7 de Febrero de 2018

ALBERT SOTO ¿Éramos felices y no lo sabíamos?

“Éramos felices y no lo sabíamos” se escucha a diario en las calles de Caracas, y puedo asegurar que en todo el país. Es increíble que sea utilizada esa frase para recordar un periodo que fue gobernado por el chavismo en su mejor momento. Que mayor contradicción.

De efímera memoria y poco conocimiento se desenvuelve la sociedad venezolana. Añorando tiempos que poseían vicios estructurales, hoy manifestados de manera grosera, no solo por quienes gobiernan si no por quienes aspiran derrocarlos; dejando la esperanza de una solución, en manos de la suerte y lo extranjero.

Es irritante escuchar a jóvenes de mi generación manifestar que en un tiempo anterior eran felices, cuando la realidad es que no conocemos algo más que este “socialismo de siglo XXI”, porque –en mi caso- desde el 93 en adelante no lo podemos considerar una buena etapa. Y de haber vivido la mal llamada “4ta”, tampoco añoraría esos tiempos llenos de populismo y avances a medias.

Notoria es la crisis multisectorial que atraviesa Venezuela, pero lo que parece ser invisible a los ojos de los ciudadanos es su propio comportamiento. Suelen referirse a sus infinitos derechos pero jamás de sus deberes y responsabilidades; expresan la grandeza de su país pero son incapaces de ver las profundas debilidades que este posee, y quien diga lo contrario es devorado por los intelectuales de Wikipedia.

Las acciones del Gobierno son preocupantes pero no sorpresivas, siguen claramente su modelo totalitario y manipulador. Lo que enciende las alarmas es la pasividad con la que dirigentes hablan de esas acciones. Ya se volvió cotidiano escucharlos quejar,  sin dar una propuesta concreta, y la única que ha aparecido es la de un candidato unitario que debe representar a la “Unidad” en unas elecciones adelantadas que no cumplen con las garantías electorales.

No hay una estrategia coherente por parte de la Mesa de la Unidad, siguen aplicando el “mientras vaya viniendo vamos viendo”, ejercido a lo largo de la historia venezolana por los políticos, que no son lo suficientemente capaces de establecer una ruta que beneficie a la mayoría y no a la nueva elite que ellos quieren crear al alcanzar el poder.

Se me hace imposible ver como acabaran con el comunismo los opositores de izquierda del país. Aunque desprecie la dicotomía de hace varios siglos, es necesario utilizarla para que se entienda lo irónico del asunto.

Nosotros como jóvenes no debemos seguir cometiendo esos errores demagógicos y macolleros del pasado. Nuestra historia nos ha demostrado su peligro y vivimos sus consecuencias en estos instantes. Si, existen políticas rescatables del pasado, pero pocas adecuadas para el momento que vivimos. Estamos ansiosos por pertenecer al primer mundo a cualquier costo, que en la medida que perseguimos el objetivo, nos olvidamos de quienes somos realmente y ¿cómo avanza una sociedad que no se conoce a si misma?

No, no extraño a la Venezuela de antes, deseo construir una nueva. Una Venezuela llena de progreso y buenas costumbres; de patriotas dispuestos a luchar incansablemente por su país; de mujeres y hombres dispuestos a trabajar y a no vivir del Estado; y de ciudadanos capaces de abandonar los vicios del pasado para levantar una nación democrática encaminada al desarrollo .  Esa es la Venezuela que debemos perseguir.

 

Albertsoto76@gmail.com|Periodista|dirigente juvenil

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