Qué  subyace en la personalidad de un líder o grupo, para cegarse ante la tragedia de cientos, miles o millones de personas?

Para no ver o ser indiferente ante la miseria, el hambre, el dolor del “otro”. Ante el deterioro de un país. La deshumanización. El fracaso de una política  o un sistema de ideas.

¿Qué  cierra la posibilidad de cambiar?

El poder, indudablemente.  Pero, por la Sicología sabemos que, detrás  de ello, habita el miedo. Esa inestabilidad personal que se agrupa para protegerse. Se arma para responder, cobrando vidas, muchas veces.

La historia no se repite, en términos  de espacio-tiempo, pero los seres humanos sí; sobre todo, en sus falencias y errores.

Venezuela  lleva dieciocho años retrocediendo;  aceleradamente,  desde diez años para acá; los últimos  seis, irremediablemente. Una élite  dominante, con estadísticas y realidad en frente, se aferra al poder, destruyendo progresivamente  la calidad de vida de los ciudadanos.

Nicolás  Maduro, un presidente cuyo fracaso sólo es del tamaño de su ineptitud, baila y hace chistes, en cadena nacional. Frente al televisor, en las calles, los barrios, las fronteras, millones de venezolanos padecen su ejercicio de “gobierno”. Es responsable de la muerte física y espiritual de sus coterráneos.

¿Por qué  alguien que tiene el 80% de rechazo de la población se atreve a lanzar su candidatura para otro período?

Usted dirá  “porque considera que lo ha hecho bien”, con lo cual asumo  que no toma en cuenta otra realidad que no sea la propia. Otro aducirá “porque está loco”; alguien más “por el poder”.

En mi criterio, todas se subsumen en mantener el poder que, por supuesto, es miedo a perderlo.

Hay mucho de locura en eso del poder. Una actitud delirante y desafiante como la de Nicolás  Maduro, sólo  puede explicarse por dos vías: desquiciamiento o percepción  de tener el control, por lo menos de la eventualidad más próxima que atenta dicho poder: las elecciones.

El laboratorio humano se ha esforzado en conseguir la cura a este tipo de patología. La Democracia  y el Arte, son lo mejor que ha producido.

A la mosca Tse Tse no puede aplicársele, es made in naturaleza. Maduro  es made in Cuba.

 

Periodista

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